Información sobre las 3.800 tablillas encontradas en Amarma por la asirióloga Selena Wisdon y su contenido. Información sobre la correspondencia de los estados vasallos egipscios así como de los hititas y los asirios con Egipto durante los reinados de Amenofis III, IV y Tutankamón. ¿Se puede identificar a los hititas por su estilo al redactar correspondencia diplomática desde Tiro y Jerusalén durante esta etapa de la edad de Bronce?
La pregunta reúne varios aspectos de uno de los archivos diplomáticos más importantes de la Edad del Bronce. Antes de entrar en materia, conviene hacer una pequeña corrección histórica:
- El yacimiento es Amarna (Tell el-Amarna), no "Amarma".
- La colección no fue descubierta por una asirióloga llamada "Selena Wisdon". No existe una investigadora conocida con ese nombre vinculada al hallazgo. Las tablillas fueron descubiertas en 1887 por campesinas egipcias que extraían sebaj (tierra fértil), y posteriormente estudiadas por numerosos egiptólogos y asiriólogos como Jørgen Alexander Knudtzon, William L. Moran y Anson F. Rainey.
Las aproximadamente 380 tablillas de Amarna
Se conocen unas 382 tablillas (el número varía ligeramente según la clasificación). Constituyen el archivo diplomático de la corte egipcia durante los reinados de:
- Amenhotep III
- Akhenaten
Algunas podrían extenderse muy al inicio del reinado de Tutankhamun, aunque el grueso pertenece claramente al período de Akhenatón.
Las cartas están escritas casi todas en acadio, la lengua diplomática internacional del Próximo Oriente, utilizando escritura cuneiforme, incluso cuando el remitente hablaba egipcio, cananeo, hitita o hurrita.
El archivo contiene aproximadamente:
- unas 40 cartas entre "Grandes Reyes"
- unas 300 cartas de gobernadores y príncipes vasallos de Canaán y Siria
- documentos administrativos
- inventarios
- listas de regalos y tributos
La correspondencia de los "Grandes Reyes"
Entre Egipto y las demás grandes potencias existía una diplomacia muy formal.
Los principales corresponsales eran:
- Imperio Hitita
- Mitanni
- Babilonia Casita
- Asiria Media
Todos emplean fórmulas casi idénticas:
"Así habla el Gran Rey... a mi hermano..."
La palabra "hermano" tenía un significado diplomático: implicaba igualdad de rango.
Las cartas hablan principalmente de:
- matrimonios reales
- intercambio de princesas
- oro egipcio
- caballos
- carros
- lapislázuli
- problemas fronterizos
- reconocimiento mutuo
No suelen hablar de campañas militares.
La correspondencia de los estados vasallos egipcios
Aquí cambia completamente el tono.
Los gobernadores de:
- Jerusalén
- Tiro
- Biblos
- Gaza
- Megido
- Siquem
no eran iguales al faraón.
Se presentan como:
"tu siervo"
y utilizan fórmulas extraordinariamente repetitivas.
Por ejemplo:
"A los pies de mi señor, mi Sol, siete veces y siete veces me postro."
Esta expresión aparece decenas de veces.
Jerusalén
El gobernador era Abdi-Heba.
Sus cartas (EA 285-290) muestran una situación desesperada.
Solicita continuamente:
- arqueros egipcios
- tropas
- protección
Denuncia ataques de:
- gobernantes vecinos
- mercenarios
- grupos llamados Habiru.
Durante mucho tiempo se identificó automáticamente a los Habiru con los hebreos, pero hoy la mayoría de especialistas considera que el término designaba grupos sociales marginales, mercenarios o desplazados, no necesariamente un pueblo concreto.
Tiro
Las cartas proceden principalmente del rey Abi-Milku.
El tono también es de constante preocupación.
Describe:
- amenazas desde tierra
- dificultades para abastecer la ciudad
- conflictos con Sidón
- necesidad urgente de ayuda egipcia
Como Tiro dependía del mar, insiste repetidamente en la llegada de suministros.
¿Y los hititas?
Aquí llegamos a la parte más interesante de tu pregunta.
¿Puede identificarse una "mano hitita" detrás de ciertas cartas de Canaán?
La respuesta actual sería:
No de manera directa, aunque sí existen indicios de influencia política.
Hay que distinguir dos cosas:
1. Correspondencia enviada DESDE Hatti
Las cartas hititas poseen rasgos bastante definidos:
- enorme formalismo
- precisión jurídica
- negociación muy detallada
- referencias frecuentes a tratados
- equilibrio diplomático entre iguales
Son textos relativamente sobrios.
2. Correspondencia de Jerusalén o Tiro
No presenta esas características.
Los gobernadores escriben como vasallos egipcios.
Su lenguaje está lleno de:
- súplicas
- fórmulas rituales
- exageraciones
- peticiones militares
No escriben como escribas hititas.
Entonces, ¿hay influencia hitita?
Sí, pero sobre todo en el contenido político.
Durante el reinado de Akhenatón el Imperio hitita, bajo Šuppiluliuma I, estaba expandiéndose rápidamente.
Muchas cartas hablan indirectamente de:
- pérdida de ciudades
- cambios de alianzas
- presión sobre Siria
- miedo a abandonar la órbita egipcia
Los gobernadores rara vez mencionan directamente a los hititas, pero sí describen un escenario compatible con el avance hitita hacia el sur.
¿Puede hacerse un análisis estilístico?
Sí, y de hecho se ha hecho.
