Los esqueletos del antiguo puerto
Hasta comienzos de la década de 1980 se creía que la mayoría de los habitantes de Herculano habían conseguido escapar.
La razón era sencilla: durante las primeras excavaciones apenas habían aparecido cadáveres.
Sin embargo, entre 1980 y 1982 el arqueólogo Giuseppe Maggi dirigió las excavaciones del antiguo frente marítimo y descubrió una realidad completamente distinta.
En los llamados fornici —doce grandes cobertizos abovedados situados junto a la playa donde se guardaban embarcaciones y mercancías— aparecieron centenares de esqueletos.
Hoy se han recuperado restos de más de 300 individuos en esa zona, además de otros hallados en distintos puntos de la ciudad.
Aquellas personas habían buscado refugio esperando que el mar les permitiera escapar.
Nunca llegó esa oportunidad.
Cuando la primera corriente piroclástica alcanzó la costa, la temperatura era tan elevada que la muerte fue prácticamente instantánea.
¿Quiénes eran?
Durante mucho tiempo se pensó que aquellos esqueletos pertenecían sobre todo a esclavos.
Hoy sabemos que la realidad era mucho más diversa.
Entre ellos había:
- hombres adultos;
- mujeres;
- ancianos;
- adolescentes;
- niños pequeños;
- bebés.
Los análisis antropológicos muestran una mezcla de clases sociales.
Había personas acomodadas, reconocibles por joyas de oro, anillos y brazaletes.
También había trabajadores manuales.
Y, con toda probabilidad, esclavos y libertos.
En otras palabras, el puerto se convirtió en el último refugio común de casi toda la sociedad de Herculano.
El hombre de la playa
Uno de los descubrimientos más famosos fue el denominado "esqueleto de la playa", encontrado cerca de una embarcación militar.
Durante años fue el único cadáver conocido de Herculano.
Inicialmente se creyó que era un simple soldado.
Los estudios posteriores revelaron que probablemente pertenecía a un oficial relacionado con una operación de rescate organizada desde la flota romana de Miseno, aunque esta interpretación sigue siendo debatida entre los especialistas.
Junto a él aparecieron herramientas propias de un marino y un cinturón militar cuidadosamente decorado.
Su presencia constituye una de las pocas evidencias materiales que podrían relacionarse con la expedición de socorro enviada por Plinio el Viejo.
La extraordinaria embarcación del puerto
Uno de los descubrimientos más espectaculares realizados en el antiguo litoral fue una pequeña embarcación romana de madera, hallada prácticamente donde había quedado varada por la erupción.
La conservación resulta casi milagrosa.
En la mayoría de los yacimientos romanos la madera desaparece completamente.
Aquí ocurrió lo contrario.
La enorme masa de ceniza caliente carbonizó la superficie de la madera y, al quedar sellada sin apenas oxígeno, impidió que los microorganismos la destruyeran.
Los arqueólogos pudieron estudiar:
- la quilla;
- las cuadernas;
- el sistema de ensamblaje;
- los remos;
- fragmentos de cabos;
- diversos utensilios náuticos.
La embarcación medía aproximadamente 9 metros de eslora y estaba construida mediante la técnica romana tradicional de ensamblaje con espigas y mortajas.
No era un gran barco mercante.
Era una embarcación costera.
Podía utilizarse para la pesca, el transporte de mercancías ligeras o el servicio portuario.
Muchos especialistas consideran que pertenecía a la infraestructura del puerto y pudo emplearse también en labores de salvamento o transporte de personas.
Gracias a este hallazgo conocemos con gran precisión cómo se construían las pequeñas embarcaciones romanas del siglo I.
¿Qué comían los trabajadores?
Uno de los grandes avances de la arqueología moderna consiste en analizar los huesos mediante isótopos estables.
Estos estudios permiten reconstruir parcialmente la alimentación durante los últimos años de vida.
Los resultados obtenidos en Herculano son extraordinariamente reveladores.
La dieta era claramente mediterránea.
Consumían enormes cantidades de:
- trigo;
- cebada;
- legumbres;
- habas;
- lentejas;
- aceitunas;
- aceite de oliva;
- higos;
- uvas;
- frutos secos.
