martes, 21 de julio de 2026

!Qué paranoicos están los Grandes Maestros de ajedrez rusos! (1978)


 El Campeonato del Mundo de Ajedrez de 1978, disputado en Baguio (Filipinas) entre Anatoli Karpov y Víktor Korchnoi, ha pasado a la historia no tanto por la calidad de las partidas (aunque hubo algunas muy buenas), sino por el ambiente casi surrealista que rodeó el encuentro. Era, además, un episodio de la Guerra Fría: Korchnoi había desertado de la URSS dos años antes y para las autoridades soviéticas derrotarlo era una cuestión de prestigio nacional.

El cambio de tablero por un modelo Stanton

Uno de los primeros conflictos fue el material de juego. Hubo discusiones sobre el diseño de las piezas y del tablero. Korchnoi prefería un juego de piezas de estilo Staunton (a veces escrito erróneamente "Stanton"), mientras que el material inicialmente previsto no le convencía. Tras varias protestas y negociaciones se acabó utilizando un conjunto aceptable para ambos, aunque este incidente quedó eclipsado por los escándalos posteriores.

El famoso "código del yogur"

Éste es probablemente el episodio más conocido.

Durante la segunda partida, un camarero llevó a Karpov un vaso de yogur de color violáceo (generalmente descrito como de arándanos). El equipo de Korchnoi presentó una protesta formal alegando que:

  • el momento en que aparecía el yogur podía transmitir información;
  • incluso el sabor o el color podían constituir un código preparado de antemano.

Llegaron a ironizar con ejemplos como:

  • "yogur tras la jugada 20 = ofrece tablas";
  • "huevos de codorniz = juega el caballo".

Aunque algunos miembros del equipo de Korchnoi afirmaron posteriormente que la protesta tenía parte de ironía para denunciar el exceso de influencia de los ayudantes soviéticos, los representantes de Karpov la tomaron completamente en serio. El árbitro Lothar Schmid terminó imponiendo una regla: el sabor y la hora exacta del yogur debían comunicarse antes de la partida, y cualquier cambio necesitaba autorización.

¿Hipnosis soviética?

Quizá el aspecto más extravagante del encuentro.

El equipo soviético incorporó al doctor Vladimir Zukhar, presentado como psicólogo o parapsicólogo. Durante las primeras partidas se sentaba en primera fila mirando fijamente a Korchnoi.

Korchnoi llegó a afirmar que:

  • intentaba hipnotizarlo;
  • alteraba su concentración mediante técnicas psicológicas;
  • formaba parte de una estrategia organizada por la delegación soviética.

Tras numerosas protestas, los árbitros obligaron a Zukhar a sentarse mucho más atrás. Nunca apareció ninguna evidencia de que ejerciera una influencia real sobre el juego, pero la tensión psicológica era evidente.

Las gafas de espejo

Como respuesta, Korchnoi comenzó a jugar con gafas de espejo.

Según él tenían dos objetivos:

  • impedir que Karpov pudiera leer sus expresiones;
  • devolver hacia la sala la mirada de Zukhar.

Karpov protestó inmediatamente alegando que las gafas reflejaban la iluminación directamente a sus ojos.

Finalmente se alcanzó un compromiso:

  • Zukhar sería desplazado al fondo de la sala.
  • Korchnoi dejaría de utilizar las gafas.

La secta oriental entre el público

Este episodio sí ocurrió, aunque suele exagerarse.

Tras una mala racha, Korchnoi conoció en Manila a dos miembros occidentales de Ananda Marga, un movimiento espiritual de origen indio.

Los dos:

  • vestían túnicas de color azafrán;
  • practicaban meditación y yoga;
  • habían sido condenados en Filipinas por un ataque contra un diplomático indio y estaban en libertad bajo fianza mientras recurrían la sentencia.

Korchnoi quedó convencido de que podían ayudarle psicológicamente mediante meditación.

El equipo soviético reaccionó calificándolos de "terroristas" y exigió su expulsión del recinto. Finalmente los organizadores limitaron su presencia en la sala.

La silla radiografiada

Korchnoi había traído desde Suiza una silla especial.

Los soviéticos sospecharon que podía contener algún dispositivo electrónico o mecanismo oculto.

Resultado:

  • la silla fue desmontada;
  • incluso radiografiada en un hospital de Baguio;
  • no apareció absolutamente nada.

Otras disputas

Hubo muchas más:

  • protestas por las banderas colocadas junto al tablero;
  • discusiones sobre el derecho a balancearse en la silla (Karpov lo hacía con frecuencia);
  • acusaciones sobre las miradas intimidatorias;
  • reclamaciones sobre el comportamiento del público;
  • amenazas de abandonar el encuentro;
  • ruedas de prensa diarias cargadas de acusaciones mutuas.

¿Quién tenía razón?

Con la perspectiva de casi cincuenta años, los historiadores del ajedrez suelen coincidir en varios puntos:

  • La presión psicológica soviética era real. La delegación de Karpov era enorme e incluía psicólogos, funcionarios y un fuerte aparato de apoyo, algo lógico para un campeón que representaba a la URSS.
  • Korchnoi desarrolló una gran desconfianza, probablemente alimentada por su condición de desertor y por el enorme estrés competitivo. Algunas de sus denuncias eran plausibles (como las maniobras psicológicas), mientras que otras —como los mensajes codificados en el yogur o la hipnosis efectiva— nunca pudieron demostrarse.
  • Los soviéticos tampoco estuvieron libres de paranoia. Protestaron por las gafas, por la silla de Korchnoi e incluso insinuaron que algunos de sus objetos podían ocultar dispositivos prohibidos.

Por todo ello, el duelo de Baguio suele recordarse como el campeonato mundial más extravagante de la historia del ajedrez, un enfrentamiento donde la guerra psicológica fuera del tablero llegó a ser casi tan intensa como las partidas sobre él.

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