La historia tiene bastante de novela… y un poco de realidad mezclada, lo cual es muy apropiado tratándose de alguien como Charles de Batz de Castelmore d'Artagnan, que inspiró a Alexandre Dumas para crear al mítico personaje de D'Artagnan.
Hace unos años se habló bastante de una excavación en los Países Bajos, concretamente en Maastricht, donde murió el auténtico d’Artagnan en 1673 durante el asedio de la ciudad (en plena Guerra franco-neerlandesa). El tema es que nunca se identificó oficialmente su tumba en su momento, así que cualquier hallazgo siempre tiene ese punto de “puede ser… o no”.
En esa excavación apareció un esqueleto masculino del siglo XVII con señales bastante interesantes. El análisis forense mostró varias cosas que hicieron saltar las alarmas (en el buen sentido): era un hombre relativamente robusto, con indicios de haber llevado una vida físicamente exigente y, sobre todo, tenía lesiones compatibles con combate. Por ejemplo, marcas en los huesos que podrían corresponder a heridas de arma blanca o impactos relacionados con batalla. Además, la datación cuadraba con finales del siglo XVII y el contexto del asedio.
También se encontraron restos de vestimenta y elementos que apuntaban a alguien de cierto estatus militar, no un soldado raso cualquiera. Eso es lo que llevó a algunos a decir: “oye, esto podría ser un oficial de élite, incluso alguien cercano a la guardia real francesa”. Y claro, ahí es donde el nombre de d’Artagnan entra en escena, porque él era capitán de los mosqueteros del rey en ese momento.
Pero ojo, aquí viene la parte menos romántica: no hay ninguna prueba concluyente. Nada de ADN confirmado, ni inscripción, ni documentación directa. Así que, a día de hoy, lo más honesto es decir que podría ser un soldado de alto rango muerto en ese asedio… pero atribuírselo directamente a d’Artagnan es más deseo que evidencia sólida.
Y hablando del auténtico d’Artagnan, su vida real ya era bastante interesante sin necesidad de novelas. Nació en torno a 1610 en el suroeste de Francia, en una familia de pequeña nobleza gascona. Se fue joven a París a buscarse la vida y acabó entrando en los mosqueteros. Con el tiempo ganó la confianza de Luis XIV, hasta convertirse en una figura clave en misiones delicadas, espionaje y operaciones militares. Nada de aventuras desenfadadas todo el rato: su carrera fue bastante más seria, incluso política.
Y lo de que “nunca conoció al resto de los mosqueteros” es porque esos famosos compañeros —Athos, Porthos y Aramis— son en gran parte invención literaria. Dumas se inspiró en nombres reales sacados de memorias antiguas (medio ficticias también), pero los convirtió en personajes novelescos que convivían y vivían aventuras juntos. En la realidad, si existieron personas con esos nombres, no formaron ese grupo inseparable ni hay evidencia de que fueran amigos de d’Artagnan como en los libros.
Vamos, que el d’Artagnan histórico fue un militar de élite muy respetado que murió en combate, pero la pandilla carismática y las aventuras casi superheroicas son más cosa de la literatura que de los archivos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario