Juanito Oyarzabal, el vasco que conquistó los 14 ochomiles sin oxígeno: una vida entre la gloria, el K2 y la cocina del Himalaya
Reportaje
Durante décadas, Juanito Oyarzabal fue el rostro más reconocible del alpinismo español. Vitoriano, pescadero de profesión y montañero por vocación, alcanzó un lugar reservado a muy pocos seres humanos: fue el primer español y el tercer alpinista del mundo en coronar los catorce ochomiles sin utilizar oxígeno artificial durante las ascensiones. Su carrera está llena de gestas, tragedias, rescates imposibles y una personalidad tan vasca como universal: capaz de hacer cima en el Everest y celebrar después la jornada con un buen vino, un queso Idiazábal o un plato de alubias si la logística del Himalaya lo permitía.
Del mostrador de la pescadería al techo del mundo
Nacido en Vitoria-Gasteiz el 30 de marzo de 1956, Juan Eusebio Oyarzabal Urteaga creció en una familia humilde. Mientras trabajaba en una pescadería de la capital alavesa entrenaba en las montañas vascas y en los Alpes.
Su primer gran salto llegó en 1985, cuando conquistó el Cho Oyu (8.201 metros). Aquella ascensión marcó el comienzo de una obsesión deportiva: subir las catorce montañas de más de ocho mil metros existentes en el planeta.
En los años noventa se convirtió en integrante habitual de las expediciones de Al filo de lo imposible, el mítico programa de Televisión Española dirigido por Sebastián Álvaro, que acercó el Himalaya a millones de espectadores.
Las 14 cumbres sin oxígeno: el calendario de una hazaña histórica
Oyarzabal completó el reto en 1999, aunque una de las ascensiones —el Everest de 1993— necesitó oxígeno únicamente durante el descenso por una emergencia médica. Para mantener el desafío íntegro regresó al Everest en 2001 y lo ascendió completamente sin oxígeno suplementario, consolidando la gesta deportiva.
Los 14 ochomiles de Juanito Oyarzabal
| Montaña | Fecha de la cima válida sin oxígeno |
|---|---|
| Cho Oyu (8.201 m) | 1985 |
| Nanga Parbat (8.126 m) | 1987 |
| Everest (8.848 m) | 23 mayo 2001 |
| Gasherbrum II | 1989 |
| Gasherbrum I | 1995 |
| Dhaulagiri | 1994 |
| Kangchenjunga | 1996 |
| K2 | 1994 |
| Lhotse | 1995 |
| Makalu | 1995 |
| Broad Peak | 1997 |
| Manaslu | 1997 |
| Annapurna | 1999 |
| Shisha Pangma | 1999 |
Con este historial se convirtió en el sexto ser humano en completar los catorce ochomiles y el primer español en lograrlo.
El K2: la montaña que casi le cuesta la vida... y los pies
La expedición de 2004
Si existe una montaña inseparable del nombre de Juanito es el K2, la segunda cima del planeta y probablemente la más temida.
En julio de 2004, Oyarzabal regresó para ascenderla por segunda vez acompañado por Edurne Pasaban, Juan Vallejo, Mikel Zabalza y el equipo de Al filo de lo imposible. Alcanzaron la cima el 26 de julio por el Espolón de los Abruzzos. La alegría duró apenas unos minutos.
El descenso del infierno
El descenso se convirtió en una lucha por sobrevivir.
Oyarzabal sufría:
un edema pulmonar de altura,
pérdida progresiva de visión por congelación,
agotamiento extremo,
y una severa congelación en ambos pies.
Desorientado, se perdió cerca del Campo IV, a unos 7.800 metros. Quedó inconsciente sobre la nieve hasta que el catalán Ferran Latorre salió a buscarlo y consiguió localizarlo prácticamente ciego. Después, Latorre y Juan Vallejo lo acompañaron durante un descenso agónico hasta el campamento.
Las amputaciones
Las temperaturas inferiores a -40 ºC destruyeron el tejido de sus pies.
Semanas después, en Zaragoza, los cirujanos tuvieron que amputarle parcialmente los diez dedos de ambos pies para salvar el apoyo plantar y permitirle volver a caminar. Edurne Pasaban perdió dos falanges de los dedos segundos de los pies.
Juanito resumió años después aquel episodio con crudeza:
"Debí haberme dado la vuelta. Fue el peor error de mi vida."
Aprendió de nuevo a caminar y tardó casi dos años en regresar a un ochomil.
«El Everest está prostituido»: su opinión sobre la masificación
A sus casi setenta años, Oyarzabal se ha convertido en una de las voces más críticas con el alpinismo comercial.
Considera que el Everest actual ya no representa el desafío que conoció en los años noventa.
¿Qué critica?
Las agencias comerciales que venden ascensiones casi garantizadas.
El uso masivo de oxígeno suplementario.
Kilómetros de cuerdas fijas instaladas por sherpas.
Centenares de personas haciendo cola hacia la cima.
Según sus propias palabras:
"Han prostituido el Himalaya."
Para él, subir una montaña con abundante apoyo logístico es una actividad distinta del alpinismo clásico que practicaba su generación. No cuestiona el mérito físico de llegar a la cima, pero sostiene que la experiencia ha cambiado radicalmente.
