martes, 14 de octubre de 2014

Gare Shore nos acerca al Drácula histórico.

Generalmente, cuando pensamos en Drácula, nos trasladamos al Londres victoriano, donde la gente tiene miedo de la oscuridad, de los habitantes de la Europa eslava y de ser enterrados vivos. En realidad, el director de cine Gare Shore ha buceado más atrás en la leyenda. Nos ha llevado al duro y cruel final de la Edad Media.
En DRÁCULA. LA LEYENDA JAMÁS CONTADA se nos lleva a la premisa de que Vlad III, príncipe de Valaquia en tres ocasiones, en realidad tenía un alma noble, ensuciada por las contaminaciones inevitables del poder.
"En realidad, esta película es un híbrido. No queríamos hacer un simple film de terror gótico, aunque los elementos del cine clásico asociado con los vampiros no están ausentes de la cinta. Tampoco queríamos hacer una película de cine histórico aunque todo lo narrado sobre la lucha contra los otomanos y los húngaros es cierto", me dice Shore.

EL PERSONAJE:

Tepes es hijo de Vlad II, príncipe y jefe militar del reino de Valaquia. Su padre es mienbro de la Orden del Dragon (Dracu, en el dialecto local). Los distintivos exteriores de tal orden militar es una capa negra con la parte interior de terciopelo rojo. Como la que levaron los Dráculas del cine de Hollywood posteriores.
Vlad II es asesinado por orden del rey de Hungría, Matías Corvino. Sus tres hijos sufren las consecuencias. Mircea Tepes es cegado y enterrado vivo por los boyardos locales. Rado y Vlad son enviados como rehenes a Constantinopla.
Los dos hermanos prisioneros son bien tratados por el sultán Mehmet II. Se dice que Radu Tepes y él mantuvieron relaciones homosexuales, aunque no se ha probado. De todas maneras, en el sensual serrallo de la Súblime Puerta, entre los lujos propios de una jaula dorada, todo es posible.
Vlad se entretenía tirando animalitos por la ventana de su habitación. Es una afición que compatiría un siglo después un joven zar de Rusia llamado Iván el Terrible.
Colocado como príncipe de Valaquia se dedica a quitar al poder a los boyardos. Reune a los más prominentes en una fiesta y les pregunta con tono meloso, como el de quien sólo trata de ser un buen anfitrión cuántos voidodas recuerdan. Los boyardos no se ponen de acuerdo en la cifra. "Claro."- concluye Tepes. "No os acordaís porque les habéis concedido el poder y destruído a vuestro capricho".
Los hombres son enviados a construir a marchas forzadas, con sus ropas lujosas, una fortaleza. Las mujeres y los niños son empalados, un castigo consistente en incrustar en el ano una estaca de 3,50 metros,
Otras de las víctimas preferidad de Vlad III son los pobres. Como considera que son improductivos, los mata allí donde se los encuentra. Cuando la guerra contra los otomanos es inminente, obliga a los gitanos a engrosar sus fuerzas. La alternativa es ser asados vivos.
Valaquia es un reino apetecido tanto por los católicos de Matías Corvino como por los otomanos. Tepes tiene que luchar por sobrevivir, y la crueldad es un instrmento más en esta lucha. "Si les aterras lo suficiente, se lo pensarán dos veces antes que traicionarte", nos diría si viviera.
Tepes empala a todos sus prisioneros de guerra, a los colonos sajones que no le pagan tributo o se niegan a vender sus productos en Valaquia, desgarra el vientre a una amante que aseguró falsamente estár embarazada de él, y clava los gorros a la cabeza de unos embaladores turcos que no se los quitaron como señal de respeto en su presencia. Todo brutal, sangriento, pero en absoluto gratuito.
De su muerte hay tres versiones. Una dice que murió a manos de su Guardia Personal, hartos de la presión de jugarse la vida a causa de los arranques imprevisibles de Vlad Tepes cada vez que lo tenian cerca. Otra dice que cayó a manos de los boyardos en una emboscada. Y otra que fue hecho prisioneros por los hombres de Mehmet II, escapó disfrazado de soldado turco y matado de un lanzazo por error por su propia Guardia. El hecho histórico contrastado es que el sultán Metmet II recibió la cabeza de Vlad conservada en un tarro de miel.
Se suponía a Vlad Tepes enterrado en el cementerio de Snagov, pero los monjes debieron considerar que un hombre que había gobernado a sangre y fuego y para el que el fin justificaba los medios no merecía descansar en un monasterio cristiano. Cuando se abrió la tumba, en pleno soiglo XX, solo se encontraron los restos de un perro.

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