Pero, a diferencia de muchas otras ciudades romanas, los habitantes de Herculano también consumían una cantidad relativamente alta de productos marinos.
Los análisis isotópicos indican una presencia significativa de proteínas procedentes del pescado y del marisco, especialmente entre los hombres, quizá porque realizaban actividades marítimas o tenían un acceso diferente a determinados alimentos.
No era extraño.
Vivían junto al mar.
La pesca constituía una actividad económica fundamental.
Eran personas sorprendentemente fuertes
Los estudios osteológicos muestran individuos con una musculatura extraordinariamente desarrollada.
Los huesos conservan señales del esfuerzo físico.
En numerosas personas aparecen:
- inserciones musculares muy marcadas;
- hombros extremadamente robustos;
- brazos muy desarrollados;
- vértebras con signos de cargas repetidas;
- rodillas desgastadas;
- tobillos sometidos a enorme esfuerzo.
Todo ello indica una vida de trabajo físico intenso.
Los estibadores del puerto probablemente cargaban sacos, ánforas, bloques de piedra y mercancías durante años.
Los pescadores remaban diariamente.
Los albañiles levantaban sillares.
Los carpinteros manejaban grandes vigas.
Los herreros trabajaban continuamente con martillos pesados.
¿Eran esclavos?
Algunos sí.
Pero no todos.
Ese es uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología moderna.
Durante mucho tiempo se pensó que el trabajo físico pertenecía exclusivamente a los esclavos.
La realidad romana era mucho más compleja.
Existían:
- esclavos;
- libertos;
- jornaleros libres;
- artesanos independientes;
- pequeños comerciantes.
Todos podían realizar trabajos muy duros.
Muchos libertos prosperaban económicamente tras obtener la libertad, pero seguían ejerciendo el oficio aprendido durante su esclavitud.
No era raro encontrar antiguos esclavos convertidos en propietarios de talleres.
La vida de un esclavo
Los esqueletos permiten identificar algunos rasgos compatibles con vidas especialmente duras, aunque no es posible determinar con certeza si un individuo concreto fue esclavo solo por sus restos óseos.
Muchos presentan:
- fracturas antiguas consolidadas;
- artrosis precoz;
- desgaste vertebral;
- lesiones en hombros y rodillas;
- desgaste intenso de la dentición.
Estas alteraciones reflejan años de esfuerzo físico continuado.
Sin embargo, sorprendentemente, el estado nutricional de buena parte de la población era mejor de lo que durante mucho tiempo imaginaron los historiadores.
No encontramos señales generalizadas de hambrunas crónicas.
La alimentación, aunque sencilla, era suficiente para sostener un trabajo intenso.
Una esperanza de vida engañosa
La esperanza media de vida en el Imperio romano rondaba los treinta años, pero esa cifra está muy condicionada por la enorme mortalidad infantil.
Quien superaba la infancia podía alcanzar con relativa frecuencia los cincuenta o incluso los sesenta años.
En Herculano han aparecido individuos ancianos que seguían realizando actividad física.
Muchos presentan desgaste articular compatible con décadas de trabajo.
El trabajo dejaba su firma en el esqueleto
Los antropólogos suelen decir que el hueso recuerda.
Cada músculo que tira continuamente del esqueleto modifica lentamente su superficie.
Cada articulación sometida a esfuerzo cambia su forma.
Cada lesión deja una cicatriz.
Los habitantes de Herculano trabajaban con su cuerpo todos los días.
Y ese cuerpo quedó literalmente registrado en sus huesos durante casi dos mil años.
Por eso, cuando hoy un antropólogo observa aquellos esqueletos, no solo puede estimar la edad o el sexo. Puede reconstruir, con bastante aproximación, si una persona remaba con frecuencia, cargaba pesos, caminaba largas distancias o realizaba tareas repetitivas con los brazos.
Es uno de los motivos por los que Herculano constituye un yacimiento excepcional: no solo conserva edificios y objetos, sino también una parte de la biografía física de quienes los habitaron. En cierto sentido, sus huesos siguen contando la historia de su vida cotidiana mucho después de que el Vesubio silenciara la ciudad.
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