El Monte Kailash, ubicado en la región del Tíbet, es considerado uno de los lugares más sagrados en diversas religiones, incluyendo el budismo, el jainismo, el hinduismo y el bon.
Peregrinaciones Budistas y Jainistas al Monte Kailash:
Budismo:
En el budismo tibetano, el Monte Kailash es considerado la residencia de Demchok, una deidad asociada con la paz y la meditación. Para los budistas, la peregrinación alrededor del monte (un recorrido de aproximadamente 52 kilómetros conocido como el Kora) es un acto de purificación y acumulación de méritos. Se cree que hacer el Kora alrededor del monte varias veces purifica el karma negativo y ayuda en el camino hacia la iluminación.- Además, el Monte Kailash es considerado una manifestación del Mount Meru, la montaña central del universo en la cosmología budista, que es el eje del mundo.
Jainismo:
- Para los jainistas, el Monte Kailash es identificado con el lugar donde Rishabhanatha, el primer Tirthankara, alcanzó la liberación o nirvana. En el jainismo, el Monte Kailash es considerado un lugar de gran importancia espiritual, aunque el Tirthankara Rishabhanatha no está vinculado directamente al Monte Kailash en los textos sagrados de la misma manera que otras tradiciones, el lugar sigue siendo altamente reverenciado.
Escaladores en el Monte Kailash:
A pesar de su importancia religiosa y espiritual, el Monte Kailash es intocable para los alpinistas. La tradición religiosa y las leyes tibetanas prohíben la escalada de la montaña, considerándola un lugar sagrado. No se tiene constancia de que ningún alpinista haya llegado a la cima del Kailash, ya que el gobierno chino, que administra el Tíbet, respeta estas prohibiciones religiosas.
La prohibición de escalar el Monte Kailash es respetada tanto por los alpinistas como por los viajeros. El lugar ha permanecido inalcanzable, y las personas se limitan a realizar la peregrinación a través del Kora, lo cual es considerado el acercamiento adecuado a este sagrado lugar.
Así que, aunque el Monte Kailash es una de las montañas más famosas del mundo, su aura de santidad y las estrictas prohibiciones religiosas han evitado que cualquier alpinista lo escale.
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