Dramatización: "La voz del monte"
Ficción inspirada en la figura pública de Félix Rodríguez de la Fuente. El contenido atribuido al "espíritu" es imaginario y no pretende representar hechos reales ni sus opiniones literales.
Una habitación tenue. Una mesa redonda. Una vela ilumina fotografías de lobos, águilas y bosques. El médium cierra los ojos mientras el espiritista toma la palabra.
ESPIRITISTA: Si hay una conciencia que aún habite los montes, si la memoria de quien enseñó a mirar la naturaleza permanece viva... Félix Rodríguez de la Fuente, ¿estás con nosotros?
Silencio. Un leve viento parece mover la llama.
MÉDIUM (con otra entonación): No escucho cadenas... escucho viento entre los pinos. ¿Quién llama al hijo de la sierra?
ESPIRITISTA: Félix... queremos hablar contigo. Millones crecieron escuchando tu voz.
FÉLIX (espíritu): Entonces mi voz no era mía. Era la del lobo, la del halcón, la del río. Yo solo la prestaba.
El lobo
ESPIRITISTA: Mucha gente te recuerda como el gran defensor del lobo. ¿Cómo empezó todo?
FÉLIX: Cuando era niño, en los montes de Burgos, me enseñaron que el lobo era un asesino. Había recompensas por matarlo. Se exhibían sus pieles como trofeos.
Pero un día dejé de mirar al lobo con miedo y empecé a mirarlo con curiosidad. Descubrí un animal inteligente, social, un padre que alimenta a sus cachorros, una madre que protege a la manada.
No defendía al lobo porque fuera bueno. Lo defendía porque era necesario.
ESPIRITISTA: ¿Qué sentías cuando lo veías correr?
FÉLIX: Libertad. El lobo corre como si el mundo todavía estuviera entero.
"El hombre y la Tierra"
ESPIRITISTA: Háblanos de alguna anécdota del programa.
FÉLIX: ¿Solo una? Aquello era una aventura diaria.
Recuerdo jornadas enteras esperando que un águila real levantara el vuelo. Horas inmóviles. El cámara desesperado.
Y de pronto... cinco segundos de vuelo perfecto.
Cinco segundos que justificaban cinco días de espera.
ESPIRITISTA: También hubo escenas muy difíciles de grabar.
FÉLIX: Sí. Filmábamos en condiciones extremas. Mucha paciencia y muchísimo respeto. Nunca era tan sencillo como parecía en televisión.
ESPIRITISTA: Tu narración parecía poesía.
FÉLIX: La naturaleza ya escribía el poema. Yo solo intentaba leerlo.
Los niños
ESPIRITISTA: Los niños te adoraban. ¿Por qué conectabas tanto con ellos?
FÉLIX: Porque nunca les hablé como si fueran pequeños.
A un niño puedes hablarle del cosmos, de la evolución o del comportamiento de un búho. Entiende más de lo que creemos.
Los adultos enseñan nombres. Los niños hacen preguntas.
ESPIRITISTA: ¿Qué te preguntaban?
FÉLIX: "¿El lobo tiene amigos?" "¿Las águilas sueñan?" "¿Por qué matamos animales?"
Eran preguntas enormes.
¿Política?
ESPIRITISTA: Siempre ha circulado el rumor de que, llegada la democracia, pensabas dedicarte a la política. ¿Es cierto?
La llama vacila.
FÉLIX: Escuché muchas veces esa pregunta... incluso en vida.
Pensaba que España necesitaba proteger su patrimonio natural. Hablaba con personas de muy distintas ideas.
Pero una cosa es influir en la política y otra querer convertirse en político.
ESPIRITISTA: Entonces...
FÉLIX: Nunca sabremos qué habría hecho. La muerte interrumpe todos los planes.
Evolución y censura
ESPIRITISTA: Tuviste problemas con la censura franquista por defender la teoría de la evolución.
FÉLIX: La evolución era ciencia. Pero hubo quienes pensaban que ciertas explicaciones chocaban con la doctrina oficial.
Había palabras que convenía pronunciar con cuidado.
ESPIRITISTA: ¿Te censuraban?
FÉLIX: Algunas expresiones se suavizaban. Algunos contenidos se discutían. España estaba cambiando lentamente y la televisión también.
Pero la naturaleza seguía evolucionando aunque a algunos les incomodara la palabra.
La muerte
ESPIRITISTA: Félix... ¿recuerdas tu muerte?
Silencio largo.
FÉLIX: Un cielo inmenso. Alaska. Nieve. Aviones pequeños.
Íbamos a grabar una carrera de trineos.
Después... un instante.
No hubo despedida.
ESPIRITISTA: ¿Sentiste miedo?
FÉLIX: No recuerdo miedo. Recuerdo movimiento... y luego silencio.
ESPIRITISTA: Tu muerte ocurrió el día que cumplías cincuenta y dos años.
FÉLIX: Qué ironía. La naturaleza nunca negocia con el calendario.
Un mensaje para hoy
ESPIRITISTA: Si pudieras hablar a quienes ven hoy el mundo lleno de incendios, sequías y desaparición de especies... ¿qué dirías?
FÉLIX: No salvéis la naturaleza por nostalgia.
Salvadla porque sois naturaleza.
El día que un niño deje de escuchar un lobo, no habrá desaparecido solo un animal. Habrá desaparecido una forma de entender quiénes somos.
ESPIRITISTA: ¿Sigues en los bosques?
FÉLIX: No busquéis espíritus en esta habitación.
Escuchad un amanecer.
Si alguna vez mi voz regresa... será mezclada con el viento.
La vela se apaga. Solo queda el sonido imaginario de un aullido lejano.

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