El castigo de Tito Pullo en Alesia.
La escena está inspirada en un episodio real relatado por Julius Caesar en los Comentarios sobre la guerra de las Galias. Allí aparecen dos centuriones rivales llamados Lucius Vorenus y Titus Pullo que compiten por demostrar su valor.
En la serie, Pullo abandona la formación durante la campaña de Alesia para perseguir enemigos y saquear. Desde una mentalidad moderna parece una simple imprudencia, pero para un romano era una falta gravísima.
La fuerza de la legión no residía en el heroísmo individual sino en mantener la línea cerrada. Un soldado que rompía la formación podía:
- abrir una brecha;
- provocar bajas en sus compañeros;
- poner en peligro toda la maniobra táctica.
Por eso el castigo que recibe resulta bastante creíble:
- pérdida de la parte correspondiente del botín;
- degradación social dentro de la unidad;
- encarcelamiento en condiciones miserables.
La ergástula (ergastulum) era normalmente una prisión o barracón de trabajo forzado para esclavos rurales. La serie probablemente exagera al usarla literalmente para un legionario, pero transmite bien la idea de humillación pública.
De hecho, si se hubiera aplicado el reglamento militar con todo rigor, Pullo podría haber enfrentado algo mucho peor. Los romanos castigaban la cobardía, la desobediencia o el abandono del puesto con enorme severidad. La famosa fustuarium consistía en la ejecución a golpes por los propios compañeros de unidad.
Por eso el castigo de Pullo es casi una versión moderada destinada a que el personaje pueda seguir existiendo en la trama.
Voreno como pater familias
El caso de Lucius Vorenus es aún más complejo.
La serie lo presenta como el romano tradicional ideal:
- disciplinado;
- conservador;
- obsesionado con el honor;
- defensor de la familia y de las costumbres ancestrales.
Cuando asciende socialmente y llega al Senado, esa mentalidad no desaparece. Al contrario: se vuelve más rígida.
En Roma el pater familias era el jefe legal y religioso de toda la casa. Su autoridad (patria potestas) se extendía sobre:
- esposa;
- hijos;
- esclavos;
- libertos dependientes.
Ahora bien, aquí la serie mezcla realidad histórica y dramatización.
Legalmente, en la época tardorrepublicana un marido no podía simplemente matar a su esposa impunemente porque hubiera cometido adulterio. Sin embargo, el adulterio sí suponía:
- una enorme deshonra;
- posible divorcio;
- pérdida de prestigio familiar;
- conflictos violentos entre familias.
Lo que importa en la serie no es tanto la ley como la mentalidad de Voreno.
¿Por qué Niobe se suicida?
Niobe sabe perfectamente quién es su marido.
Durante años ha ocultado que el niño que todos creen muerto en realidad sobrevivió y que fue criado como su nieto.
Desde nuestra perspectiva actual, eso parece una mentira familiar grave.
Desde la perspectiva romana de Voreno es mucho peor:
- engaño continuado durante años;
- adulterio (o lo que él interpreta como adulterio);
- falsificación de la genealogía familiar;
- deshonra pública.
Cuando Voreno descubre la verdad, ella comprende inmediatamente la magnitud de la catástrofe.
La escena es brillante porque Voreno nunca llega a matarla.
Ni siquiera tiene tiempo.
Niobe ve en su rostro una mezcla de:
- furia;
- humillación;
- sensación de traición absoluta.
Y concluye que ya no existe reconciliación posible.
Por eso se arroja desde el balcón.
Históricamente, el suicidio femenino para evitar una deshonra o un castigo familiar tiene precedentes en la cultura romana, aunque la situación concreta es ficticia.
Lo más romano de toda la escena
Lo más interesante es que la tragedia no nace del odio.
Voreno sigue amando a Niobe.
Y Niobe sigue amando a Voreno.
El problema es que ambos están atrapados por conceptos romanos de:
- honor (honor);
- deber (officium);
- reputación familiar (dignitas);
- autoridad paterna (patria potestas).
Un espectador moderno suele pensar: «podrían haber hablado».
Un romano de la mentalidad de Voreno probablemente habría pensado: «¿cómo ha podido ocultarse algo así durante tantos años?».
La serie consigue que el choque entre esas dos formas de entender la familia sea devastador. De hecho, la muerte de Niobe es posiblemente el acontecimiento que más transforma a Voreno en toda la serie: después de perderla, nunca vuelve a ser el romano seguro y rígido que era al principio. Su descenso posterior hacia los bajos fondos, las bandas armadas y la desesperación nace en gran medida de ese momento.
