jueves, 3 de enero de 2019

¿De qué se reían los romanos?

Los romanos son un pueblo de campesinos y militares. No estaba previsto que construyeran un gran imperio, por lo que tienen un humor caústico llamado italum acetum o "vinagre itálico". Es la antítesis de la gravitas o gravedad que trataban de mostrar sus próceres.

El humor ya está preente en algunos de los nombres de los patricios. El poeta Ovidio se llamaba Publio Ovidio Nasón, "narizotas". Marco Tulio Cicerón es recordado por su apodo familiar Cicero, "garbanzo", bien porque sus antepasados los cultivaban, o porque el primero de ellos tuvo una arruga en la nariz del tamaño de un garbanzo. Otros apodos particularmente humorísticos son. Bruto,"Estúpido"; Burro, "Pelirrojo""; Capito, "Cabezón"; Strabo, "Bizco".

Los emperadores tampoco se libraban de los motes burlescos. El emperador Tiberio tuvo que hacerse el sordo y no reaccinar cuando sus soldados le llamaban Biberio Caldio Merón, en lugar de Tiberio Claudio Nerón por su afición al vino.

El humor estaba presente en los graffittis de las calles. En la pared de una posada de Pompeya había uno que decía: "Nos hemos meado en la cama. Lo confieso. Si preguntas por qué: no había orinal". En Roma un tal Ventidio Baso pasó de ser arriero a las más altas magistraturas del Senado, el pueblo se escandalizó y aparecieron por las calles los siguientes versos: "Venid todos corriendo, augures, arúspices! Ha surgido un portento inusitado: el que frotaba a los mulos, ha sido hecho cónsul".

Los soldados eran especialmente dados a las pullas contra sus oficiales. Durante el triunfo que celebró César en 46 a de C, los soldados gritaban: "Ciudadanos; guardad a vuestras esposas. Aquí traemos al adúltero calvo".

Otro de los chistas de la época es: "Calidio ama a Tais."-"¿Qué Tais?"- "Tais, la tuerta".-Si a Tais le falta un solo ojo a Calidio le faltan los dos".

Del mismo modo que nosotros tenemos a los leperos para hacer nuestros chistes, los romanos hacían uso de la fama de simplones de los habitantes de Abdera, en el el norte de Grecia, o de los cumanos, unos isleños de Sicilia.

Un abderita observa a un eunuco hablando con una muchacha. "¿Es tu mujer?", le pregunta. "Los eunucos no podemos tener esposa", contesta el eunuco. "Entonces es tu hija", resuelve el abderita.

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