El incidente ocurrió el 6 de noviembre de 2008 en los jardines de la Casa Blanca. El periodista Jon Decker, entonces corresponsal de Reuters en la Casa Blanca, se agachó para acariciar a Barney, el terrier escocés del presidente George W. Bush. Barney le mordió el dedo índice de la mano derecha, llegando a romper la piel. Decker fue atendido por el médico de la Casa Blanca, recibió antibióticos y posteriormente una vacuna antitetánica. El momento incluso fue grabado por otra periodista presente.
Aquí tienes una dramatización ficticia, imaginando que Jon Decker se lo cuenta al presidente Bush, que estaba presente:
Decker: Señor Presidente... creo que su perro acaba de darme una exclusiva... con los dientes.
Bush: (mirando a Barney) Bueno... eso no estaba en la agenda de prensa de hoy.
Decker: Lo vi tan tranquilo que pensé: "Voy a acariciarlo un segundo". Me agaché... y ¡zas! Me atrapó el dedo.
Bush: Barney suele ser un buen chico, pero a veces decide quién entra en la rueda de prensa... y quién no.
Decker: Pues hoy ha decidido que yo no. Mire el dedo, está sangrando.
Bush: Será mejor que el doctor Tubb le eche un vistazo. No queremos que el "primer perro" acapare más titulares que el presidente.
Decker: Con todos los respetos, señor, creo que ya lo ha conseguido.
Bush: (sonriendo) Supongo que Barney está cansado de tantos periodistas. Han sido ocho años intensos para todos... incluso para él.
Decker: ¿Quiere decir que esto ha sido una declaración oficial de la Casa Blanca?
Bush: Digamos que ha sido la versión canina de "sin comentarios".
Decker: Espero que al menos no tenga que volver a preguntarle a Barney para obtener una aclaración.
Bush: No se preocupe. Creo que ya dejó bastante clara su posición.
(Barney mueve la cola con total tranquilidad mientras todos observan el dedo vendado de Decker.)
Aquí tienes una dramatización ficticia, inspirada en hechos reales (los vídeos navideños de Barney y la convivencia con Miss Beazley), pero con el diálogo inventado:
Bush: Jon, ¿cómo va ese dedo? Espero que no le guardes demasiado rencor a Barney.
Decker: Ya está mucho mejor, señor Presidente. Aunque la próxima vez que vea un Scottish Terrier me lo pensaré dos veces antes de acercarme.
Bush: (ríe) Barney tiene mucho carácter. Pero también tiene su faceta de estrella de cine.
Decker: Eso sí que lo conozco. Cada Navidad esperamos el nuevo vídeo de "BarneyCam". Confieso que son bastante entretenidos.
Bush: Laura y el equipo de la Casa Blanca disfrutan mucho haciéndolos. Es una forma distinta de enseñar la decoración navideña sin hacer una visita oficial.
Decker: Y Barney siempre parece saber dónde está la cámara. Tiene más experiencia delante del objetivo que algunos portavoces.
Bush: Lleva años practicando. Ya conoce todos los pasillos de la Casa Blanca mejor que muchos empleados.
Decker: Y desde que llegó Miss Beazley, parece que tiene compañera de reparto.
Bush: Así es. Miss Beazley es más tranquila. Laura está encantada con ella.
Decker: Se nota en los vídeos. Barney parece el protagonista principal, mientras Miss Beazley aporta un poco de calma... y de elegancia.
Bush: Es un buen equilibrio. Barney pone la energía; Miss Beazley mantiene el orden.
Decker: ¿Y en casa también funcionan así?
Bush: Digamos que Barney cree que sigue siendo el jefe. Miss Beazley suele dejarle pensarlo... y luego consigue salirse con la suya.
Decker: Entonces forman un buen equipo.
Bush: Exactamente. Y, aunque Barney a veces decida recordarle a un periodista que respete su espacio personal...
Decker: (sonríe) ...también ha conseguido que millones de personas conozcan la Casa Blanca a través de esos vídeos navideños.
Bush: Ese era el objetivo. Que la gente pudiera disfrutar de la Navidad aquí de una forma cercana... con un guía de cuatro patas.
Decker: Solo le pediría una cosa para la próxima edición de BarneyCam.
Bush: ¿Cuál?
Decker: Que el presentador se limite a enseñar los árboles de Navidad... y no vuelva a hacer comprobaciones de identidad con los dientes.
Bush: (riendo mientras Barney mueve la cola) Creo que podemos intentar negociar esa cláusula con él... aunque no prometo que la firme.

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