Entrevista al borde del abismo
El mar todavía es una lámina de plomo. El amanecer ensaya su primera respiración sobre Lesbos. Safo está descalza; Afrodita, apenas visible, huele a mirto y sal.
AFRODITA: Te tiemblan las manos, Safo. No es miedo: es exceso de memoria.
SAFO: Es cansancio. He dicho todas las palabras que tenía y ninguna me ha devuelto lo perdido. Theis… —sonríe sin alegría— Theis fue un hilo cortado. Yo bordé un mundo para nosotras y el telar se rompió. Sus padres de la llevaron de mi Academia porque sospechaban la verdadera Naturaleza de nuestra relación. A Theis le costó llorar todas las noches. Yo no lloré. En cambió escribí los más bellos poemas de desamor.
AFRODITA: Los hilos no se rompen: cambian de trama.
SAFO: Díselo a Caraxo. Se casó con una hetaira tracia y quemó la fortuna de nuestra casa como si el oro fuera leña. Me dejó una herencia de vergüenza. Yo escribía, él dilapidaba; yo cuidaba nombres, él los vendía.
AFRODITA: El amor no es contabilidad.
SAFO: Tampoco es mendicidad. Faón no me mira. Mi voz se le cae de los oídos como agua sobre piedra. Yo lo amé sin tasa y él me devolvió silencio. ¿Qué hace una poeta con el silencio?
AFRODITA: Lo vuelve música.
SAFO: ¿Y la polis? Lesbos se muerde la cola. Facciones, destierros, cuchillos envueltos en discursos. Me expulsaron como a una palabra incómoda. En Siracusa pasé años amargos: escribía para no desaparecer y aun así me desvanecía un poco cada día.
AFRODITA: Allí aprendiste la resistencia.
SAFO: Allí aprendí la intemperie. —Mira el horizonte— Todo lo que amé se truncó. Todo lo que fui, se desgastó. He venido a despedirme.
AFRODITA: Si hubieras sido feliz —si te hubieras sentido satisfecha y amada— no habrías escrito versos que no envejecen. La herida te dio forma. Tu legado es más vasto que este borde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario