La existencia de un zoológico en la Torre de Londres durante la Edad Media no es una leyenda, sino un hecho histórico bien documentado. Durante más de seiscientos años, desde comienzos del siglo XIII hasta 1835, la fortaleza albergó la Royal Menagerie, la colección de animales exóticos de los reyes de Inglaterra y el precedente directo del zoológico de Londres. Fue mucho más que un lugar de curiosidades: constituyó un poderoso símbolo de la autoridad de la monarquía inglesa, de sus relaciones diplomáticas con otras cortes y, con el tiempo, de la expansión de Inglaterra hacia territorios lejanos.
El primer zoológico de Inglaterra
La colección comenzó probablemente bajo el reinado de Juan Sin Tierra (1199-1216). Los registros de la Hacienda Real ya mencionan pagos destinados al mantenimiento de leones entre 1210 y 1212, lo que demuestra que la Torre ya albergaba animales salvajes antes del reinado de Enrique III.
La Torre de Londres era entonces una fortaleza, un palacio y un centro administrativo. Tener allí animales extraordinarios reforzaba la imagen del rey como soberano capaz de dominar criaturas procedentes de los confines del mundo conocido. En la mentalidad medieval, poseer animales exóticos equivalía a poseer una parte simbólica de los territorios de donde provenían.
La colección creció especialmente durante el reinado de Enrique III (1216-1272), gran aficionado a las bestias exóticas. Él ordenó construir instalaciones específicas para algunos animales y creó una organización permanente para su cuidado. A finales del siglo XIII, Eduardo I levantó junto a la entrada occidental una construcción conocida como la Lion Tower o Torre de los Leones, que se convirtió en el núcleo del zoológico. Allí permanecieron los grandes felinos durante siglos.
Los leones: emblema de la monarquía inglesa
Los primeros animales célebres fueron tres grandes felinos enviados en 1235 por el emperador Federico II Hohenstaufen con motivo del matrimonio de Enrique III con Leonor de Provenza. Las fuentes medievales hablan de «leopardos», pero en realidad probablemente eran leones. En la heráldica medieval inglesa se llamaba con frecuencia «leopardos» a los leones representados caminando y con la cabeza de frente, la postura heráldica conocida como passant guardant.
Estos animales tuvieron una enorme importancia simbólica. Los tres leones ya figuraban en las armas reales desde Ricardo Corazón de León, pero la llegada de los animales vivos reforzó todavía más esa identificación entre la dinastía Plantagenet y el león.
Los leones se convirtieron en la principal atracción del zoológico. Vivían en grandes jaulas de piedra y hierro, y sus rugidos impresionaban a quienes entraban en la fortaleza. Durante siglos fueron el símbolo por excelencia del poder real inglés.
Con el tiempo hubo muchos más leones. Algunos nacieron en cautividad y otros llegaron como regalos diplomáticos desde África, Oriente Próximo o la India. Incluso en el siglo XVII todavía seguían siendo la mayor atracción del recinto.
El elefante africano de Enrique III
En 1255 ocurrió uno de los acontecimientos más extraordinarios de la Inglaterra medieval: Luis IX de Francia (San Luis) regaló a Enrique III un elefante africano, probablemente recibido a su vez durante las Cruzadas o a través de contactos diplomáticos con Oriente. Era casi seguro el primer elefante visto en Inglaterra desde la época romana.
La llegada del animal causó sensación. Multitudes acudieron a la Torre para contemplarlo. El cronista Mateo Paris realizó incluso un dibujo del elefante en su Chronica Majora, una de las representaciones más famosas de un elefante en la Europa medieval.
El rey ordenó construir una casa especial para él, de unos doce metros de largo por seis de ancho. Tenía un cuidador exclusivo y recibía un mantenimiento mucho más caro que cualquier otro animal.
Sin embargo, el elefante apenas sobrevivió unos tres años y murió hacia 1258.
¿Le dieron vino?
Esta historia es parcialmente cierta.
Las fuentes medievales indican que el elefante recibía vino tinto como parte de su alimentación. En aquella época se creía que el vino tenía propiedades medicinales y fortalecía el cuerpo, especialmente en climas fríos. No significa necesariamente que se le dieran grandes cantidades para embriagarlo.
Algunos cronistas posteriores afirmaron que murió por beber demasiado vino, pero los historiadores modernos consideran más probable que influyeran varios factores:
una dieta completamente inadecuada para un elefante africano;
el frío y la humedad del invierno inglés;
el desconocimiento casi absoluto sobre las necesidades de la especie.