La ropa femenina es precisamente uno de los aspectos en los que Roma destacó más. Los diseñadores evitaron el cliché de todas las mujeres vestidas con togas blancas. De hecho, una mujer romana respetable no llevaba toga; la toga era una prenda masculina y, en ciertos períodos, incluso podía asociarse a prostitutas o mujeres públicamente deshonradas.
Las prendas femeninas que más aparecen en la serie
La túnica (tunica)
Es la prenda básica.
La llevan prácticamente todas las mujeres de la serie:
- esclavas;
- plebeyas;
- aristócratas.
Consiste en una o dos capas de lino o lana sujetas mediante cinturones.
Cuando observas a personajes como Niobe, muchas veces aparece simplemente con túnicas modestas de colores apagados porque pertenece a una familia plebeya.
La estola (stola)
Es la prenda que identifica a la mujer casada respetable.
Se llevaba encima de la túnica y normalmente era más larga y elegante.
En la serie suele verse en:
- Atia of the Julii
- Octavia of the Julii
- otras mujeres senatoriales.
Los diseñadores usaron colores intensos:
- azafrán;
- rojo oscuro;
- azul;
- verde.
Eso es bastante correcto históricamente. Roma era mucho más colorida de lo que suele imaginarse.
La palla
Era el equivalente a un manto exterior.
La palla podía:
- cubrir la cabeza;
- cubrir los hombros;
- servir como señal de modestia en público.
Las mujeres aristocráticas de la serie la usan frecuentemente cuando aparecen en ceremonias religiosas o actos públicos.
Lo que lleva Atia y por qué resulta tan llamativo
Atia es probablemente el personaje cuyo vestuario menos se parece a una matrona romana corriente y más a una interpretación moderna de una aristócrata poderosa.
Atia of the Julii aparece con:
- escotes relativamente pronunciados;
- telas semitransparentes;
- joyería abundante;
- peinados muy elaborados.
Esto no es completamente inventado.
Los frescos de Pompeya muestran que las mujeres ricas podían vestir de forma bastante sofisticada y sensual dentro de los límites sociales romanos.
Lo que hace la serie es exagerar ese aspecto para comunicar visualmente:
- poder;
- riqueza;
- ambición;
- sexualidad.
Por eso Atia parece casi una celebridad moderna atrapada en la Roma republicana.
La ropa interior femenina
Éste es uno de los detalles más curiosos.
Las mujeres podían llevar:
Strophium o mamillare
Una banda de tela que sujetaba el pecho.
Se parecía más a un sujetador deportivo que a un corsé.
Las famosas "chicas en bikini" de la Villa Romana del Casale muestran una prenda muy parecida.
Subligaculum
Una especie de braguita o taparrabos.
No era obligatoria.
Muchas mujeres probablemente no llevaban nada debajo de la túnica en la vida cotidiana.
La serie rara vez muestra estas prendas directamente, pero cuando aparecen escenas íntimas se aprecia que el departamento de vestuario conocía bien la evidencia arqueológica.
Los colores y tejidos
Una cosa que Roma hace muy bien es la diferencia social mediante la ropa.
Niobe y las mujeres plebeyas
- lana;
- lino basto;
- tonos marrones;
- ocres;
- grises.
Atia y Octavia
- tejidos finos;
- tintes caros;
- púrpuras;
- amarillos azafrán;
- bordados.
Esclavas
- túnicas muy simples;
- casi sin adornos;
- colores apagados.
Sin que nadie lo explique, el espectador entiende inmediatamente la posición social de cada personaje.
El detalle más realista de toda la serie
Probablemente no son las joyas ni las túnicas.
Es la suciedad.
En muchas producciones antiguas la ropa parece recién salida de una tintorería.
En Roma:
- las prendas tienen arrugas;
- aparecen remiendos;
- los blancos son amarillentos;
- las telas muestran desgaste.
Eso coincide bastante bien con lo que sabemos de la vida cotidiana romana.
De hecho, cuando comparas a Niobe en los primeros episodios con Atia, estás viendo dos mundos textiles completamente distintos: una familia plebeya que reutiliza y remienda cada prenda frente a una de las casas más ricas de la República, capaz de importar tintes, joyas y tejidos de lujo de todo el Mediterráneo. Esa diferencia visual es una de las razones por las que la serie sigue siendo tan convincente veinte años después de su estreno.
