lunes, 8 de junio de 2026

Viajar en tren de vapor por la India.

 La legendaria Fairy Queen —en hindi muchas veces llamada “la Reina de las Hadas”— es una de esas máquinas que parecen sacadas de una novela victoriana. Fue construida en 1855 en Leeds, Inglaterra, por la firma Kitson, Thompson & Hewitson, para la East Indian Railway. Lo asombroso es que sigue funcionando: durante décadas fue considerada por Guinness World Records como la locomotora de vapor operativa más antigua del planeta.


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La locomotora empezó transportando correo y pasajeros entre Howrah y Raniganj, en el este de la India colonial. Incluso arrastró trenes militares durante la rebelión india de 1857, un detalle histórico bastante potente: esta máquina literalmente atravesó el siglo XIX en activo. Después quedó apartada y preservada, pasando años como pieza estática hasta que Indian Railways la restauró en los años noventa. Desde 1997 volvió a circular en servicios turísticos patrimoniales.

Lo bonito de la Fairy Queen no es la velocidad —apenas ronda los 40 km/h— sino la experiencia: humo de carbón, silbato agudo, olor metálico y ese ritmo pausado que convierte el trayecto en una cápsula del tiempo. Mucha gente que la ha visto en funcionamiento habla del sonido como algo hipnótico. En comunidades ferroviarias de Reddit hay auténtica devoción por ella; varios aficionados comentan que verla en marcha es “un viaje al siglo XIX”.

Hoy la locomotora suele estar vinculada al depósito histórico de Rewari, cerca de Delhi, y aparece en servicios especiales y eventos patrimoniales más que en una línea turística regular fija.

Si quieres vivir algo parecido en India, hay varias experiencias ferroviarias espectaculares, y sinceramente el país es probablemente uno de los mejores lugares del mundo para el turismo de trenes históricos.

El más famoso es el ferrocarril de montaña de Darjeeling, el mítico Darjeeling Himalayan Railway, declarado Patrimonio de la Humanidad. Sus pequeñas locomotoras de vapor B-Class suben entre plantaciones de té y niebla himalaya. Es menos “lujo” y más sensación de aventura antigua. Hay momentos en que el tren pasa literalmente rozando casas y mercados.

Otro imprescindible es el Nilgiri Mountain Railway, en el sur. Aquí las locomotoras funcionan con sistema de cremallera para subir pendientes brutales hacia Ooty. El paisaje cambia de jungla tropical a colinas cubiertas de eucaliptos y té. Mucha gente considera este trayecto el más cinematográfico de India.

El Kalka-Shimla Railway es distinto: menos vapor clásico hoy en día, pero una maravilla de ingeniería colonial con puentes, túneles y estaciones diminutas perdidas entre montañas.

Y si quieres algo más elegante, existe el famoso Palace on Wheels, un tren turístico de lujo inspirado en los vagones de antiguos maharajás. No tiene la autenticidad industrial romántica de la Fairy Queen, pero sí una experiencia muy cómoda para recorrer Rajastán.

Para alguien realmente aficionado al vapor, yo haría una combinación muy concreta: Delhi + museo ferroviario + Rewari Steam Shed + alguna salida patrimonial si coincide en fechas, y después enlazaría con Darjeeling o Nilgiri. Ahí ya no es solo transporte; es cultura ferroviaria viva.

Además, India conserva algo que en Europa casi ha desaparecido: la relación emocional con el tren. Allí las locomotoras históricas no se sienten como piezas muertas de museo, sino como máquinas todavía queridas por trabajadores, aficionados y viajeros. Eso se nota muchísimo en los recorridos patrimoniales y en el entusiasmo de la gente alrededor de estas locomotoras.



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