Dramatización
Atardece en Cracovia. Las sombras se alargan sobre el empedrado del antiguo gueto, en Podgórze. Un turista contemporáneo consulta su móvil. De pronto, el aire se enfría. Una figura translúcida, con abrigo oscuro y mirada cansada, aparece a su lado.
FANTASMA (OSKAR SCHINDLER)
No mires la pantalla. Aquí, la historia no cabe en un rectángulo de vidrio. Ven. Camina conmigo.
TURISTA
(Se sobresalta) ¿Quién…?
FANTASMA
Fui industrial. Fui oportunista. Fui, a ratos, valiente. Me llamo Oskar Schindler. Y este lugar aún me habla.
Avanzan hacia la Plaza de los Héroes del Gueto. Las sillas de metal brillan, inmóviles.
FANTASMA
¿Ves las sillas? No son bancos. Son ausencias. Aquí esperaron quienes no sabían si volverían a sentarse en su casa. Cada una es un nombre que el viento aprendió a pronunciar.
TURISTA
Es… abrumador.
FANTASMA
Debería serlo. La comodidad es enemiga de la memoria.
Cruzan hacia la Farmacia del Águila.
FANTASMA
Aquí, Tadeusz Pankiewicz vendía más que medicinas. Vendía humanidad. Un frasco podía ser un salvoconducto. Una palabra, un gesto, una noche más de vida.
TURISTA
¿Usted también…?
FANTASMA
Aprendí tarde. Al principio contaba beneficios. Luego conté personas. La contabilidad cambia cuando entiendes el precio real.
Se detienen ante un tramo del muro del gueto, con forma de lápida.
FANTASMA
Este muro no solo encerraba cuerpos. Intentaba encerrar el mundo. Fracasó. Siempre fracasa.
TURISTA
¿Qué queda por hacer hoy?
FANTASMA
Caminar despacio. Nombrar. No pasar de largo. Y cuando alguien diga “nunca más” como consigna vacía, recordarle que es una tarea diaria.
La figura se vuelve más tenue.
TURISTA
¿Se quedará?
FANTASMA
Yo no. Pero ellos sí. Escúchalos.
El fantasma desaparece. El turista guarda el móvil. Se sienta en el borde de una silla de metal, en silencio. La plaza respira.
ramatización
Atardece en Cracovia. Las luces son suaves. Un turista contemporáneo camina por el barrio de Podgórze, mirando su móvil y un mapa. De pronto, siente un escalofrío. A su lado aparece un hombre elegante, con abrigo oscuro y sombrero antiguo. Es el fantasma de Oskar Schindler.
TURISTA
(distraído)
Qué lugar tan tranquilo… cuesta creer todo lo que pasó aquí.
SCHINDLER
(con voz serena)
La tranquilidad también puede ser una forma de memoria. Buenas tardes.
TURISTA
(sobresaltado)
¡Dios mío! ¿Usted es…?
SCHINDLER
Oskar Schindler. O, lo que queda de mí. Veo que estás paseando sin saber del todo por dónde caminas. ¿Me acompañas?
TURISTA
(asombrado, nervioso)
Creo que no podría decir que no.
Caminan despacio.
SCHINDLER
Aquí estuvo el gueto judío de Cracovia. No siempre fue silencio. Hubo niños jugando, rezos en voz baja, hambre, miedo… y esperanza, incluso entonces. Mira esas placas en las paredes: cada una es una vida.
TURISTA
He leído sobre el gueto, pero estar aquí es distinto. Pesa.
SCHINDLER
Debe pesar. Si no, algo falla.
(se detiene frente a la Plaza de los Héroes del Gueto)
¿Ves esas sillas vacías? Representan a quienes fueron arrancados de aquí. Familias enteras. Nadie se levantó de esas sillas por voluntad propia.
TURISTA
(tragando saliva)
Es imposible no imaginarlo.
SCHINDLER
Eso es lo importante: imaginar, recordar, no pasar de largo. Yo no fui un santo. Fui un hombre lleno de contradicciones. Pero aquí entendí que no hacer nada también es una elección.
Siguen caminando hacia la antigua fábrica.
SCHINDLER
En ese edificio trabajaron judíos que, gracias a un papel con nombres —una simple lista—, lograron sobrevivir. No fue heroísmo puro. Fue humanidad en medio del horror.
TURISTA
Hoy es un museo… la gente entra, sale, toma fotos.
SCHINDLER
Y está bien, si salen distintos a como entraron. El pasado no pide culpa eterna, pide responsabilidad.
Schindler se detiene. La luz sobre él se atenúa.
SCHINDLER
Mi tiempo aquí termina. El tuyo continúa. Cuando camines por estas calles, recuerda que no son solo piedras antiguas: son testigos.
TURISTA
Lo haré. Se lo prometo.
El fantasma asiente levemente y desaparece. El turista queda solo, en silencio, guardando el móvil y mirando alrededor con otros ojos.
Oscuro.

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