miércoles, 31 de agosto de 2016

La momia de Eva Perón.

Todas las historias sobre momias empieza cuando alguien muere. Eva Perón Duarte falleció de leucemia en 1952. El cadáver embalsamada fue trasladado varias veces hasta que fue entregado a su viudo y enterrado en el cementerio de La Recoleta en 1974. 
Eva había muerto a los 33 años. Para sus partidarios fue la Abanderada de los Humildes y la Dama de la Esperanza. Para los que la odiaban era La Yegua o La Potranca, que en argot lunfardo es tanto como decir la prostituta. Empezaba el mito. Juan Domingo Perón la mandó embalsamar, y su cuerpo se convirtió en un símbolo amenazador para los adversarios de los peronistas.
El embalsamador fue el médico Pedro Ara, que en 1925 se trasladó a Argentina como agregado cultural de la embajada española. Cuando en 1955 Perón fue derrocado por los militares, los Servicios de Información del Ejército querían incinerar los restos de Evita. Los peronistas hicieron correr el bulo de que una hechicera había lanzado una maldición sobre el que dañase los despojos de la Abanderada de los Humildes.
En 1955 el cadáver permanecía en las Dependencias de la Confederación General del Trabajo en Buenos Aires, donde se construyó un laboratorio, vigilado por los militares.
La momia salió de Argentina y descansó varios años en un convento italiano, pero también estuvo una temporada en Madríd, así como en otros paises. En 1973 se entregó el cadáver a Juan Domingo Perón, que vivía exiliado en una colonia de Puerta de Hierro, para la alta burguesía madrileña.
La leyenda cuenta que López Rega el Brujo obligaba a la tercera esposa de Perón, María Estella Martínez, más conocida como Isabelita, a tumbarse sobre el cuerpo de Eva para que recogiese sus efluvios espirituales. El ritual- si se produjo- debió suceder en algún momento de 1973.

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