viernes, 2 de septiembre de 2016

SACCO Y VANZETTI, de Giuliano Montaldo (1971)

En Estados Unidos no les gusta la idea de la lucha de clases. Los estadounidenses anglosajones huyeron de las leyes arbitrarias de los terratenientes ingleses y de las persecuciones religiosas en Europa, y pronto aplicaron ese cuerpo de ideas sociales al Nuevo Mundo.

Primavera de 1920. La Primera Guerra Mundial ha terminado y en Rusia hay un conflicto entre rojos y blancos a causa de las consecuencias de la Revolución Rusa. Los estadounidenses han contemplado una guerra a la que llegaron tarde como un negocio y miran con temor a los europeos que llegan al país.
Sacco (Riccardo Cucciola) y Vanzetti (Gian Maria Volonté) son dos inmigrantes italianos que militan en las filas anarquistas. Es una etapa de tensiones con los inmigrantes irlandeses, de represión policial (  un anarquista llamado Salcedo "se les había caído" a los inspectores de la Policía Política de Massachussets desde un decimotercer piso hacía escasas semanas) y de una debilidad patológica del movimiento sindical.
Es en este contexto, cuando hay una campaña anarquista importante de atentados con bomba orquestada por Luigi Galleani, precisamente uno de los líderes de la asociación a la que pertenecen nuestros dos protagonistas, cuando una banda de atracadores asaltan South Bridgewater y South Baintree, en Boston. En este último lugar matan a un pagador y a un vigilante.
La Policía se pone en marcha y detienen en un tranvía a un grupo de hombres sospechosos. A Sacco y Vanzetti les requisan unas pistolas.
Son juzgados en dos ocasiones por el juez Thayer, un conservador que odia profundamente a los italianos en general, y a los anarquistas en particular. Prevarica todo lo que puede impidiendo que el abogado defensor, Moore, haga su trabajo, soltando discursos xenófobos y ultraconservadores y manipulando descaramente al jurado. Uno de sus miembros decía que Sacco debía ser culpable porque uno de los atracadores "corría como un italiano". Sin comentarios.
Los intelectuales como John Dos Passos, Dorothy Parker o el matemático Bertrand Russell se movilizan contra esta arbitrariedad. Las organizaciones sindicales estadounidenses, de toda condición, se manifiestan en las principales ciudades de América. Todo en vano.
Sacco y Vanzetti fueron ejecutados en la silla eléctrica en agosto de 1927, a pesar de que Thayer sabía perfectamente que uno de los compañeros de prisión de Vanzetti, un portugués llamado Celestino Medeiros, había declarado ser miembro de la banda de Morelli, unos atracadores de fábricas, culpables de los asaltos en South Baintree y South Bridgewater. Thayer murió rodeado de guardaespaldas y aislado, porque los exaltados anarquistas habían puesto precio a su cabeza y quemado su casa, de un embolia cerebral, en 1933.
Sacco y Vanzetti no fueron exonerados de culpa hasta 1977.

Para ver:
Joan Baez canta una balada inspirada en una carta de despedida de Bartolomeo Vanzetti a su padre.
https://www.youtube.com/watch?v=K5vvPrVw_kM 

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