El oxígeno, solo para sobrevivir
Oyarzabal siempre ha hecho una distinción importante:
No utilizar oxígeno para ascender.
Aceptar oxígeno medicinal para salvar la vida durante un descenso.
Confiesa que en 1993 tuvo que usarlo descendiendo del Everest a 8.700 metros y lo considera una "mancha deportiva", aunque también afirma que volvería a hacerlo antes que morir.
Un vasco castizo en el Himalaya: comer y beber también era parte de la expedición
Juanito nunca escondió otra de sus grandes pasiones: la gastronomía vasca.
Entre compañeros es famosa su costumbre de llenar los petates con productos de casa.
¿Qué llevaba al Himalaya?
Chorizo.
Lomo embuchado.
Queso Idiazábal.
Bonito en conserva.
Alubias.
Pimientos.
Buen vino de Rioja Alavesa cuando el peso lo permitía.
En los campamentos base cocinaba siempre que podía y defendía que comer bien levantaba la moral tanto como un buen día de aclimatación. Muchos compañeros recuerdan cenas memorables en Nepal o Pakistán donde aparecían tortillas, bacalao o embutidos vascos a más de cinco mil metros.
También ha reconocido sin complejos su gusto por el vino y por compartir mesa tras las expediciones, muy lejos de la imagen ascética del alpinista.
La relación con los grandes montañeros españoles
Edurne Pasaban: mentor y compañero
La historia del himalayismo femenino español no puede entenderse sin Juanito.
Fue él quien:
invitó a Edurne a formar parte de expediciones de gran nivel,
compartió con ella varios ochomiles,
la introdujo en el equipo de Al filo de lo imposible.
Juntos hicieron cima en:
Cho Oyu (2002).
Gasherbrum II (2003).
Gasherbrum I (2003).
K2 (2004).
Aquellas expediciones convirtieron a Pasaban en la española con más ochomiles y la situaron en el camino que terminaría llevándola a ser la primera mujer del mundo en completar los catorce ochomiles.
Una relación con altibajos
Tras el drama del K2 la relación se deterioró durante años por diferencias personales y deportivas. Sin embargo, en 2025 ambos hicieron pública su reconciliación, favorecida por una conversación impulsada por Jesús Calleja.
Juan Vallejo y Mikel Zabalza
Los dos alpinistas vascos fueron compañeros inseparables en muchas expediciones.
Especialmente Juan Vallejo desempeñó un papel decisivo durante el rescate de Juanito en el descenso del K2. Ambos representan una generación de himalayistas que apostó por ascensiones ligeras y sin grandes apoyos comerciales.
Carlos Pauner, Alberto Iñurrategi y Carlos Soria
Oyarzabal compartió cordadas y proyectos con numerosos referentes españoles:
Carlos Pauner, compañero en varios proyectos de ochomiles.
Alberto Iñurrategi, otra gran figura vasca del Himalaya, con quien compartió generación y respeto mutuo.
Carlos Soria, veterano madrileño, siempre admirado por Juanito por su longevidad deportiva.
Aunque sus estilos eran distintos, todos contribuyeron a la edad de oro del himalayismo español.
Los compañeros extranjeros que marcaron su carrera
Reinhold Messner
Messner fue el referente absoluto de Oyarzabal.
El italiano fue el primero en completar los catorce ochomiles sin oxígeno y Juanito siempre reconoció que siguió su filosofía: autosuficiencia, ligereza y renuncia al oxígeno artificial.
Ferran Latorre
El catalán salvó literalmente la vida de Juanito en el K2 al encontrarlo perdido durante el descenso. Desde entonces mantienen una relación de enorme respeto.
Simone Moro, Nives Meroi y otros himalayistas
Oyarzabal ha compartido expediciones con algunos de los mejores alpinistas italianos y centroeuropeos, entre ellos Simone Moro y Nives Meroi, con quienes coincidió en distintas campañas en Pakistán y Nepal. Su prestigio internacional hizo que fuese muy conocido también entre los sherpas del Himalaya.
El precio de una vida en los ochomiles
Las secuelas físicas de Oyarzabal son extraordinarias:
amputación de todos los dedos de los pies,
congelaciones en la nariz,
lesiones en las córneas,
varias fracturas,
dos embolias pulmonares,
un trombo y graves problemas respiratorios.
Pero él asegura que las peores heridas fueron las pérdidas humanas. Ha visto morir a numerosos amigos en el Himalaya, entre ellos Antonio Miranda en el Everest y Alberto Zerain en el Nanga Parbat.
El legado de Juanito Oyarzabal
Después de anunciar en 2021 su retirada de los ochomiles, Juanito continúa ligado a la montaña como guía, conferenciante y divulgador. En 2026 RTVE estrenó el documental "Entre Juan y Juanito", donde repasa con honestidad una trayectoria llena de éxitos y errores, y afirma una frase que resume su vida:
"Yo tenía que haber muerto varias veces."
Su legado va mucho más allá de las cumbres: abrió camino al himalayismo español moderno, ayudó a lanzar la carrera de Edurne Pasaban, popularizó la alta montaña a través de Al filo de lo imposible y demostró que un pescadero de Vitoria podía convertirse en uno de los grandes nombres de la historia del alpinismo mundial.
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