La lancha torpedera PT-109, comandada por el joven teniente y futuro presidente John F. Kennedy, protagonizó una de las historias de supervivencia más célebres de la Segunda Guerra Mundial, marcada por el heroísmo individual, la intervención crucial de exploradores nativos y un injusto episodio de marginación colonial.
El incidente de la PT-109 y el rescate
En la noche del 2 de agosto de 1943, la PT-109 patrullaba el estrecho de Blackett en las Islas Salomón para interceptar convoyes de suministro japoneses. En medio de la oscuridad absoluta, el destructor nipón Amagiri embistió la pequeña lancha de madera, partiéndola en dos.
- El naufragio: Dos tripulantes murieron instantáneamente. Los 11 supervivientes se aferraron a los restos flotantes antes de que el casco se hundiera por completo.
- La hazaña de Kennedy: Kennedy demostró un enorme liderazgo al guiar a sus hombres nadando hacia un pequeño islote deshabitado (hoy llamado isla Kennedy). El oficial remolcó durante más de tres horas a su compañero gravemente herido, Patrick McMahon, sujetando la correa de su chaleco salvavidas entre los dientes.
- El encuentro: Tras varios días alimentándose únicamente de cocos y nadando entre islas buscando ayuda, Kennedy y su compañero George Ross toparon en la isla de Naru con dos nativos melanesios.
El rol crucial de los nativos y el mensaje en el coco
Los dos jóvenes isleños eran Biuku Gasa y Eroni Kumana, quienes operaban de manera clandestina como exploradores para los Coastwatchers (vigilantes de la costa de la Marina Real Australiana).
Al no hablar el mismo idioma y ante el peligro de las patrullas enemigas, Gasa sugirió una solución ingeniosa:
- El mensaje tallado: Kennedy utilizó su cuchillo para grabar un angustioso mensaje de socorro en la corteza de un coco verde.
- La travesía en cayuco: Gasa y Kumana remaron en una precaria canoa más de 50 kilómetros a través de aguas fuertemente vigiladas por los japoneses para entregar el coco al puesto aliado en la isla de Rendova.
- El desenlace: Gracias a su valentía, el 8 de agosto de 1943 la tripulación fue rescatada con éxito por la lancha PT-157. Años más tarde, ya como presidente de los Estados Unidos, Kennedy utilizó ese histórico coco como pisapapeles en el Despacho Oval de la Casa Blanca.
El injusto trato: la visita frustrada a la Casa Blanca
Cuando John F. Kennedy asumió la presidencia en 1961, no olvidó a los hombres que le salvaron la vida e invitó formalmente a Biuku Gasa y Eroni Kumana a Washington para asistir a su ceremonia de investidura presidencial. Sin embargo, este viaje jamás llegó a realizarse debido al racismo y al paternalismo de la administración colonial:
- El boicot colonial: Las autoridades coloniales británicas de la época detuvieron a los dos nativos en el aeropuerto de Honiara.
- La excusa oficial: Les prohibieron embarcar alegando de manera despectiva que no hablaban inglés y que su falta de vestimenta e instrucción "occidental" avergonzaría al protectorado ante los medios internacionales.
- Consecuencias: Los enviados británicos enviaron en su lugar a funcionarios coloniales blancos. Gasa y Kumana se enteraron de la muerte de Kennedy en 1963 sin haber tenido la oportunidad de volver a abrazar a su amigo. El reconocimiento oficial tardó décadas en llegar; en 2002, la familia Kennedy viajó a las islas para entregarles una estatua en agradecimiento.
El hallazgo arqueológico en 2002
Tras casi sesenta años perdida en el fondo marino, la mítica embarcación fue localizada en mayo de 2002. El descubrimiento fue obra del célebre arqueólogo subacuático y oceanógrafo norteamericano Robert Ballard—famoso mundialmente por haber descubierto previamente los restos del RMS Titanic—como parte de una expedición financiada por la National Geographic Society.
- Localización: El pecio se halló a 360 metros de profundidad en el estrecho de Blackett, enterrado bajo densas dunas de arena movediza y sometido a corrientes extremas.
- Evidencias: Utilizando vehículos operados a distancia (ROV), el equipo de Ballard identificó un tubo lanzatorpedos Mark 18 y una batería que coincidían exactamente con las especificaciones de la torpedera Elco estadounidense.
- Respeto al santuario: Siguiendo la normativa de la Armada de EE. UU. y por petición de la familia Kennedy, los restos no fueron excavados ni extraídos. Permanecen intactos en el lecho marino de las Islas Salomón como un memorial de guerra.

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