Juan Carlos Aguilar (Barakaldo, 1965) hizo un viaje a China en 1994 para aprender artes marciales y pensamiento filosófico zen en el Templo de Shaolin. Cuando regresó a España vendió a la prensa la idea de que era el único español que había sido ordenado monje en el templo.
Durante un tiempo dio charlas y conferencias por toda Europa sobre filosofía budista y antropología - no tenía ninguna titulación- mientras lo simulteaba con clases de kung fu en un templo de Bilbao. Reunió una amplia gama de aprendices de clase alta a los que exifgía dinero y humillaba constantemente mientras esto aceptaban lo que fuera por aprender del shifu ( en chino, maestro, abad). A las alumnas les pedía relaciones sexuales basadas en la dominación. Una de ellas llegó a hablar de un coito en el que Aguilar le orinó los pechos. Fue consentido en esta ocasión.Ella misma diría que antes de eso era una mujer "antisocial" y que Aguilar le "enseñó a conectar con un hombre".
Aguilar iba acumulando titulaciones falsas, aunque gentes del mundillo de las artes marciales y la cultura china aseguran que en eso no destacaba. De las personas que impartían en 2015 tai chi en Bilbao solamente 15 tenían una titulación adecuada para respaldar el contenido de sus clases.
El psiquiatra Ander Retolaza dijo en el programa de True Crime EL LECTOR DE HUESOS al osteólogo forense Echeberría tras ver un vídeo en el que Agular decía que las culturas orientales preservaban a las mujeres, cuando él acabó matando a dos: "Si dices que eres ingeniero o abogado, sin serlo, pronto uno auténtico te desenmascarará. Si dices que eres un monje budista zen es más difícil porque no hay muchos en Europa. Ni siquiera hay interés por saber más. La prensa especializada, cono el programa REDES de Punset, sobre divulgación científica, dará por bueno lo que dices ante la imposibilidad de contrastarlo".
En 2015 una mujer está bajando la basura cuando ve a una muchacha de color arrastrarse ensangrentada y hacer visajes pidiendo ayuda a quien pueda estar en el exterior del templo. Está en ropa interior. La Ertzantza, policía autonómica del País Vasco, llega pronto y encuentra a la inmigrante nigeriana y prostituta ocasional Maureen Ada Otuya inconsciente y a Aguilar de pie, con un pantalón de chandal y el torso desnudo. Tiene barriga y los músculos fláccidos. Parece ido, no se resiste cuando lo apartan de la escena del crimen sin miramientos ni delicadeza. No es desde luego el atleta de sus primeros tiempos.
No hay restos de semen sobre el cuerpo de Maureen y análisis de sangre posteriores a Aguilar muestran que no estaba bajo los efectos de las drogas ni del alcohol. Tampoco parece, consultado un antropólogo de verdad, que se trate de ningún ritual. Todo ha sucedido ante una estatúa de Bodhidarma, una reencarnación de Buda, pero ese es el único elemento oriental. Sexo consentido y 500 minutos de golpes en la cabeza y el vientre sin consentir. Una tortura de nueve horas.
En el registro los forenses encuentran sobre el falso techo del templo una bolsa con huesos y tejidos de Jenny Rebollo, otra inmigrante colombiana, de 40 años. Otuya tenía 29 y Aguilar, 46. La segunda víctima murió días después en el hospital. Aguilar dijo que tenía un tumor cerebral, de ahí su penoso estado, y sus explicaciones vagas.
A Rebollo la había estrangulado y descuartizado, escondido los restos por el templo, y luego había tirado algunos a la ría del Nervión. La Policía investigó si la muerte del hermano de Aguilar, un maltratador fraterno, aplastado por un montacargas en el templo shaolínde Bilbao, había sido el accidente del que hablaban los informes de1997. También se interesaron por desapariciones de mujeres durante los desplazamientos de Aguilar por Europa para dar sus charlas. En ambos casos, los resultados fueron no concluyentes.
Fue condenado a 38 años de cárcel, y a indemnizar a los familiares de las víctimas. Lo apuñaló en una pierna otro preso durante su encarcelamiento y fue trasladado a una cárcel de León donde permanece en prisión aislada y esvigilado por tres presos de confianza por una ventanilla cada cierto tiempo.
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