En 1813, tras un gran coste político social y en vidas humanas, los españoles expulsan a los invasores franceses. Las arcas están vacías, la poderosa flota que comunicaba las colonias con el España ya es tan solo un recuerdo tras la batalla de Trafalgar ( 1805) y las colonias en Norteamérica ya no pueden ser defendidas de la rapacidad de los colonos estadounidenses. Madrid decide vender las posesiones españolas de Oregón, Louisiana y Florida a Estados Unidos.
En 1819 se reunen el diplomático español Luís de Onís, en representación del rey Fernando VII, y el secretario de Estado de los Estados Unidos, John Quincy Adams para firmar un tratado. "Deseando su Majestad Católica y los Estados Unidos consolidar de un modo permanente la buena correspondencia y la amistad que finalmente reina entre ambas partes, han resuelto transigir y terminar todas sus diferencias por medio de un tratado".
En 1821 España pierde el control sobre México, y Estados Unidos toma el control de una parte medio despoblada de este territorio llamada Texas. España nunca recibió los cinco millones de dólares acordadas por la cesión de Florida, territorio que pertenecía al Imperio Español desde 1513. Tampoco pudo evitar que los indios semínolas, que tenían ciertos derecho como ciudadadanos y súbditos de la Corona española fuesen peseguidos y casi exterminados, a pesar de lo intrincado de las marismas de los Everglades y del carisma de su líder, el jefe Osceola.
En Tratado Onís Adams también permitía los estadounidenses expandir su territorio por encina del paralelo 42.
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