sábado, 3 de septiembre de 2016

Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo. (1979)

España ha sido el país de los magnicidios. En el periodo que va de 1897 a 1973 hemos liquidado a siete jefes de Gobierno.
 Arturo Pérez Reverte nos reprocha en sus artículos periodísticos que los gobernantes que más daño han hecho a largo plazo al pueblo español han muerto de ancianos y en sus camas. Es cierto. No nos cargamos ni a Fernando VII  ni a Franco. Pero sí al sucesor de este último, Carrero Blanco, con un corpus de ideas más conservadoras que el anterior, y de eso va esta entrada.
La película de Gillo Pontecorvo, muy metido en lo del cine político de la década de 1970, muestra como un pequeño grupo de cuatro personas ( en la realidad fueron seis) organizan un secuestro. El plan inicial es secuestrar a Carrero Blanco y pedir a cambio la liberación de un grupo de prisioneros políticos. Poco a poco, los planes van cambiando y se van transformando en la liquidación de tan temido personaje.
Carrero es un hombre de constumbres rutinarias. Cada mañana va a rezar a la Iglesia de San Francisco de Borja. Su coche Dodge Dart sigue siempre el mismo itinerario, repitiendo los errores del presidente Eduardo Dato en 1921. El coche de Eduardo Dato fue ametrallado por elementos anarquistas  por no llevar blindaje y repetir los mismos trayectos.
Los etarras alquilaron un semisótano en el 104 de la Calle Coello. Argala (Gian María Volonté), el cabecilla, se hizo pasar por un escultor. Allí los etarras cavaron un túnel hasta el centro de la calzada, donde colocaron cien kilos de explosivos.
En 20 de diciembre de 1973, los etarras se hicieron pasar por empleados de la compañía del gas y detonaron la bomba al paso del Dodge Dart. El coche blindado voló por encima de un edificio y se empotró en un patio de luces. Murió el delfín del régimen franquista, su chofer, y un policía de la escolta.
Se ha especulado con que la llamada "neutralidad armada" que propugnaba Carrero Blanco hacia la Guerra Fría provocasen que un misterioso hombre con gabardina blanca, presuntamente un agente de la CIA, le diese valiosa información a Argala en el Hotel Mindanao. Los servicios de Inteligencia norteamericanos siempre han negado toda participación.

Nota:

Los años 70 son los de la eclosión del terrorismo ideológico en Europa, del  que ETA se convirtió en un anacronismo. En la España de esa época actuaban grupos violentos de todo tipo, como el F.R.A.P o los Bateadores del Retiro. Unos exaltados de la extrema derecha ametrallaban en la calle Atocha a unos abogados laboralistas. Es difícil saber hacia qué habrían evolucionado esos grupos de haber sobrevivido el franquismo.
Txabi "Argala" falleció en un atentado con coche-bomba provocado por el Batallón Vasco Español (una organización paramilitar de extrema derecha) en 1979, poco después de la escisión de ETA. Los vecinos de Arrigorriaga pusieron su nombre a una plaza hasta que el juez Pedraz dijo que era preferible que no tuviese esa placa como respeto a las víctimas del terrorismo vasco. Era 2009.
Lo que parece querer decirnos Gillo Pontecorvo es que, durante una situación de opresión fascista, las bombas y los tiros en la nuca son correctos, pero que no tienen sentido en una democracia. 
Los 80 fueron años de plomo para los españoles, con un muerto o dos cada semana. Sucedió porque los etarras temían que las fuerzas involucionistas de las élites dirigentes y militares actuaran. La Historia nos enseña que ese temor era real y no estaba desencaminado. Los servicios de Inteligenca españoles desarticularon intentonas de atentado de fuerzas conservadoras y conspiraciones militares de perfil bajo hasta 1986.

PARA VER:
La recreación del atentado de la Calle Coello por Gillo Pontecorvo:
https://www.youtube.com/watch?v=I4x6wu8u2OY

No hay comentarios:

Publicar un comentario