miércoles, 8 de julio de 2026

Cómo era la vida de un forajido del Oeste hacia 1890.

 


Periodista: Buenos días, señor. Me han dicho que usted conoció de cerca los viejos tiempos del Oeste. Quisiera que me hablara de un lugar llamado Hole in the Wall. ¿Era realmente el gran refugio de los forajidos?

Viejo ranchero: Siéntese, muchacho, porque esa historia no se cuenta en dos minutos. Hole in the Wall era una enorme hendidura entre los acantilados de las montañas de Wyoming. El acceso era estrecho y fácil de defender, pero una vez dentro se abría un amplio valle con agua, pastos y escondites. Desde allí los jinetes podían desaparecer durante semanas sin que nadie los encontrara.

No era solo una cueva, como muchos creen. Aquel refugio estaba conectado con una inmensa región de praderas y montañas que se extendía por buena parte del centro-norte de Wyoming y permitía alcanzar con rapidez Montana, South Dakota, Colorado y Utah. Aquellos hombres conocían cada arroyo, cada cañón y cada paso de montaña. Cuando los perseguían los alguaciles o los detectives, bastaba con internarse en aquel laberinto para desvanecerse como el humo.

Periodista: ¿Y a qué se dedicaban exactamente esos forajidos?

Viejo ranchero: A casi todo lo que pudiera dar dinero rápido. Robaban bancos, diligencias y trenes, falsificaban marcas de ganado, escondían caballos robados y, cuando era necesario, actuaban como pistoleros a sueldo. Algunos vivían permanentemente fuera de la ley; otros alternaban temporadas como vaqueros con golpes bien preparados. El Oeste era inmenso y las autoridades no siempre podían seguirles el rastro.

Periodista: Hoy parece que robar un tren era el delito más grave.

Viejo ranchero: Eso diría cualquiera que solo hubiera visto películas. Para un ranchero de entonces, robar ganado o caballos era mucho peor. El ganado era la riqueza de una familia y el caballo era su medio de transporte, su herramienta de trabajo y, muchas veces, la diferencia entre vivir o morir en aquellas llanuras. Sin caballo podías quedar aislado durante días.

Cuando unos bandidos asaltaban la caja fuerte de un ferrocarril, la pérdida la sufría una gran compañía que podía recuperarse. Pero cuando desaparecía un rebaño o un buen caballo, el perjudicado era un hombre corriente que podía perder todos sus ahorros y quedarse sin futuro. Por eso, entre muchos vaqueros existía la idea de que el robo de ganado y de caballos era una traición mucho más despreciable que un atraco a una empresa ferroviaria.

Y le diré otra cosa: los pequeños propietarios de la zona no delataban a Butch Cassidy porque él siempre les compensaba por las molestias o incluso les vendía a ellos los caballos robados. Si alguno abría la boca, sabía que estaba muerto. Cassidy tenía fama de ser duro con los hombres que lo traicionaban, pero también de no robar ni violentar jamás a una mujer. De hecho, su compañera Etta Place, su amante, era tan hábil con las armas como él y lo acompañó en más de una de sus andanzas.

Periodista: Entre aquellos hombres siempre aparecen dos nombres famosos: Sundance y Cassidy.

Viejo ranchero: Claro. Sundance era Harry Alonzo Longabaugh, un tirador extraordinario y uno de los miembros más peligrosos de la banda conocida como Wild Bunch. Cassidy era Robert LeRoy Parker, el cerebro del grupo. Tenía fama de planificar los golpes con cuidado y de evitar la violencia cuando era posible.

Durante años asaltaron bancos y trenes por varios estados del Oeste. La presión de la agencia Pinkerton National Detective Agency terminó obligándolos a abandonar el país. Huyeron a Argentina y más tarde a Bolivia. La versión más aceptada sostiene que murieron allí en 1908 tras un enfrentamiento con soldados bolivianos, aunque durante décadas circularon leyendas que aseguraban que habían regresado en secreto a los Estados Unidos.

Periodista: También he oído hablar de Tom Horn. Unos dicen que era un héroe y otros un asesino.

Viejo ranchero: Las dos cosas, según quién lo contara. Tom Horn había sido explorador del ejército, intérprete, detective y rastreador. Con el tiempo trabajó para grandes ganaderos como pistolero contratado. Su misión consistía en intimidar o eliminar a quienes consideraban ladrones de ganado o invasores de sus tierras.

Su caída llegó cuando fue acusado del asesinato del joven Willie Nickell en 1901. Muchos creyeron que el juicio estuvo lleno de dudas y que las pruebas eran insuficientes, pero fue declarado culpable. No fue encarcelado durante mucho tiempo: permaneció preso mientras esperaba la sentencia y finalmente fue ejecutado en la horca en 1903. Desde entonces, su culpabilidad sigue siendo motivo de discusión entre los historiadores.

Periodista: Todo aquello desembocó en la famosa Guerra del Ganado del Condado de Johnson, ¿verdad?

Viejo ranchero: Así es. La llamada Johnson County War estalló porque los grandes propietarios de ganado acusaban a pequeños rancheros, colonos e inmigrantes de robar reses y alterar las marcas del ganado. Los grandes ganaderos controlaban buena parte del poder económico y político y estaban convencidos de que solo una acción armada resolvería el problema.

En 1892 organizaron una expedición de hombres armados para capturar o eliminar a quienes figuraban en una lista de supuestos cuatreros. Pero los habitantes del condado se movilizaron, rodearon a los invasores y estuvieron a punto de acabar con ellos. Solo la intervención del ejército federal evitó una auténtica masacre.

Las consecuencias fueron profundas. El conflicto desacreditó a los grandes barones del ganado, fortaleció la autoridad del gobierno y simbolizó el final del viejo Oeste dominado por los grandes ranchos abiertos. Poco a poco llegaron más cercas, más leyes y un mayor control del territorio. Aquellos tiempos en los que un hombre podía esconderse durante meses en Hole in the Wall empezaban a desaparecer para siempre.

Periodista: Entonces, ¿podría decirse que con aquella guerra terminó una época?

Viejo ranchero: Exactamente, hijo. Después de aquello el Oeste siguió existiendo, pero ya no era la tierra sin dueño de los viejos forajidos. Las praderas se llenaron de alambradas, los trenes trajeron más población y la ley fue ocupando el lugar que antes pertenecía al revólver.

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