sábado, 29 de mayo de 2021

Los guardianes del balcón.

 Adaptación de un artículo aparecido en la página web de XL Semanal en mayo de 2020.

El confinamiento dispara las denuncias a la Policía contra las personas que se saltan las restricciones del estado de alarma. Muchas de ellas son reincidentes, pero ¿ de verdad los ciudadanos necesitamos convertirnos en vigilantes?


El confinamiento parecía haber sacado el policía de la porra que todos llevábamos dentro. La gente denunciaba fiestas en grupo, procesiones improvisadas en aquel 2020 en el que no hubo Semana Santa oficialmente. También tiraron huevos contra personas que estimaban que salían al supermercado demasiado o contra los sanitarios que regresaban a casa, por salir a trabajar en un puesto esencial. Una mujer que sacaba a pasear a su hija con transtorno del espectro autista- algo permitido y aconsejado por las autoridades médicas- se llevó una denuncia y un huevazo. Esto no sale en el artículo pero se escucharon voces para que loos autistas llevásemos brazaletes azules en el brazo.

Avisar a la Policá y dejar que ellos decidan si se trata de una infracción o no es una manera más cívica de reconducir la ira y la frustración por saber que uno se está sacrificando por evitar más muertes y el colapso del sistema sanitario que el enfrentamiento directo con el presunto "transgresor". Salvo en el caso de la violencia de género o los abusos contra la infancia, lo mejor es no intervenir directamente, porque no lo sabemos todo sobre nuestros vecinos, y no sabemos por qué están en la calle en plena cuarentena

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