domingo, 1 de febrero de 2009

Historia de los látigos.



Tengo en mis manos un número de Muy Interesante de marzo de 1993. En él se cuenta la historia de los látigos.

A principios del siglo XIX, la Marina Inglesa mantenía el orden entre sus tripulantes mediante el uso de unos látigos especiales llamados gatos. También usaban un látigo corto llamado chicote para incitar a los marineros a trabajar más aprisa. El capitán decía:"Mosquee a ese hombre, contramaestre" y el chicote se estrellaba contra la espalda de un gaviero indolente. Hoy en día los mexicanos dicen que algo "les chicotea la médula" cuando les saca de quicio.

Claro que los marineros tenían también su propia ceremonia punitiva en la que se usaban chicotes. La llamaban carrera de baquetas. Supongamos que un hombre ha robado a otro. Lo descubren. Una representación de la guardia lleva al ladrón ante el contramaestre, que a su vez escoltará al caco ante el maestre artillero. Sólo este oficial, encargado de todo lo relativo a los castigos, puede autorizar la carrera de chicotes.

El reo se paseará con el torso desnudo ante dos filas de marineros que le golpean con chicotes. Después del castigo nadie volverá a hablar del asunto.

Los pueblos de Asia Central fueron los primeros en usar látigos, ya que fueron los primeros en domesticar a los camellos, animales rebeldes donde los haya. A pesar de todo, no hay evidencias de su uso ni en las pinturas rupestres ni en los ajuares funerarios. Durante la época de los carruajes, los postillones y los cocheros usaban los látigos para indicar a los peatones con un chasquido que se apartaran si no querían ser pisoteados por el tiro.

En Babiera los goasslschnalzer - en alemán, los chasqueadores de látigos- restallan sus instrumentos para ezpulsar de sus aldeas el gélido invierno.

Menos simpáticos debieron parecerles a las autoridades medievales los flagelantes. En el siglo XIV, los jinetes del Apocalipsis parecen estar galopando sobre Europa. La hambruna de 1315, la gran epidemia de peste de 1348, las batallas de la Guerra de los 100 Años.... Los flagelantes recorren en campañas de 33 días y 12 horas las comarcas azotándose y haciendo patéticas exhortaciones a la penitencia. Se supone que 33 años y medio vivió Cristo. La gente les da limosna, y se aterra más si cabe, tal y como debía estar la situación. En 1349 el Papa Clemente VI declara heréticas estas costumbres. Sus espías le han dicho que los flagelantes tienen su propia ceremonia, con la que pretenden sustituir la liturgia. Es momento de decir que ya basta.

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