Es decir, la historia del vino tiene una base documental, pero no puede afirmarse con certeza que fuese la causa de su muerte.
El oso polar que pescaba en el Támesis
Otro regalo extraordinario llegó en 1252 desde Noruega.
El rey Haakon IV envió a Enrique III un oso polar, probablemente capturado en Groenlandia o en regiones árticas. Fue uno de los animales más famosos de toda la menagerie.
Existe un documento oficial ordenando proporcionar al oso:
un bozal,
una fuerte cadena,
y una cuerda muy larga para permitirle entrar en el río Támesis.
El animal nadaba en el río y pescaba peces por sí mismo mientras permanecía sujeto por la cuerda. Es uno de los testimonios medievales mejor documentados sobre el mantenimiento de un animal exótico en Europa.
El avestruz y los clavos
El avestruz también habitó la Torre y está rodeado de una historia famosa: que comía clavos.
Esta tradición procede de una creencia muy antigua. Desde la Antigüedad clásica y durante toda la Edad Media se pensaba que el avestruz era capaz de digerir hierro. Los bestiarios repetían que tragaba piedras, herraduras y metales gracias al extraordinario calor de su estómago.
En la Torre de Londres los visitantes veían cómo al ave se le ofrecían clavos y otros objetos metálicos. El animal efectivamente los ingería. Los avestruces tragan piedras y objetos duros para ayudar a triturar el alimento en la molleja, de modo que también pueden tragarse piezas de metal.
Pero eso no significa que pudiera digerirlos.
Los clavos permanecían en el aparato digestivo y podían provocar lesiones graves o incluso la muerte. Hoy se considera un claro ejemplo del desconocimiento medieval y moderno temprano sobre la biología del animal.
Otros animales extraordinarios
La colección fue ampliándose constantemente.
Durante la Edad Media y el Renacimiento llegaron:
leopardos,
linces,
tigres,
hienas,
chacales,
lobos,
camellos,
monos y babuinos,
águilas y otras aves rapaces,
puercoespines y animales africanos diversos.
A partir de los siglos XVI y XVII aparecieron incluso cocodrilos, serpientes gigantes y animales procedentes de América y Asia gracias al comercio marítimo inglés.
¿De dónde procedían los animales?
La mayor parte no fueron capturados directamente por Inglaterra medieval.
Llegaban mediante regalos diplomáticos entre monarcas y príncipes europeos. Los animales eran obsequios de enorme prestigio porque eran extremadamente caros de obtener y transportar.
Algunos ejemplos conocidos son:
Animal | Origen probable |
| Leones | Federico II del Sacro Imperio, con animales obtenidos del Mediterráneo oriental y Norte de África. |
| Elefante | Luis IX de Francia, probablemente adquirido durante las Cruzadas. |
| Oso polar | Reino de Noruega, capturado en Groenlandia o el Ártico. |
| Avestruz | Norte de África o Egipto, a través de comerciantes mediterráneos. |
| Camellos | Oriente Próximo. |
| Babuinos y monos | África oriental y occidental. |
Estos animales recorrían enormes distancias en barco y por tierra. Muchos morían durante el viaje.
El trato a los animales: entre admiración y crueldad
La menagerie combinaba fascinación con un trato que hoy consideraríamos extremadamente cruel.
Las jaulas eran pequeñas, oscuras y de piedra. La mayoría de especies vivían encadenadas o encerradas permanentemente. Los conocimientos veterinarios eran prácticamente inexistentes.
Los registros muestran numerosos problemas:
animales que morían poco después de llegar;
alimentación inapropiada;
frío intenso para especies tropicales;
enfermedades y heridas.
El caso del elefante ilustra bien esta situación. El del avestruz también.
En siglos posteriores hubo episodios aún más violentos. Los leones y tigres eran separados utilizando barras de hierro al rojo vivo cuando peleaban, y algunos cuidadores o visitantes murieron atacados por animales estresados.
Es importante señalar que la sensibilidad hacia el bienestar animal empezó a cambiar solo a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
Influencia en la iconografía medieval inglesa
La presencia de animales reales tuvo un efecto profundo en el arte inglés.
Los leones
Los tres leones de Inglaterra adquirieron una presencia extraordinaria.
Aparecen en:
sellos reales;
monedas;
manuscritos iluminados;
escudos nobiliarios;
arquitectura de castillos y catedrales.
