domingo, 11 de diciembre de 2022

NAVAJEROS (DULCES NAVAJAS, en México), de Eloy de la Iglesia.(1980) Nacer fuera del sistema.

 


Esta coproducción hispano- mexicana está centrada en las adanzas al margen de la ley de un delincuente juvenil del extrarradio de Madrid: el Jaro. Muestra su relación amorosa y afectiva con una prostituta de mediana edad ( la mexicana Isela Vega) y su crisis vital, cuando los atracos dejan de ser una diversión y tiene que madurar en un mundo que no se lo permite. Se supone que deja embarazada a una chica de su edad (Verónica Castro), que quiere asumir un papel de responsabilidad adulta pero lo único para lo que el Jaro está preparado es para la confrontación con la Policía, algo que ya no es sostenible en el momento en que cumple 16 años.

La película muestra acción suficiente como para complacer al público de la época. Se lo figuraran: vemos robos de coches, tiroteos, asaltos a un centro de reunión y pesca de homosexuales ( que aqui aparecen exagerados en sus amaneramientos y como depredadores sexuales sugeridos), destrozan el local de un narco de barrio....

También hay crítica social y drama pero aparece desdibujada y sin concluir. El análisis sociológico no se concreta porque el propio director no debió desearlo. La Policía aparece como una panda de inadaptados a los nuevos estilos democráticos que disparan primero y preguntand espoés. Claro que por razones relacionadas con los grupos de estrema derecha y con los terroristas de estilo maoista de este país ( leáse ETA u el Grapo) no se purgó a la Policía. Y se pagaron las consecuencias una década más tarde con el escándalo del GAL.

Nota:

Es duro vivir fuera del sistema, aterrizar en lo que se llama exclusión social. Pero más duro es no llegar a conocer las bondades y asumir las reglas de ese sistema, comprender que hagas lo que hagas - y no hacer nada también es hacer algo- la sociedad será  hostil.

Una vez fue con mi amigo Gianni a los barrios bajos de Bilbao. Conocí a una golfilla callejera. Le compré el bocadillo del día. La abrazabas y se pegaba a tí demasiado, sin saber si lo que vendría sería una caricia - no se las di- o un zarandeo brutal. Ella - se llamaba Irene- ni siquiera sabía quien era yo. El dueño del garito improvisado donde vendían los bocadillos nos coló para perdernos de vista antes e incluso abandonó su puesto para que no nos quedásemos delante de la puerta de su local. El rechazo del sistema en toda su grandeza.

Más tarde pensé: yo soy posible en el mundo de Irene pero Irene no es posible en el mío. Por eso la fascinación que el lumpen tiene en algunas personas acomodadas.

Gianni me contó el resto de la historia. Padres toxicómanos, pronto contacto con las drogas inducida por los propios progenitores. Tenía 19 años pero ya había dado a luz dos veces. Ignora quienes son los padres de los niños, entregados por los Servicios Sociales a padres de acogida. Ingresada en instituciones de las que se escapa porque no sabe ni comprende lo que le ofrecen. Está indefensa frente a nosotros, que detentamos el poder. Ella le dijo a  Gianni en una ocasión: "¿Qué se espera que haga yo frente a esto?". Debió hacer un gesto sañalando el mundo, el entramado social. La última vez que Gianni la vio estaba embarazada por tercera vez.

"¿Por qué se escapa del único lugar donde está segura?", le pregunté a Giannni. "¿Por qué comes pinchos si sabes que tienes el colesterol por las nubes?", me replicó él. Tocado y hundido.

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