jueves, 28 de agosto de 2025

Ingres.

La gran odalisca (The Grande Odalisque) by Jean Auguste Dominique Ingres  Reproduction For Sale | 1st Art Gallery 

Jean-Auguste-Dominique Ingres llevó una vida personal bastante tranquila y convencional. Se casó en 1813 con Madeleine Chapelle y permaneció con ella hasta que ella murió en 1849. No tuvieron hijos, pero fue un matrimonio estable y sin sobresaltos. Años después, en 1852, cuando ya era un hombre mayor y reconocido, volvió a casarse, esta vez con Delphine Ramel, mucho más joven que él, lo que le dio compañía en sus últimos años.

En el terreno artístico, Ingres fue discípulo de Jacques-Louis David, el gran maestro del Neoclasicismo. Sin embargo, pronto tomó su propio camino, obsesionado con la línea y el dibujo. Eso lo puso en clara oposición con Delacroix, el gran pintor romántico, que defendía la fuerza del color y la emoción. La rivalidad entre ambos se convirtió en símbolo de dos visiones distintas de la pintura francesa del siglo XIX: la fría perfección formal de Ingres contra la pasión y el dramatismo de Delacroix.

Un tema al que Ingres volvía con frecuencia era el del desnudo femenino en ambientes orientalistas. Obras como La gran odalisca muestran esa fascinación por un Oriente exótico, cargado de sensualidad, aunque filtrado siempre por su estilo neoclásico. Ahora bien, en ese cuadro hay algo que ha generado comentarios desde el principio: la anatomía de la figura no es “real”. La espalda es demasiado larga, tanto que los críticos suelen decir que Ingres le añadió tres vértebras de más. También los brazos y las caderas están estirados y alargados. No es un error técnico, sino una decisión consciente. Ingres prefería sacrificar la fidelidad al cuerpo real para crear un ideal de belleza más estilizado, más elegante, casi irreal. Por eso, lo que podría verse como un fallo anatómico se entiende mejor como una licencia artística para acentuar la sensualidad y el misterio de su odalisca.

 

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