martes, 28 de abril de 2009

El Nuevo Mundo (2005)



Me encanta el cine histórico, sobre todo porque entraña notorias dificultades para recrear el pasado. Este filme es especial porque para poder dirigirlo a su gusto, Malick pidió al lingüista Blair Rudes que reconstruyera la lengua algonquina de Virginia. El idioma llevaba 200 años extinguido.


Los mativos powhatan comerciaban con los colonos ingleses.Eran políglotas que charlaban y regateaban en uno o dos idiomas. A medida que los europeos se fueron convirtiendo en los únicos interlocutores para vender pieles y comprar mosquetes, los algonquinos fieron olvidando su propia lengua.


El algonquino de Virginia era solamente una de las seis familias del algonquino. En 1609, año en que está inspirada la película, se hablaban 800 lenguas y dialectos en toda Norteamérica. El algonquino, en particular, tenía hablantes desde Manitoba, en Canadá, hasta las costas de Carolina del Norte.


Rudes ya había trabajado para revitalizar un dialecto del algonquino por cuenta de los peqot, una tribu. Además contaba con un vocabulario de 550 palabras, las justas para regatear, recopiladas por el secretario de la colonia John Strachey y el primer jefe militar de Jamestown, el célebre John Smith.


Sí, el de Pocahontas. La muchacha en realidad era llamada entre los suyos Matoaka, que quiere decir "pequeña gatita" En lo que respecta al incidente en el que Smith es capturado durante una exploración y está a punto de ser ejecutado por orden del jefe Powhatan, es falsa. Si es cierto que Smith fue capturado y permaneció algún tiempo entre los nativos americanos, pero es dudoso que le salvara la vida la princesa Matoaka, o Pocahontas. Al poco de ser cesado de su cargo, Smith tuvo que redactar un informe sobre sus "meses perdidos" para la Compañía de Virginia, y no habla para nada de ella.


Pocahontas contrajo matrimonio con John Rolfe, uno de los primeros gobernadores de Jamestown, Este hombre salvó a los colonos introdujendo en América el cultivo del tabaco, una planta originaria del Caribe. Los españoles prohibían extraer semillas de las islas, bajo pena de muerte, para evitar perder el monopolio en Europa.




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