La historia de Nicole Daedone y OneTaste es una mezcla bastante explosiva de discurso feminista, espiritualidad “new age”, coaching emocional, sexo terapéutico y, según exmiembros y la justicia estadounidense, manipulación psicológica y explotación.
Daedone fundó OneTaste en San Francisco en 2004. La idea central era la llamada “meditación orgásmica” (“OM”): una práctica ritualizada en la que, durante 15 minutos, normalmente un hombre estimulaba manualmente el clítoris de una mujer siguiendo una técnica muy concreta. Ella defendía que no era simplemente sexo ni masturbación, sino una especie de vía de expansión de conciencia, conexión emocional y empoderamiento femenino.
Durante años aquello se vendió como algo rompedor y hasta sofisticado. Había talleres carísimos, retiros, casas comunales, coaching, charlas TED, presencia en medios y cierto respaldo de celebridades y del ecosistema wellness californiano. El mensaje era seductor para mucha gente: que la sociedad reprime el placer femenino y que reconectar con el cuerpo podía curar traumas, inseguridades y bloqueos emocionales.
El problema es que, según antiguos miembros, la cosa empezó a parecer menos una comunidad de crecimiento personal y más una estructura de control total. Ahí es donde aparecen las acusaciones de “secta”.
Los testimonios describían dinámicas muy intensas: presión para romper límites personales, vigilancia emocional constante, aislamiento respecto al exterior, endeudamiento para pagar cursos y una cultura donde cuestionar a la organización equivalía casi a estar “bloqueado” espiritualmente. Exparticipantes afirmaron que se les animaba a trabajar gratis o casi gratis para OneTaste, captar nuevos miembros y mantener una lealtad absoluta al grupo.
También surgieron acusaciones especialmente graves: que algunas mujeres fueron presionadas para mantener relaciones sexuales con clientes, inversores o personas influyentes relacionadas con la empresa, siempre bajo el discurso de la “evolución personal” o el “crecimiento”. La fiscalía estadounidense llegó a hablar de coerción económica, emocional y sexual.
El gran estallido público llegó en 2018, cuando Bloomberg publicó una investigación demoledora basada en entrevistas con antiguos miembros. Ahí empezó a romperse la imagen glamurizada de OneTaste. El reportaje describía un ambiente de explotación, servidumbre sexual y manipulación psicológica. Fue un terremoto mediático y desencadenó investigaciones del FBI.
Después vinieron más documentales y podcasts, especialmente el documental de Netflix Orgasm Inc., que popularizó todavía más la historia y reforzó la percepción pública de que aquello tenía rasgos sectarios.
Ahora bien, aquí hay un matiz importante: Daedone y sus defensores siempre han negado que OneTaste fuera una secta o una red de explotación. Su argumento es que todo era consensuado y que muchas acusaciones vienen de personas arrepentidas años después o de una lectura sensacionalista del movimiento. Algunos abogados y simpatizantes incluso sostienen que el caso criminaliza prácticas sexuales alternativas y formas poco convencionales de espiritualidad o terapia.
Pero la justicia estadounidense no compró esa defensa. En 2025 Daedone y Rachel Cherwitz —exdirectiva de ventas de OneTaste— fueron declaradas culpables de conspiración para trabajo forzado, y en 2026 Daedone fue condenada a nueve años de prisión. Los fiscales sostuvieron que la organización utilizó tácticas de manipulación psicológica y explotación sistemática sobre personas vulnerables.
¿Y OneTaste sigue existiendo? Técnicamente sí, aunque muy transformada y bastante más opaca. La empresa original cerró sus centros físicos en EE.UU. y desapareció gran parte de la estructura visible tras el escándalo de 2018. Pero distintos reportajes recientes indican que todavía sobreviven redes de practicantes y eventos vinculados a la “meditación orgásmica”, a veces bajo otros nombres como “Eros Platform” o “Team Nicole”.