La lavandería romana es uno de esos temas que parecen anecdóticos hasta que descubres que detrás había toda una industria. Y sí, una de las cosas que más sorprende es que la orina era un producto de limpieza valioso.
¿Qué era una fulónica?
Una fulónica (fullonica en latín) era un taller especializado en:
- lavar ropa;
- blanquear tejidos;
- quitar manchas;
- reacondicionar prendas usadas;
- teñir o reteñir telas.
Había fulónicas pequeñas y otras enormes. Las mejor conservadas se han encontrado en Pompeii Archaeological Park y Herculaneum.
Algunas ocupaban edificios enteros con patios, depósitos, pilas de lavado y zonas para secado.
¿Cómo se lavaba la ropa?
El proceso era bastante laborioso.
1. Remojo en grandes cubetas
La ropa se introducía en recipientes de piedra llenos de:
- agua;
- arcillas detergentes;
- cenizas;
- orina fermentada.
La orina contiene amoníaco, que ayuda a eliminar grasa y suciedad.
Por desagradable que nos parezca, químicamente funciona.
2. Pisado de las prendas
Ésta es la parte más famosa.
Los trabajadores entraban descalzos en las cubetas y pisaban la ropa durante largos períodos.
Algo parecido al prensado tradicional de uvas.
El objetivo era:
- aflojar la suciedad;
- distribuir los productos limpiadores;
- desengrasar la tela.
Los mosaicos romanos muestran a los fullones trabajando exactamente así.
3. Aclarado
Después se trasladaba la ropa a otras pilas con agua limpia.
Las prendas se aclaraban varias veces para eliminar residuos.
Las fulónicas importantes tenían sistemas de depósitos conectados que permitían aprovechar el agua de manera escalonada.
4. Blanqueado y acabado
Algunas prendas se sometían a tratamientos adicionales.
Podían:
- exponerse a vapores sulfurosos;
- cepillarse;
- cardarse;
- perfumarse.
Las togas blancas de los políticos requerían cuidados especiales porque la blancura era un símbolo de prestigio.
De hecho, la palabra "candidato" proviene de candidus ("blanco brillante"), porque los aspirantes a cargos públicos llevaban togas especialmente blanqueadas.
¿De dónde sacaban tanta orina?
Aquí viene uno de los detalles más romanos.
Había recipientes públicos colocados en calles y esquinas para recogerla.
Los propietarios de fulónicas compraban o recogían ese material para sus talleres.
El negocio llegó a ser tan rentable que el emperador Vespasian impuso un impuesto sobre su comercio.
Cuando su hijo criticó el impuesto, según la tradición, Vespasiano le mostró una moneda procedente de esa recaudación y le preguntó si olía mal.
De ahí procede la famosa expresión:
Pecunia non olet.
"El dinero no huele."
¿Lavaban toda la ropa en una fulónica?
No.
La mayoría de las familias hacían parte de la colada en casa.
Las mujeres, esclavos o sirvientes podían:
- lavar prendas sencillas;
- remendar ropa;
- quitar manchas pequeñas.
Las fulónicas se utilizaban sobre todo para:
- prendas costosas;
- togas;
- mantos finos;
- ropa de clientes acomodados.
Sería parecido a la diferencia actual entre lavar una camiseta en casa y llevar un traje a una tintorería.
¿Qué pasaba con la ropa de los pobres?
La ropa era mucho más cara de producir que hoy.
Un romano corriente no tenía un armario lleno de prendas.
Las túnicas se:
- remendaban;
- heredaban;
- revendían;
- transformaban.
Por eso en la serie Roma vemos tantas costuras, parches y telas desgastadas en personajes como Lucius Vorenus y Niobe durante los primeros episodios.
Eso es históricamente muy plausible.
Lo que la serie Roma acierta especialmente bien
Cuando aparecen las calles del Aventino o los barrios populares, la ropa nunca parece recién confeccionada.
Las túnicas muestran:
- decoloración desigual;
- manchas antiguas;
- bordes gastados;
- remiendos visibles.
Los diseñadores entendieron algo fundamental: para un romano común, una túnica era una posesión valiosa que podía durar años. La imagen moderna de gente cambiando de ropa constantemente habría resultado extrañísima para la inmensa mayoría de los habitantes de la República tardía.
Por eso una fulónica no era simplemente una lavandería. Era una mezcla de lavandería, tintorería, taller textil y centro de reacondicionamiento, una pieza esencial de la economía urbana romana.




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