Conshelf: el sueño de Jacques Cousteau de construir la primera colonia humana bajo el mar Rojo
A comienzos de la década de 1960, cuando el mundo estaba fascinado por la carrera espacial, Jacques-Yves Cousteau propuso una idea casi tan audaz como viajar a la Luna: demostrar que los seres humanos podían vivir durante semanas en el fondo del mar. Mientras Estados Unidos enviaba astronautas al espacio, Cousteau creó los primeros acuanautas, hombres que trabajarían y dormirían bajo el agua como si el océano fuese un nuevo continente. El proyecto recibió el nombre de Conshelf —abreviatura de Continental Shelf Station o Estación de la Plataforma Continental— y tuvo tres fases. Las dos primeras, Conshelf I y Conshelf II, sentaron las bases del buceo de saturación moderno y convirtieron los arrecifes del mar Rojo en el escenario del primer poblado submarino de la historia.
La idea de conquistar la plataforma continental
Cousteau estaba convencido de que el futuro de la humanidad pasaba también por el océano. Calculaba que la plataforma continental —la franja de mar poco profunda que rodea los continentes— contenía enormes recursos minerales, biológicos y energéticos. Si los científicos podían vivir allí durante largos periodos, ya no perderían horas subiendo y bajando desde la superficie y podrían trabajar igual que un investigador en una estación polar.
El principio físico que hacía posible aquella vida submarina era la saturación. Cuando un buzo permanece muchas horas a una misma profundidad, sus tejidos absorben todo el nitrógeno o el helio que pueden disolver. Una vez alcanzada esa saturación, puede permanecer días o semanas a esa presión sin aumentar el tiempo de descompresión. Solo necesita una larga descompresión al final de la misión. Este descubrimiento revolucionó el buceo científico y, más tarde, el industrial.
Conshelf I: la primera casa bajo el mar
El primer experimento comenzó en septiembre de 1962 frente a la isla de Frioul, cerca de Marsella. A apenas diez metros de profundidad se instaló una pequeña vivienda metálica cilíndrica suspendida sobre el fondo.
La estructura era sorprendentemente sencilla. Medía unos cinco metros de largo por algo más de dos metros de ancho y estaba dividida en cuatro pequeños compartimentos comunicados entre sí. No tenía una puerta convencional. La entrada era un pozo abierto en el suelo, conocido como moon pool: el aire del interior permanecía atrapado por la presión y el agua no subía más allá del nivel de la entrada.
Dentro apenas cabían dos personas.
Había dos literas, una mesa plegable, estanterías, un pequeño laboratorio, instrumentos médicos y un panel de comunicaciones. Un teléfono submarino unía la estación con el barco Calypso, mientras una cámara de televisión permitía observar continuamente a los ocupantes desde la superficie. También disponían de una radio y un televisor que recibía un único canal francés, algo extraordinario para 1962.
Los dos habitantes fueron Albert Falco, jefe de buceo de Cousteau, y Claude Wesly. Permanecieron siete días completos sin salir a la superficie.
Su rutina estaba perfectamente organizada. Dormían unas ocho horas, dedicaban cinco horas diarias a trabajar fuera del hábitat, realizaban observaciones biológicas, recogían muestras y comprobaban cómo respondían sus organismos a la presión. Cada día un médico descendía buceando para examinarlos: tensión arterial, respiración, reflejos, coordinación y estado psicológico.
La prueba fue un éxito fisiológico, pero reveló algo inesperado: el aislamiento afectaba al estado de ánimo. Albert Falco sufrió un episodio de tristeza hacia el tercer día y pidió que le llevaran discos de música clásica. Cousteau comprendió entonces que un hábitat submarino necesitaba ocuparse tanto de la mente como del cuerpo.
Conshelf II: una auténtica aldea submarina en el mar Rojo
En junio de 1963 Cousteau llevó la idea muchísimo más lejos. Eligió Sha'ab Rumi, un arrecife coralino situado a unos cuarenta kilómetros de Port Sudan, en la costa sudanesa del mar Rojo. Allí construyó el primer asentamiento humano permanente sobre el fondo marino.
El poblado estaba formado por cuatro estructuras principales conectadas por cables, tuberías y líneas eléctricas.
La Casa Estrella
La vivienda principal era la famosa Maison de l'Étoile o Casa Estrella.
Vista desde arriba parecía una estrella de mar de cinco brazos. Estaba construida en acero y descansaba sobre patas metálicas apoyadas en el coral a diez metros de profundidad.
Cada brazo tenía una función distinta:
dormitorio con literas,
cocina y comedor,
laboratorio biológico,
sala de control y comunicaciones,
almacén y equipos.
En el centro había una sala circular desde la que partían los cinco brazos. Grandes ventanas de plexiglás permitían contemplar continuamente el arrecife, de modo que los peces pasaban literalmente frente al salón de la casa.
La cabina profunda
A unos treinta metros de profundidad se instaló una segunda estación mucho más pequeña.
Dos acuanautas permanecieron allí una semana respirando heliox, una mezcla de helio y oxígeno. Era la primera vez que personas vivían durante días respirando helio para evitar la narcosis por nitrógeno.
