Tres historias extraordinarias de la conservación natural y artificial de los cuerpos
Ötzi, el Hombre de Hielo: un hallazgo que cambió la arqueología
El 19 de septiembre de 1991, los excursionistas alemanes Erika y Helmut Simon recorrían un paso de alta montaña en los Alpes de Ötztal, a unos 3.210 metros de altitud, cuando observaron un cuerpo humano sobresaliendo del hielo. Creyeron que pertenecía a un montañero fallecido recientemente, algo relativamente frecuente en los glaciares alpinos. Avisaron a las autoridades, que iniciaron una recuperación improvisada.
Nadie sospechaba que aquel cadáver llevaba más de 5.300 años atrapado en el hielo y que se convertiría en la momia natural más famosa del mundo: Ötzi, el Hombre de Hielo.
Los daños sufridos durante la extracción
Al pensar que era un cadáver moderno, el rescate no siguió protocolos arqueológicos.
Durante la recuperación se produjeron diversos daños:
- Se emplearon piolets, martillos neumáticos y palancas para romper el hielo.
- La cadera y parte del muslo izquierdo sufrieron pequeñas fracturas.
- Se dañó parcialmente la piel de la espalda y de la pelvis.
- Algunas piezas de su equipo quedaron desplazadas antes de documentar su posición original.
- El hacha de cobre fue retirada incluso antes de que el cuerpo pudiera extraerse completamente.
Las malas condiciones meteorológicas, la nieve y el desconocimiento del enorme valor arqueológico del hallazgo contribuyeron a estos desperfectos. Una vez comprendida su antigüedad, el tratamiento cambió radicalmente y comenzó una conservación extremadamente cuidadosa en cámaras frigoríficas que reproducen las condiciones del glaciar.
Lo que reveló Ötzi
Décadas de investigaciones han permitido reconstruir buena parte de su vida:
- murió hacia el año 3300 a. C.
- tenía unos 45 años;
- llevaba un hacha de cobre, un arco inacabado, flechas y un cuchillo de sílex;
- vestía prendas confeccionadas con pieles de varias especies;
- había comido carne de cabra montés, ciervo y cereales poco antes de morir;
- falleció tras recibir un flechazo en la espalda que le lesionó una arteria, probablemente durante un enfrentamiento violento.
Las momias ahumadas de Papúa Nueva Guinea
Mientras Ötzi fue preservado por el hielo, en las montañas orientales de Papúa Nueva Guinea existe una tradición completamente distinta: la momificación mediante humo.
La practican algunos grupos del pueblo Anga, habitantes de bosques montañosos de difícil acceso.
¿Cómo se confeccionan?
Tras la muerte del personaje importante:
- se vacían parcialmente algunos órganos internos;
- el cuerpo se deshidrata lentamente mediante el calor de pequeñas hogueras;
- el humo impregna los tejidos durante semanas;
- se utilizan aceites vegetales y arcillas para proteger la piel;
- finalmente la momia adopta una postura sentada.
Después es colocada sobre plataformas o acantilados desde donde "vigila" el valle y a sus descendientes.
El resultado no es una momia congelada, sino un cuerpo extraordinariamente seco y endurecido.
¿Por qué sólo algunos individuos?
No cualquier persona recibe este tratamiento.
Tradicionalmente se reservaba para:
- grandes jefes;
- guerreros prestigiosos;
- cazadores excepcionales;
- ancianos considerados sabios.
La finalidad no era simplemente conservar el cadáver.
Según la cosmovisión Anga:
- los antepasados continúan protegiendo a la comunidad;
- la presencia física del cuerpo mantiene el vínculo espiritual;
- la momia simboliza autoridad, memoria y legitimidad del clan;
- actúa como intermediaria entre vivos y espíritus.
Durante las últimas décadas varias de estas momias han sido restauradas por especialistas locales e internacionales, ya que muchas estaban deteriorándose debido a la humedad y a los cambios ambientales.
Un rinoceronte lanudo dentro del estómago de un lobo momificado
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la paleogenómica se publicó en 2026.
En 2011 y 2015 aparecieron cerca del poblado siberiano de Tumat dos cachorros de lobo extraordinariamente conservados por el permafrost.
Durante la disección de uno de ellos, los investigadores encontraron en su estómago un trozo de músculo con pelo que apenas había comenzado a digerirse.
El análisis confirmó que pertenecía a un rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis).
La secuenciación del genoma
Lo realmente revolucionario fue que ese pequeño fragmento de tejido conservaba ADN de una calidad excepcional.
Los científicos consiguieron:
- reconstruir un genoma completo de alta calidad;
- comparar ese individuo con otros rinocerontes lanudos conocidos;
- estudiar la diversidad genética poco antes de la extinción de la especie.
Los resultados fueron inesperados.
Hasta entonces muchos investigadores pensaban que los rinocerontes lanudos habían sufrido una lenta decadencia genética.
Sin embargo, el estudio mostró que:
- la población aún mantenía una diversidad genética relativamente alta;
- no existían señales importantes de consanguinidad reciente;
- probablemente la especie desapareció de forma rápida cuando el clima cambió bruscamente al final de la última glaciación, en lugar de extinguirse tras una larga degradación genética.
¿Por qué es tan importante?
Es la primera vez que se obtiene el genoma completo de un animal extinto utilizando restos encontrados en el contenido estomacal de otro animal.
Este trabajo abre nuevas posibilidades para estudiar especies muy raras cuyos restos directos son escasos. El aparato digestivo congelado de depredadores puede conservar tejidos de presas en un estado excelente, convirtiéndose en una inesperada "cápsula del tiempo" genética.
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