sábado, 27 de noviembre de 2021

450º aniversario de la batalla de Lepanto. Un domingo cualquiera.

 Espionaje, traiciones, atentados... Hace 450 años, frente a la costa de Naupacto (en la Grecia actual) tuvo lugar la mayor batalla nval del siglo XVI. Lepanto fue una tempestad de sangre y fuego que detuvo el avance de los turcos, precedida por una calma tensa en la que no faltaron intrigas y saboteadores que actuaban en las sombras.



Lope observa desde un nuelle de Messina, en Sicilia, como el sol se pone tras el horizonte. Sopla una ligera brisa. En el puerto se refugian las 60 galeras venecianas del superintendente Marco Querini. Estas nevas han bogado desde Creta hasta el punto de encuentro de la mayor fota reunida para combatir a los musulmanes desde la época de las Cruzadas. Los vigías de la Liga Santa observan que una galera rema siguiendo la estela de la última de las naves de Querini a cierta prudencial distancia. En lugar de fondear, esta nave se limita a recorrer lentamente las psiciones de las naves del Papado y españolas antes de volver a mar abierto.

Lo que no saben los cristianos es que la misteriosa galera está mandada por el corsario argelino Kara Hoca. Tiene la misión de informar en un fondeadero secreto griego de la calidad y cantidad de las fuerzas de la Liga Santa a Alí Pachá, yerno del sultán otomano Selim II. Lo que no sabe Kara Hoca es que ha llegado a Messina demasiado pronto y que la totalidad de las naves cristianas no está por allí en esos momentos.

Tampoco puede informar de las divisiones entre los almirantes de la flota cristiana. El comandante de las tropas españolas Don Juan de Austria, hermanastro del rey de España Felipe II, y el jefe de la flota pontificia, Marco Antonio Colonna, quieren atacar ya, antes de que el mal tiempo haga imposible maniobrar con galeras en el Mediterra´neo Oriental. Luis de Requesens, almirante español, y el genio naval genovés Andrea Doria, aconsejan no precipitarse en una decisión que pueda resultar fatal.

Las relaciones entre los tercios españoles y los marineros venecianos también son tensas. Una pelea entre españales y venecianos termina con verias muertes y un capitán de los tercios ejecutado. Conviene tomar una decisión a la de ya.

La Santa Liga se hace a la mar el 16 de septiembre. El jefe de naves de exploración Gil de Andrade localiza el punto de inverrnada de las galeras del sultán de Constantinopla en el golfo de Lepanto, en la antesala del Golfo de Corinto, que separa Etolia del Peloponeso.

Es domingo. Españoles e italianos rezan y se disponen a matar y a morir por la Cruz. Será una victoria cristiana. Es el 2 de octubre de 1571.

Se acaba de publicar LEPANTE. LA MAR ROJA DE SANGRE, editado por la editorial experta en Historia militar Desperta Ferro.

Entre los espías que trabajaron a favor de la flota de Alí Pachá esta el marrano de origen portugués José Nasi, autor intelectual de una explosión que destruyó el astillero de Venecia en 1570.

Entre los espías crisitianos se encontraban numerosos griegos y albaneses que informaban de los movimientos de las naves musulmanas por sus aguas. Una inoportuna rebelión en la Alpujarras granadinas hizo temer a Felipe II que sus cabecillas, mal integrados en la sociedad española a causa de leyes represivas y discriminación social, pudieran atraer a los otomanos o a los reyezuelos berberiscos en su apoyo. Los moriscos granadinos fueron aplastados a duras penas y dispersados por Andalucía y Aragón.

También estaba estre esosespías el arzobispo ortodoxo de la ciudad de Patrás, que no solo pasó información sensible sobre movimientos de galeras musulmanes en Grecia al virrey de Nápoles sino que celebró una misa cristiana en su catedral para celebrar la victoria de los cristianos. Le costó la vida.

Otra cosa que ayudó mucho a la Liga Santa es que la flota de Alí Pachá estuviera agotada tras una campaña de maniobras y histigamiento de las neves cristianas en Creta, la costa de Dalmacia y las islas del Jónico.

La tecnología de las naves venecianas fue envidiada y copiada por un renegado veneciano capturado en Chipre, pero como se demostró en la campaña de hostigamiento de 1572 estas naves eran poco ma niobreras en combate. Lo que decidió la batalla fueron las naves ponentinas- es decir españolas- más robustas y que podían cargar una artillería más potente a bordo.

El conflicto, que bien pudo haberse convertido en una especia de guerra fría entre el Imperio español y el otomano, se apagó por sí solo. Selim II se concentró en aplastar las revueltas en Hungría y Persia mientras que España se concentró en reprimir a los luteranos de Flandes y a su rivalidad con Francia e Inglaterra.

El alcance de la batalla de Lepanto fue tal que incluso los protestantes vieron a Din Juande Austria y a los católicos como libertadores, pues en el imaginario popular del siglo XVI los otomanos representaban la servidumbre y la barbaroia, fuese cierto eso o no. Incluso Isabel I Tudor, que escribía cartas sobre el arte de gobernar y secretos de belleza con la sultana, decidióa regañadientes celebrar en Londres el triunfo de los católicos.

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