A finales del siglo XVIII, los otomanos quisieron desbaratar las diferencias identitarias y culturales de sus posesiones coloniales en Europa, por lo que sirgieron grupos independentistas tanto en Grecia como en los Balcanes.
El disparo de salida lo dio el arzobispo de Patras Germanos el 25 de marzo de 1821 en el monasterio de Agia Lavra. El conflicto tendría lugar entre 1821 y 1830. El líder nacionalista Theodoros Kolokotronis y sus tropas de milicianos capturaron Tripolitsa. A continuación, estallaron levantamientos en Creta, Macedonia y Grecia continental reprimidas por los turcos. Tampoco ayudó mucho que estallasen disputas intestinas entre las diferentes facciones guerrilleras griegas.
El sultán otomano habló con su vasallo, el sultán de Egipto Mehmet Alí para enviar a Grecia a su hijo, el principe Ibrahim Bajá, lo que estuvo a punto de achar a pique los esfuerzos de los guerrilleros griegos. Pero las potencias europeas - Francia, Rusia y Gran Bretaña- querían expulsar de Europa a los otomanos por lo que también enviaron tropas de infantería y sus respectivas flotas al Medirráneo oriental.
Las flotas aliadas y la egipcias se encontraron en Navarino (1827) donde tuvo lugar una batalla naval de una semana de duración con derrota egipcia. Un año más tarde, en 1828, el sultán firma el Tratado de Adrianópolis, donde reconoce la soberania griega. En 1830 tienen lugar las entrevistas diplomáticas en las que se
negocian las nuevas frnteras de Grecia y se pone en el trono al principe Otón I, hijo de Luís I de Babiera.
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