Ver animales auténticos permitió a artistas y escultores representar leones con un naturalismo algo mayor que en épocas anteriores, aunque siguieron mezclando rasgos fantásticos.
El elefante
El elefante de Enrique III tuvo una influencia notable porque casi nadie había visto uno en Europa occidental.
El dibujo de Mateo Paris fue copiado en manuscritos posteriores y se convirtió en uno de los modelos iconográficos del elefante medieval inglés.
Aunque anatómicamente es imperfecto, representa un intento de dibujar un animal observado directamente y no solo imaginado a partir de textos clásicos.
El avestruz
El avestruz ya aparecía en bestiarios, pero la existencia de ejemplares vivos reforzó su presencia simbólica.
El ave se asociaba con:
la capacidad de soportar el hierro;
la digestión espiritual de las dificultades;
la vigilancia.
Más tarde las plumas de avestruz se convirtieron en la insignia del Príncipe de Gales, uno de los emblemas heráldicos más famosos de Inglaterra, aunque su origen está relacionado sobre todo con la herencia de Eduardo, el Príncipe Negro, y no directamente con la menagerie.
Influencia en la heráldica inglesa
La menagerie consolidó una cultura heráldica ya existente.
El león pasó a representar:
valor;
soberanía;
justicia;
autoridad militar.
Muchas familias nobles solicitaron permiso para incorporar leones, leopardos, grifos o animales exóticos a sus armas.
La posesión de animales vivos también reforzaba la legitimidad de esos símbolos: el rey no solo mostraba leones pintados, sino leones reales bajo su custodia.
Otros animales de la menagerie inspiraron decoraciones arquitectónicas, capiteles, tapices y manuscritos iluminados donde aparecen monos, osos, elefantes y aves exóticas mezclados con criaturas fantásticas.
La Torre como espectáculo público
Desde el siglo XVI la menagerie dejó de ser exclusivamente cortesana y comenzó a admitir visitantes.
Al principio el acceso era restringido y dependía de permisos.
Más tarde cualquiera podía entrar pagando una entrada. Hubo épocas en que el precio era muy peculiar: entregar un perro o un gato destinados a alimentar a los leones equivalía al pago del acceso. Posteriormente se sustituyó por dinero.
El lugar se convirtió en una de las atracciones más famosas de Londres.
¿Por qué dejó de utilizarse la Torre como zoológico?
A comienzos del siglo XIX coincidieron varios cambios fundamentales.
En primer lugar, la Torre recuperó su función militar. El nuevo gobernador, el duque de Wellington, consideraba inapropiado que una fortaleza estratégica estuviera llena de turistas y animales peligrosos.
En segundo lugar, apareció una nueva visión científica de los zoológicos. En 1826 se fundó la Zoological Society of London, que creó un gran parque zoológico en Regent's Park pensado para estudiar animales y alojarlos en espacios más amplios.
También cambió la sensibilidad social. En 1822 el Parlamento británico aprobó la primera ley importante contra el maltrato animal y poco después nació la RSPCA, una de las primeras sociedades protectoras de animales del mundo. Las condiciones de la menagerie comenzaron a verse como crueles e inaceptables.
El golpe definitivo llegó tras varios incidentes graves, incluido el ataque de dos tigres que mataron a un león dentro de la colección en 1830. En 1831 el rey Guillermo IV ordenó trasladar los animales al zoológico de Regent's Park, y los últimos ejemplares abandonaron la Torre durante el invierno de ese año. La colección privada restante fue dispersada definitivamente en 1835.
El legado de la menagerie medieval
La Royal Menagerie dejó una huella duradera en la cultura inglesa. Durante siglos fue el lugar donde la mayoría de los habitantes de Inglaterra vio por primera vez animales como leones, elefantes, osos polares o avestruces. Alimentó la imaginación de cronistas, artistas y heraldistas, reforzó la asociación entre la monarquía y el león como emblema nacional y contribuyó a introducir representaciones más realistas de animales exóticos en manuscritos y esculturas.
Paradójicamente, también se convirtió en un ejemplo histórico de la evolución de la relación entre seres humanos y animales. Lo que en el siglo XIII era una demostración legítima de poder y magnificencia terminó siendo considerado, seis siglos después, un símbolo de cautiverio y maltrato. Hoy la Torre de Londres recuerda aquella colección mediante esculturas de alambre de tamaño natural instaladas en los lugares donde estuvieron las jaulas, como homenaje tanto a la importancia histórica de la menagerie como a los animales que vivieron y murieron allí.
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