La figura de John O'Neill se convirtió casi en material de leyenda tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Para muchos periodistas y ex compañeros, O'Neill fue uno de los hombres que más claramente advirtió antes del 11-S que Osama bin Laden y Al Qaeda estaban preparando un gran golpe contra Estados Unidos, posiblemente en New York City y específicamente contra el World Trade Center.
Carrera de John O'Neill en el FBI
O'Neill entró en el Federal Bureau of Investigation en los años 70 y terminó convirtiéndose en uno de los mayores especialistas estadounidenses en terrorismo islamista. Tenía fama de brillante, agresivo, obsesivo con el trabajo y extraordinariamente carismático.
Durante los años 90 fue escalando hasta dirigir investigaciones clave relacionadas con Al Qaeda:
- El atentado de 1993 contra el World Trade Center.
- Los atentados de 1998 contra las embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam.
- El ataque de 2000 contra el destructor de la Armada estadounidense USS Cole en Aden.
Tras el atentado al USS Cole, O'Neill quedó convencido de que Bin Laden estaba preparando algo mucho mayor. Chocó constantemente con la burocracia estadounidense y con autoridades saudíes y yemeníes, porque sentía que no se estaba tomando en serio la amenaza.
Muchos relatos posteriores lo describen prácticamente obsesionado con Al Qaeda. El libro The Looming Tower de Lawrence Wright ayudó enormemente a consolidar esa imagen.
Sus advertencias sobre las Torres Gemelas
Varias personas cercanas a O'Neill afirmaron después del 11-S que él llevaba tiempo diciendo que el siguiente gran objetivo sería Nueva York y, eventualmente, las Torres Gemelas.
No existe una prueba documental donde dijera literalmente “van a atacar las Torres Gemelas el 11 de septiembre”, pero sí abundan testimonios de colegas y amigos que recuerdan frases como:
- “Van a venir aquí”.
- “Van a atacar Estados Unidos en grande”.
- “Las Torres Gemelas volverán a ser objetivo”.
La ironía trágica es que, semanas antes del 11-S, O'Neill dejó el FBI y aceptó un puesto como jefe de seguridad del propio World Trade Center. Murió allí el 11 de septiembre de 2001 mientras ayudaba en las evacuaciones.
El famoso maletín perdido
Uno de los episodios más polémicos de su carrera fue la desaparición de un maletín con documentos sensibles en 2000.
Mientras asistía a una conferencia en Tampa, O'Neill dejó el maletín en un coche. El problema no fue solo el robo, sino que el maletín se encontraba en circunstancias comprometedoras: según diversas investigaciones periodísticas, estaba en un club nocturno o en un entorno social donde oficialmente no debía encontrarse un alto responsable antiterrorista del FBI.
Aunque el maletín apareció después y aparentemente no faltaba documentación clasificada crítica, el incidente dañó gravemente su reputación dentro del FBI. Sus enemigos internos aprovecharon el episodio para cuestionar su profesionalidad y su estilo de vida.
Muchos autores sostienen que aquel escándalo contribuyó decisivamente a su salida del FBI en 2001.
El “James Bond” del FBI
O'Neill tenía una personalidad totalmente fuera de lo habitual para un burócrata federal:
- Trajes caros.
- Relojes de lujo.
- Puros.
- Bares elegantes.
- Vida nocturna intensa.
- Gran facilidad para seducir.
- Relaciones constantes con periodistas, policías y diplomáticos.
Muchos compañeros lo describían como una mezcla entre policía brillante y personaje de película. Algunos admiraban su energía; otros pensaban que vivía muy por encima de lo que permitía el sueldo de un agente federal.
Esa imagen de “superagente tipo James Bond” generó recelos dentro del FBI, una organización tradicionalmente más conservadora y burocrática.
También existían rumores constantes sobre quién pagaba parte de ese estilo de vida: amigos ricos, contactos en restaurantes, favores personales o incluso relaciones con personas influyentes. Nunca se probó corrupción financiera importante, pero sí se consideraba que cruzaba frecuentemente líneas éticas internas.
Las amantes y la doble vida sentimental
Otro aspecto muy comentado de su vida fue su complejísima situación sentimental.
O'Neill estaba casado oficialmente, pero mantenía múltiples relaciones paralelas. Según investigaciones periodísticas y testimonios posteriores:
- Tenía amantes en distintas ciudades estadounidenses.
- Mantenía relaciones simultáneas muy intensas.
- Algunas parejas desconocían la existencia de las otras.
- Llegó a celebrarse una especie de segunda ceremonia matrimonial o compromiso clandestino con otra mujer sin que su esposa oficial supiera nada.
En ciertos relatos aparece prácticamente llevando vidas paralelas entre New York City y Washington, D.C..
Ese comportamiento alimentó todavía más su reputación de personaje novelesco y autodestructivo: brillantísimo profesionalmente, pero extremadamente caótico en su vida privada.
El mito posterior al 11-S
Después de los atentados, O'Neill pasó a simbolizar varias cosas al mismo tiempo:
- El funcionario que sí entendió la amenaza de Al Qaeda.
- El choque entre inteligencia y burocracia.
- Las rivalidades entre FBI y CIA antes del 11-S.
- El investigador brillante pero personalmente desordenado.
- El hombre que terminó muriendo exactamente en el lugar que llevaba años temiendo que sería atacado.
Su historia fue ampliamente reconstruida en:
- The Looming Tower
- The Looming Tower
- numerosos documentales sobre el 11-S y Al Qaeda.
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