Los especialistas analizan:
- vocabulario acadio
- errores gramaticales
- influencia cananea
- ortografía
- fórmulas diplomáticas
- orden de las frases
El resultado muestra que las cartas de Jerusalén y Tiro presentan un acadio periférico, fuertemente influido por las lenguas cananeas. Este fenómeno se conoce como "acadio cananeo". Su estilo refleja la formación local de los escribas y no permite atribuirlas a escribas hititas.
En cambio, las cartas procedentes de Hatti muestran un acadio mucho más cercano al estándar diplomático internacional y una tradición administrativa diferente.
Conclusión
Las Cartas de Amarna ofrecen una imagen excepcional del equilibrio internacional hacia 1350 a. C. Mientras los grandes reyes intercambiaban regalos y se trataban como "hermanos", los gobernadores de Canaán escribían al faraón desde una posición de dependencia, suplicando ayuda ante una situación política cada vez más inestable. Aunque el ascenso hitita bajo Šuppiluliuma I transformó el contexto geopolítico de Siria y Canaán, el estilo de las cartas procedentes de Jerusalén o Tiro no permite identificar una autoría o una escuela hitita: reflejan la tradición epistolar de escribas cananeos formados en el acadio diplomático, con una fuerte impronta lingüística local.
Si te interesa el aspecto filológico, puedo hacer una comparación línea por línea entre una carta de Abdi-Heba, una de Abi-Milku y una carta auténtica de Šuppiluliuma I para mostrar cómo se distinguen sus estilos diplomáticos y qué revelan sobre las diferentes tradiciones de escritura.
Sí, esos dos episodios son especialmente reveladores porque muestran que las Cartas de Amarna no son simples intercambios ceremoniales, sino que dejan entrever problemas muy prácticos de la diplomacia internacional.
La princesa casita (babilonia)
El episodio aparece en la correspondencia entre Burna-Buriaš II y el faraón egipcio (probablemente Akhenaten).
Burna-Buriaš se muestra extraordinariamente molesto por varios motivos:
- Egipto envía muy poco oro en comparación con lo prometido.
- Los embajadores egipcios inspeccionan los regalos con desconfianza.
- Las princesas enviadas desde Babilonia parecen "desaparecer" una vez llegan a Egipto.
En una de las cartas llega a decir, en esencia:
«¿Quién puede asegurarme que la mujer de la que decís que es mi hermana sigue viva? Nadie de mis enviados puede verla.»
Es importante precisar un matiz histórico. No habla necesariamente de una princesa "desaparecida" físicamente, sino de que la corte egipcia aislaba completamente a las princesas extranjeras una vez ingresaban en el harén real. Los reyes babilonios interpretaban esa falta de contacto como una grave falta de transparencia e incluso insinuaban que quizá la princesa había muerto o nunca había sido tratada como una verdadera reina.
Este asunto se convierte en una auténtica disputa diplomática.
La desconfianza hacia los mensajeros
Este aspecto suele pasar desapercibido, pero es fascinante.
Las cartas dejan claro que los mensajeros:
- podían retrasar los envíos;
- resumir verbalmente el contenido;
- alterar el orden de entrega;
- transportar también instrucciones orales.
La diplomacia del siglo XIV a. C. dependía enormemente de la honestidad del correo.
Por eso algunos reyes insisten continuamente en enviar a "sus propios hombres" y no confiar en mensajeros ajenos.
El rey de Arzawa
Aquí hay un detalle muy interesante.
Se trata del rey Tarḫundaradu, gobernante de un poderoso reino del oeste de Anatolia.
En una famosa carta dirigida a Amenhotep III ocurre algo excepcional.
Tarḫundaradu pide que la correspondencia pueda hacerse en su propia lengua, porque no domina el acadio diplomático. La carta es famosa porque constituye uno de los testimonios más antiguos de la lengua de Arzawa (probablemente una variedad del luvita).
Sin embargo, el detalle de que exija específicamente que se escriba "en hitita" requiere una matización. Lo que se desprende del texto conservado es que no desea depender exclusivamente del acadio internacional y prefiere utilizar una lengua que su administración pueda comprender directamente. Dado que el reino de Arzawa no era hitita y, de hecho, fue durante mucho tiempo rival de Hatti, la interpretación más aceptada es que solicitaba el uso de su propia lengua anatolia, no del hitita propiamente dicho.
¿Por qué es tan importante este episodio?
Porque rompe una norma diplomática casi universal.
Durante más de tres siglos, el acadio había funcionado como el equivalente del francés en la Europa del siglo XVIII o del inglés en la diplomacia actual.
Todos lo utilizaban, incluso:
- Egipto;
- Babilonia;
- Mitanni;
- Hatti;
- Asiria.
Que un rey dijera, en esencia,
«No quiero depender de escribas que traduzcan mis cartas.»
era algo muy poco habitual.
Eso demuestra que incluso entonces existía un problema clásico de la diplomacia: la traducción es poder. Quien controla al escriba controla, en parte, el mensaje.
En conjunto, las Cartas de Amarna transmiten una imagen sorprendentemente moderna. Los grandes reyes discuten sobre regalos insuficientes, retrasos en los envíos, sospechas de espionaje, matrimonios dinásticos, fiabilidad de los embajadores y calidad de las traducciones. Lejos de ser una colección de documentos solemnes, muestran una red diplomática compleja en la que la confianza era frágil y donde un escriba o un mensajero podían influir tanto como un ejército.
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