viernes, 26 de septiembre de 2014

Crisanto y Daria.

En 2008 unos restauradores de edificios estaban trabajando en una iglesia de Reggio Emilia,en el norte de Italia. En un relicario encontraron los huesos de los esqueletos casi completos atribuidos a los mártires cristianos Crisanto y Daría.
Se supone que son ellos porque uno de ellos pertenece a una mujer de unos 20 años, con la pelvis ancha, como todos los esqueletos de chica y un mentón puntiagudo. El esqueleto del supuesto Crisanto parece pertenecer al de un muchacho muy al final de su adolescencia, de unos 17 o 18 años. Son de clase alta porque un análisis de elementos químicos muesta trazas de plomo, y las únicas domus con cañerías de plomo son las de los patricios ricos.

La leyenda:

"Este chico tiene malas compañías", debió pensar alarmado el padre de Crisanto, un senador, cuando su hijo mostró en casa pruebas de haber sido convertido al cristianismo.
El paterfamilias decidió que al muchacho se le caldearía mejor la sangre si probaba el amor carnal y movió sus hilos y recordó favores al emperador para que Crisanto pudiese casarse con Daría, una sacerdotisa de Vesta.
El problema es que Crisanto convirtió a la vestal Daría. Hicieron un pacto. Se mantendrían célibes y tratarían de convertir a más gente.
El emperador se lo tomó como algo personal. "En la Antigua Roma política y religión están intimamente relacionados. Si los sacerdotes y las vestales no cumplen adecuadamente los ritos y hacen lo que se espera de ellos, los soldados empezarán a perder batallas contra los barbaros y estallará el caos en las ciudades. En 283 sólo había seis vestales en Roa. Perder a Daría a manos de una religión exótica del Mediterráneo Oriental era más de lo que el Imperio se podía permitir", me dice un historiador.
El emperador castigó a Daría enviándola a un burdel pero Dios envió a una leona para intimidar a los clientes. La mazmorra donde Crisanto fue encerrado se convirtió en un jardín. Harto de estos desafíos por parte de una divinidad que no se plegaba a las necesidades del Imperio Romano, el emperador ordenó que los dos amantes cristianos fueran enterrados vivos.

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