En resumen: OneTaste empezó vendiéndose como una revolución del placer femenino y del autoconocimiento sexual, conectando mucho con discursos feministas y de liberación emocional de los años 2010. Pero terminó convertida, para muchísima gente, en un ejemplo bastante oscuro de cómo ciertos movimientos de bienestar pueden cruzar la línea entre comunidad intensa y dinámica sectaria. Y justo ahí está la gran discusión alrededor del caso: dónde termina el consentimiento adulto y dónde empieza la coerción disfrazada de empoderamiento.
Sí, Daedone mezclaba bastantes elementos tomados —o más bien reinterpretados— del tantra, del mindfulness y de ciertas ideas budistas, pero muchos especialistas consideran que lo hacía de una forma muy libre, comercializada y bastante desconectada de las tradiciones originales.
De hecho, una de las críticas más repetidas es precisamente esa: que OneTaste cogió conceptos espirituales complejos y los redujo a una especie de “tecnología del orgasmo” vendible a ejecutivos, gente del mundo wellness y personas emocionalmente vulnerables.
El tantra auténtico —que en realidad engloba tradiciones hinduistas y budistas muy diversas— no gira únicamente alrededor del sexo. En Occidente se ha popularizado muchísimo la idea de que “tantra = sexo espiritual”, pero históricamente es bastante más amplio: rituales, disciplina mental, trabajo energético, meditación, símbolos, mantras, superación del ego, etc. El sexo ritual existe en algunas corrientes tántricas, sí, pero no es el centro universal de la doctrina.
Daedone tomaba varias piezas de ahí:
- la idea de que la energía sexual tiene un potencial transformador;
- la noción de “presencia” y atención plena durante el acto;
- el discurso de romper tabúes sociales para alcanzar libertad;
- y cierta estética de iluminación espiritual mediante el cuerpo.
Pero luego lo empaquetaba en un método ultracodificado, cuantificable y comercial: la famosa “orgasmic meditation”. Ahí muchos críticos ven una deformación muy Silicon Valley del tantra: convertir una tradición espiritual compleja en una especie de hack emocional y sexual optimizable.
También usaba vocabulario cercano al budismo moderno y al mindfulness: conciencia plena, disolución del ego, conexión, compasión, presencia corporal… Ella misma contó que había pensado en hacerse monja budista y que buscaba una experiencia de trascendencia a través del cuerpo.
¿Dónde dicen que manipuló o tergiversó las fuentes?
Principalmente en tres niveles.
Primero, simplificando doctrinas orientales para dar legitimidad “mística” a prácticas diseñadas por ella misma. Es decir: presentar OM como si fuera heredera de antiguas sabidurías espirituales cuando, en realidad, era un sistema bastante reciente armado con piezas cogidas de muchos sitios distintos. Incluso periodistas que investigaron el caso señalan que Daedone aprendió técnicas de comunidades sexuales californianas previas —como Morehouse— y luego las rebautizó con lenguaje espiritual y feminista.
Segundo, usando lenguaje terapéutico y pseudocientífico de forma muy expansiva. OneTaste sugería que la práctica podía curar traumas, ansiedad, bloqueos emocionales, problemas relacionales y hasta producir estados casi místicos. El problema es que gran parte de la “evidencia” venía de estudios internos o testimonios de la propia comunidad, no de investigación clínica sólida.
Y tercero —quizá lo más delicado—, reinterpretando el consentimiento desde una lógica espiritual. Según antiguos miembros, muchas situaciones incómodas o límites personales se reformulaban como “resistencia”, “miedo”, “bloqueo” o falta de evolución emocional. Ahí aparece un patrón muy típico de grupos coercitivos: si dudas, el problema eres tú y tu ego, no el sistema. Varias exintegrantes contaron que acabaron aceptando prácticas sexuales o dinámicas laborales que inicialmente no querían porque se les convencía de que eso era necesario para crecer o sanar.
Y eso conecta con otra crítica fuerte desde el budismo serio y el tantra tradicional: que Daedone separó técnicas supuestamente “espirituales” de los marcos éticos que normalmente las acompañan. En muchas tradiciones tántricas auténticas hay reglas, disciplina, preparación, límites y contextos rituales muy estrictos. En OneTaste, según los críticos, se conservaba el aura de trascendencia pero dentro de una empresa orientada al crecimiento económico y la captación intensiva de miembros.
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