Título: “Sombras en la comuna”
Personajes:
- ARUN: antiguo seguidor del movimiento de Osho
- DRA. VEGA: experta en sectas destructivas
[Una sala sobria. Dos sillas frente a frente. Una grabadora encendida.]
DRA. VEGA:
Gracias por aceptar hablar. No es fácil revisar algo así con distancia.
ARUN:
Distancia… sí. Aunque hay cosas que nunca se van del todo. Aquello fue… intenso. Hermoso a veces. Oscuro otras.
DRA. VEGA:
Hablemos de la comuna en Oregón. Antelope. ¿Qué viste allí realmente?
ARUN:
Un experimento humano. Eso creíamos. Libertad, meditación, romper con normas sociales… Nos sentíamos pioneros. Pero también había control. Mucho más del que queríamos admitir.
DRA. VEGA:
¿Control ejercido por quién?
ARUN:
Por la estructura… y, sobre todo, por Sheela. Era implacable. Decía que protegía al maestro, pero en realidad consolidaba poder. Vigilancia interna, lealtades forzadas, decisiones sin cuestionamiento.
DRA. VEGA:
Una dinámica clásica en grupos cerrados: un líder simbólico y un operador práctico. El primero inspira; el segundo ejecuta… incluso lo impensable.
ARUN:
Sí. Osho hablaba de conciencia, amor, libertad interior. Y eso… eso era real para muchos de nosotros. No todo era mentira. Sus ideas tenían valor: cuestionar la represión, explorar la mente, vivir con intensidad.
DRA. VEGA:
Eso es importante decirlo. Los movimientos así no sobreviven solo por manipulación. También ofrecen algo que la gente necesita.
ARUN:
Exacto. Pero luego vino lo otro. La paranoia. La sensación de “nosotros contra el mundo”. Y ahí… todo se torció.
DRA. VEGA:
El intento de influir en elecciones locales.
ARUN:
Sí. Querían controlar Antelope. Ganar poder político. Y cuando no parecía suficiente… se cruzó una línea.
DRA. VEGA:
El ataque biológico.
ARUN:
(Asiente, tenso)
Envenenar comida para incapacitar votantes… Eso ya no era una comunidad espiritual. Era otra cosa. Algo frío, calculado.
DRA. VEGA:
Y fue ahí cuando intervino el FBI.
ARUN:
Sí. Y todo empezó a derrumbarse. Lo que parecía invencible se volvió frágil en días.
DRA. VEGA:
Quiero tocar otro tema delicado: la vida interna. La promiscuidad.
ARUN:
Se promovía como liberación. Romper con la moral tradicional. Para algunos era genuinamente liberador… para otros, presión. Si no participabas, eras visto como reprimido.
DRA. VEGA:
¿Y los niños?
ARUN:
(Silencio largo)
Eso… es lo que más cuesta justificar. Estaban ahí. Veían todo. A veces demasiado. No había límites claros. En nombre de la “naturalidad” se ignoraba que eran… niños.
Les dábamos guantes de látex y preservativos porque ellos también participaban, sin saber muy bien qué estaba pasando, en ese desmadre sexual. Ellos jugaban con ellos a los globos de agua a pesar de que las mismas personas que los coaccionaban les advertían de las enfermedades de transmisión sexual. Eran niños en un mundo de adultos. !Qué vergüenza!!Dios mío!
DRA. VEGA:
Ese es uno de los indicadores más serios de daño estructural: cuando se diluyen las barreras protectoras básicas.
ARUN:
Lo sé ahora. Entonces… no queríamos verlo. Era más fácil creer que todo era parte de un despertar colectivo.
DRA. VEGA:
Si tuvieras que hacer un balance hoy…
ARUN:
Diría que había luz… pero mal contenida. Ideas potentes en manos de una estructura que se volvió autoritaria. Y cuando eso pasa, incluso lo bueno se distorsiona.
DRA. VEGA:
No es una historia única. Pero sí una de las más extremas.
ARUN:
(Con una leve sonrisa triste)
Supongo que eso también pensábamos nosotros: que éramos únicos.
[Silencio. La grabadora sigue encendida unos segundos más.]
FIN

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