martes, 30 de agosto de 2016

John Wayne, el rey del western.

No tiene el prestigio de Marlon Brando, pero el público lo adoraba. Una nueva biografía arroja luz sobre este símbolo de América, que, además de maenjar un rifle como nadie, era un gran jugador de ajedrez, experto en arte oriental y tan valiente en la ficción como  en la vida real. Te lo cuento.

Se llamaba en realidad Marion Robert Morrison. Llegó al mundo del cine por casualidad. Estaba estudiando Derecho en la Universidad del Sur de California con una beca deportiva. Para que los deportistas pudieran conseguir algún dinero de bolsillo, el entrenador Howard Johns les recomendaba a los estudios como tramoyistas.
Estaba Morrison trabajando como tercer ayudante de atrezzo cuando el director John Ford se fijó en aquel muchachote procedente de una granja de Iowa.

-¿En qué posición juegas?- le preguntó.

-Soy defensa.

-Yo también lo era.¿Crees que podrías sacarme? (empujar agachado en el fútbol americano).

-Sí; podría.

Los dos se acuclillaron, uno de 32 años, frente al otro de apenas 21, con sus 90 kilos y 1,93 m de altura. Ford no consiguió mover a Morrison ni un milímetro. Propuso al muchacho otro reto. Le pidió que lo placara. El joven lo hizo, y, de propina, lo pateó en el pecho ( con una maniobra un tanto marrullera). Hubo un silencio sepulcral en el plató de la película !MADRE MÍA!. Los estallidos de ira de John Ford eran temibles. Por suerte, el director se lo tomó con deportividad y se limitó a decir:

-Ya hemos hecho bastante el indio por hoy. Tenemos trabajo que hacer. 

John Ford y John Wayne se hicieron amigos a resultas de aquella anécdota y rodaron juntos 20 películas como LA DILIGENCIA, CENTAUROS DEL DESIERTO, RÍO GRANDE, LA LEGIÓN INVENCIBLE, EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE o FORT APACHE.
En 1930 a Jonh Wayne le surgió la oportunidad de protagonizar LA GRAN JORNADA, de Raoul Walsh. Las críticas  fueron buenas, pero no convencieron de ir a ver esa película al público. Wayne se pasó una década haciendo películas de clase B.
En 1939 John Ford le comunica que está a punto de rodar un proyecto llamado LA DILIGENCIA. Los estudios quieren a Gary Cooper para el papel de Ringo Kid, pero Ford dice que Wayne, a pesar de ser una cara desconocida, es su apuesta.
Wayne (Duke para los amigos) hace una aparición espectacular a principios de la película haciendo girar un rifle Winchester del 73 como si fuera un arma de cañón corto. Wayne podía hacerlo pero sus dedos no cabían en el gatillo de un Winchester. Así que los estudios fabricaron uno especial para esa escena.
LA DILIGENCIA ganó dos Oscar, lo suficiente para consagrar a John Wayne, si comprendemos que tenía que competir con LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.
"Wayne es un simbolo de América" explica Scott Eyman en su libro JOHN WAYNE. LA VIDA Y LA LEYENDA "Es algo más que una estrella de cine. Está asociado con Amèrica misma, incluso si se trata de una Amèrica ya desaparecida".
"El vaquero de voz cautivadora y andares cadenciosos es un símbolo. En eso coincidimos todos. Muchos consideran que no eran un gran actor. Otros creen que sí. A los que salen con el tópico de que era monolítico y estereotipado les recomiendo que vean CENTAUROS DEL DESIERTO. Lo hace todo con la mirada", afirma Juan Tejero, autor de JONH WAYNE, EL VAQUERO QUE CONQUISTO HOLLYWOOD. "Le hacía tan especial que el público lo quiso. ¿Cómo lo logró? Siendo él mismo un tipo honesto, caballeroso con las mujeres, buen amigo, trabajador, grande, fuerte, bebedor y fumador. No es suficiente que un actor diga las frases. Al público le tiene que llegar algo más que no puede crear un director, la cualidad de ser un hombre real.
Jonh Ford lo explicaba así: "En todas las películas hay un día en que las cosas no funcionan. Y cuando no van bien es ideal tener a un hombre como Duke. Recorrerá medio valle para decirle al segundo operador de cámara que vamos a hacer otra toma. Casi nunca pide a otro algo que pueda hacer él".
Marion Robert Morrison nació en Winterset en 1907. Era hijo de un empleado de farmacia y de un ama de casa que abandonó a la familia y se llevó a su hermano mayor. Era un buen estudiante, popular y trabajador, a pesar de unas ocasionales burlas a causa de lo equívoco de su nombre de pila. Cuando el padre compró una granja, Marion aprendió algunas de las habilidades que utilizaría como actor: ayudaba en las tareas, disparaba contra las serpientes de cascabel y recorría un largo camino hasta la escuela en una vieja yegua.
En 1950 ya era el rey del genero del western. Pero en 1961 implicó su fortuna personal en un proyecto de superproducción acerca de la lucha de los texanos contra el general Santa Ana en EL ÁLAMO, que casi destruye su reputación y su economía. Pero se recuperó con los ingresos de sus otras películas.
En 1964 le extirparon el pulmón izquierdo a causa de un cáncer provocado por sus hábitos de fumador empedernido. Wayne tuvo el valor de organizar una rueda de prensa para anunciar que estaba enfermo pero que, aún así, preparaba otro western LOS CUATRO HIJOS DE KATIE ELDER.
En 1969 John Wayne había proporcionado a los estudios un taquillaje de 400 millones de dólares. Más que nadie. Pero su único Oscar lo logró por VALOR DE LEY, donde interpreta al conflictivo marshall Rooster Cogburn, un tirador tuerto que ayuda a vengarse a una adolescente del hombre que mató a su padre, en medio de un territorio inhóspito y plagado de forajidos.
Su hija Tony cuenta que Wayne era un experto en las tribus indias y en el arte de los nativos americanos. También era un entendido en arte oriental, desde la época en que se metió de polizón en un mercante. Gran ajedrecista, lo sabía todo sobre la guerra de Secesión. Era bueno jugando al bridge. Fumaba seis cajetillas al día, lo que provocó el cáncer que lo mató finalmente. Era un gran amante de la literatura.
Demostró su gran dignidad en su última película, en la que interpreta a un pistolero con cáncer. El director Don Siegel hizo que matasen a su personaje por la espalda. Nadie podía hacer frente a John Wayne de frente. Y el público no lo habría querido. En el epitafio de su tumba hay una inscrición en español: FUERTE, FEO Y FORMAL.


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