El garaje del platillo submarino
Una tercera estructura, con forma de cebolla metálica, servía de hangar para el pequeño submarino SP-350 Denise, conocido popularmente como el platillo submarino.
Desde aquel garaje sumergido el submarino podía salir directamente desde el fondo y explorar profundidades de hasta trescientos metros. Fue uno de los primeros casos de un submarino operando desde una base submarina.
La infraestructura invisible
Aunque parecía una colonia autónoma, toda la vida dependía de dos barcos en superficie.
El Rosaldo suministraba:
aire comprimido,
electricidad,
agua dulce,
alimentos,
medicamentos,
comunicaciones telefónicas y televisión.
El Calypso actuaba como barco científico y centro de coordinación de toda la misión. Un panel de control en la Casa Estrella comunicaba con cámaras, hidrófonos, teléfonos y sistemas ultrasónicos que enlazaban constantemente con los barcos.
Cómo era la vida cotidiana de los cinco acuanautas
Cinco hombres vivieron treinta días completos en la Casa Estrella. Cousteau eligió deliberadamente personas normales, no atletas excepcionales, para demostrar que cualquier profesional bien entrenado podría trabajar bajo el mar. La media de edad rondaba los treinta y cinco años y varios tenían familia.
Su jornada comenzaba muy temprano.
Después del desayuno salían equipados con escafandras autónomas y trabajaban entre seis y ocho horas sobre el arrecife. Al regresar dejaban el equipo en la entrada inundada del hábitat y entraban secos en el interior.
Las tareas domésticas se repartían igual que en una casa:
cocinar,
limpiar,
revisar filtros,
controlar la presión,
vigilar las comunicaciones,
registrar observaciones científicas.
La humedad era constante y la temperatura interior alcanzaba más de treinta grados. Todo olía a sal y metal. La ropa nunca terminaba de secarse completamente.
Por la noche realizaban pruebas médicas y ejercicios de coordinación. Una de las más curiosas consistía en enhebrar agujas después de varias horas de trabajo submarino para comprobar si la presión afectaba a la motricidad fina.
Los experimentos científicos que realizaron
La misión no consistía únicamente en sobrevivir.
Los acuanautas realizaron experimentos de biología marina, fisiología humana y tecnología submarina.
Estudios sobre el cuerpo humano
Registraban continuamente:
ritmo cardíaco,
respiración,
sueño,
reflejos,
equilibrio,
consumo de oxígeno.
Se comprobó que el cuerpo se adaptaba sorprendentemente bien a vivir una atmósfera presurizada durante semanas.
Estudios del arrecife
Los buzos capturaban peces vivos utilizando redes alrededor de bloques de coral.
Los animales se introducían cuidadosamente en bolsas llenas de agua y se trasladaban a viveros instalados junto al hábitat para estudiar su comportamiento y fisiología. También observaron microorganismos y crecimiento de algas sobre las estructuras metálicas.
Tecnología submarina
Cada día limpiaban las paredes exteriores.
En el mar Rojo las algas tropicales crecían con enorme rapidez sobre ventanas, cúpulas y antenas. Aquello permitió estudiar la colonización biológica de estructuras artificiales en el océano.
El arrecife de Sha'ab Rumi: un jardín de coral lleno de vida
Los acuanautas describieron el arrecife del mar Rojo como un lugar donde la vida aparecía en todas direcciones. Las ventanas de la Casa Estrella funcionaban como un acuario natural permanente.
Peces de arrecife
Veían continuamente:
peces mariposa,
peces ángel emperador,
peces payaso,
peces loro,
peces cirujano,
peces mariposa de hocico largo,
peces damisela.
Los bancos de peces rodeaban el hábitat durante todo el día.
Peces grandes y depredadores
También aparecían:
meros gigantes,
peces napoleón,
jureles gigantes,
barracudas,
morenas verdes y morenas gigantes.
Las morenas vivían entre las grietas del coral y salían al anochecer.
Tortugas y mamíferos
Durante la misión observaron con frecuencia:
tortugas verdes,
tortugas carey,
delfines giradores cerca del arrecife.
Las tortugas se acercaban sin miedo a las ventanas.
Invertebrados espectaculares
Encontraron:
almejas gigantes,
estrellas corona de espinas,
lirios de mar,
pulpos,
sepias,
camarones limpiadores.
El arrecife cambiaba completamente entre el día y la noche, cuando aparecían crustáceos y cefalópodos ocultos durante las horas de luz.
Los tiburones del mar Rojo: los vecinos más temidos
El mar Rojo ya era famoso por su abundancia de tiburones.
Cousteau escribió que antes incluso de instalar la colonia un grupo de unos treinta tiburones escoltó al pequeño submarino Denise durante una inmersión en el golfo de Adén. Aquello convenció al equipo de que debía aprender a convivir con ellos.
Las especies observadas incluían:
tiburón gris de arrecife,
tiburón oceánico de puntas blancas,
tiburón martillo,
tiburón sedoso,
tiburón tigre ocasionalmente en aguas abiertas.
