miércoles, 31 de enero de 2018

La cocinera de Hitler.

Acompañó a Hitler en sus últimos días en el búnker. Obligada a elaborar platos saludables para el Fuhrer y aterrada por su situación, su figura ha pasado inadvertida hasta que un historiador ha hallado su correspondencia privada.

Estoy viendo la película EL HUNDIMIENTO (2004). En una de las escenas Hitler, interpretado por Bruno Ganz le dedica un halago a su cocinera tras consumir a toda prisa un plato de pasta con tomate el 30 de abril de 1945. "Estaba muy rico, señora Manziarly", dice.

La señorita Constanze Manziarly existió realmente. Su misión era cocinar platos sanos que pudiera digerir un Hitler enfermo del estómago, primero en la Guarida del Lobo, el cuartel general en Prusia Oriental, y más tarde.en el búnker de la Cancillería de Berlín.

El historiador Stefan Dietrich ha conseguido localizar a una hermana de Constanze, (ahora ya fallecida) que todavía conservaba las cartas escritas por la cocinera y dietista de Hitler. Estas cartas hablan de una mujer agotada que cocinaba sin descanso para el dictador y sus jerarcas.

En una de ellas, fechada el 29 de agosto, se queja de su mala salud, a pesar de que Constanze era una mujer joven, de apenas 24 años. La obligación de probar los platos delante de los jerarcas para probar que no estaban envenenados la estaba haciendo engordar. Además debía cuidar lo que decía y sus reacciones para no acabar ante la GESTAPO.

Trabajar para Hitler podía ser el sueño de muchas jovencitas de la BDM, pero no el de Manziarly. Ella quería trabajar como profesora de Ciencias del Hogar, pero para su desgracia asistió a unas clases de comida crudista, lo que ahora llamamos vegana. Las prácticas tenía que hacerlas en una clínica privada cerca de Berchtegaden, la residencia de verano de Hitler.

La clinica cocinaba platos saludables para el Fuhrer y a Constanze le tocaba llevarlos hasta el Berhof. Era abril de 1944.

Hitler le hizo a la muchacha una oferta en forma de empleo seguro que no pudo rechazar en todos los sentidos. En parte porque estaba mejor pagado que el de la clínica, en parte porque al líder alemán era muy peligroso decirle que no cuando se mostraba generoso.

A Hitler le gustaba sobre todo comer papilla de mijo o quark con aceite de linaza, como sustituto de la carne. Como atención a las leyes de racionamiento, tomaba una manzana de postre. La cocinera vigilaba e cumplimiento de su rutina alimentaria. Escribía en los menús de la Cancillería: "El F. ha comido bien hoy. Manziarly"

La única queja que Constanze tenía de su jefe era su debilidad por los dulces. Cada vez que había una velada en la Cancillería tenía que hacer pasteles a destajo, porque el Fuhrer era muy goloso. Sobraba comida de todos los platos menos de los de repostería.

El dictador apreciaba a Manziarly y le regaló unas medias grises, las mismas que usaban las funcionarias de los campos de concentración. "El jefe se ha informado mal sobre los gustos de las damas" se limitó a escribir Manziarly a su familia.

La tarde del 30 de abril de 1945 cocinó por última vez para Hitler huevos fritos con puré de manzana aunque el Fuhrer ya llevaba varias horas muerto, para que no estallase el pánico entre el personal de servicio de la Cancillería. Manziarly conseguiria salir del búnker de la Cancillería con un grupo de empleadas, pero solo para dar de bruces con una patrulla rusa. Con la excusa de comprobar sus papeles la llevaron aparte del grupo de mujeres entre las que se hallaba la secretaria del tirano, Traudl Junge. Nadie volvería a verla más, viva o muerta. Lo más presumible es que los soldados soviéticos violasen a una muchacha, que ni siquiera era hitleriana ni quería la responsabilidad que le tocó en suerte, y la mataran.

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