viernes, 30 de enero de 2026

Safo de Lesbos. (630 a de C, 590 a de C).


Entrevista al borde del abismo

El mar todavía es una lámina de plomo. El amanecer ensaya su primera respiración sobre Lesbos. Safo está descalza; Afrodita, apenas visible, huele a mirto y sal.

AFRODITA: Te tiemblan las manos, Safo. No es miedo: es exceso de memoria.

SAFO: Es cansancio. He dicho todas las palabras que tenía y ninguna me ha devuelto lo perdido. Theis… —sonríe sin alegría— Theis fue un hilo cortado. Yo bordé un mundo para nosotras y el telar se rompió. Sus padres de la llevaron de mi Academia porque sospechaban la verdadera Naturaleza de nuestra relación. A Theis le costó llorar todas las noches. Yo no lloré. En cambió escribí los más bellos poemas de desamor.

AFRODITA: Los hilos no se rompen: cambian de trama.

SAFO: Díselo a Caraxo. Se casó con una hetaira tracia y quemó la fortuna de nuestra casa como si el oro fuera leña. Me dejó una herencia de vergüenza. Yo escribía, él dilapidaba; yo cuidaba nombres, él los vendía.

AFRODITA: El amor no es contabilidad.

SAFO: Tampoco es mendicidad. Faón no me mira. Mi voz se le cae de los oídos como agua sobre piedra. Yo lo amé sin tasa y él me devolvió silencio. ¿Qué hace una poeta con el silencio?

AFRODITA: Lo vuelve música.

SAFO: ¿Y la polis? Lesbos se muerde la cola. Facciones, destierros, cuchillos envueltos en discursos. Me expulsaron como a una palabra incómoda. En Siracusa pasé años amargos: escribía para no desaparecer y aun así me desvanecía un poco cada día.

AFRODITA: Allí aprendiste la resistencia.

SAFO: Allí aprendí la intemperie. —Mira el horizonte— Todo lo que amé se truncó. Todo lo que fui, se desgastó. He venido a despedirme.

 AFRODITA: Si hubieras sido feliz —si te hubieras sentido satisfecha y amada— no habrías escrito versos que no envejecen. La herida te dio forma. Tu legado es más vasto que este borde.

SAFO: ¿Me pides que viva para custodiarlo?

AFRODITA: Te digo que ya lo has entregado. Nadie canta sin costo. Tú pagaste con tu vida entera, no con este último paso.

SAFO: Precisamente por eso. Mi destino se ha cumplido. No me queda promesa que no haya gastado. —Respira— Mira: amanece. El día siempre llega, incluso cuando una se va.

AFRODITA: Quédate a verlo.

SAFO: Ya lo veo. —Sonríe por primera vez— Gracias por el don y por la herida.

El alba abre los ojos. Afrodita guarda silencio. Safo, ligera como una sílaba final, decide saltar por el acantilado de todos modos mientras el sol nace por última vez para ella.

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