¿Cómo se defendían?
No llevaban armas de fuego submarinas de forma habitual.
Utilizaban varias estrategias:
Trajes plateados reflectantes. Algunos acuanautas llevaban trajes metalizados que reflejaban la luz y rompían la silueta humana. Cousteau pensaba que los tiburones reaccionaban menos agresivamente que ante el neopreno negro.
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Nunca bucear solo. Los equipos trabajaban siempre en parejas o grupos vigilándose mutuamente.
Mantener contacto visual. Si un tiburón se acercaba, el buzo se giraba hacia él y evitaba darle la espalda.
Bastones y cámaras. Llevaban objetos rígidos —como pértigas, cámaras o herramientas— para mantener distancia si un tiburón investigaba demasiado.
Jaulas antitiburón. Junto al hábitat instalaron varias jaulas metálicas donde podían refugiarse fotógrafos y científicos durante determinadas observaciones.
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Cousteau insistía en que la mayoría de los tiburones no atacaban espontáneamente. El peligro aumentaba cuando había peces heridos, sangre o movimientos caóticos.
La experiencia psicológica de vivir un mes bajo el agua
Los diarios de la misión muestran que la percepción del tiempo cambió.
Sin amanecer ni anochecer visibles desde el interior, el reloj se convirtió en la referencia principal. Muchos acuanautas afirmaban perder la sensación de que existía un mundo en la superficie.
Las ventanas producían un efecto curioso: mientras ellos cenaban, enormes peces pasaban lentamente frente al cristal como si miraran a los humanos en un acuario.
También aparecieron fenómenos de adaptación:
el silencio interior resultaba extraño tras horas escuchando burbujas y respiración;
el cuerpo se movía con más lentitud al volver al hábitat;
algunos tenían sueños relacionados con estar flotando.
Cousteau concluyó que el principal desafío futuro sería psicológico más que fisiológico.
¿Por qué las heridas cicatrizaban más deprisa bajo el agua?
Este fue uno de los hallazgos más comentados por Cousteau. Los pequeños cortes y raspaduras sufridos durante el trabajo en el coral parecían cerrar antes que en la superficie. La explicación es fisiológica y hoy se entiende bastante bien.
La presión aumenta el oxígeno disponible
En un hábitat de saturación la presión ambiental es aproximadamente el doble que en la superficie (a diez metros).
Eso significa que la presión parcial de oxígeno es mayor y el oxígeno se disuelve con más facilidad en la sangre y en los tejidos. Una mayor oxigenación favorece la formación de colágeno, la creación de nuevos vasos sanguíneos y la actividad de las células que reparan heridas.
Este mismo principio se utiliza actualmente en la oxigenoterapia hiperbárica para tratar heridas difíciles, quemaduras y lesiones por radiación.
Menor formación de edema
La presión hidrostática comprime ligeramente los tejidos.
Eso reduce la acumulación de líquido alrededor de heridas superficiales, disminuyendo inflamación y facilitando la cicatrización.
Ambiente muy limpio
Las heridas se producían normalmente bajo el agua, pero al entrar en el hábitat quedaban en un ambiente controlado, con aire filtrado y sin polvo. El riesgo de contaminación por microorganismos terrestres era menor que en la superficie.
¿Era una curación milagrosa?
No.
Los estudios posteriores mostraron que la mejora afecta sobre todo a heridas pequeñas y tejidos blandos. No acelera de manera extraordinaria la consolidación de fracturas ni sustituye un tratamiento médico. Cousteau observó el fenómeno empíricamente y décadas después la medicina hiperbárica explicó el mecanismo.
El final de la misión: la larga descompresión
Después de treinta días llegó la parte más delicada.
Los acuanautas no podían subir directamente a la superficie. Sus tejidos estaban saturados de gases y un ascenso rápido habría provocado enfermedad por descompresión.
Durante muchas horas respiraron mezclas de gases cuidadosamente controladas mientras la presión se reducía lentamente. En caso de emergencia existía una cápsula presurizada capaz de trasladar a un hombre desde el hábitat hasta una cámara hiperbárica instalada en el barco Rosaldo sin perder presión.
La operación terminó sin accidentes graves, demostrando que el buceo de saturación era viable para misiones prolongadas.
El legado de Conshelf
Aunque Cousteau imaginó ciudades submarinas permanentes, ese futuro nunca llegó a construirse. Sin embargo, Conshelf transformó la exploración oceánica.
Sus experimentos demostraron que los seres humanos podían vivir y trabajar semanas bajo el agua, inspiraron los programas estadounidenses SEALAB, los laboratorios submarinos Hydrolab y Aquarius, e incluso el programa NEEMO de la NASA, donde astronautas entrenan en un hábitat submarino para simular misiones espaciales.
La película documental El mundo sin sol (World Without Sun), rodada durante Conshelf II, ganó el Óscar al mejor documental en 1965 y convirtió aquella pequeña casa en forma de estrella, rodeada de corales y tiburones en el mar Rojo, en uno de los símbolos más duraderos de la exploración del océano.
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