domingo, 28 de marzo de 2010

Crisis.


En 1519, Carlos I lleva dos años ejerciendo la titularidad de la monarquía española. Ese año, su abuelo Maximiliano I muere, tras haberse endeudado tratando de sobornar a los duques electores del Sacro Imperio Germánico. Es, en palabras de Muy Interesante, lo que hacen los gobiernos centrales cuando prestan dinero a los gobiernos provinciales para ganarse su apoyo.

Carlos I, ahora también Carlos V de Alemania, firma con los Fugger unos documentos llamados asientos, donde se compromete en devolver los préstamos con sus intereses. Como garantía, Carlos V hipotecó las minas de mercurio de Almadén, el oro y la plata de las Indias y los impuestos del Maestrazgo, una provincia que entonces abarcaba Castellón y parte de Aragón. Con todo esto, quedaba inaugurada la deuda externa: o pagas, o los extranjeros no te vuelven a fiar.

España fue, en principio, un país que cumplía con sus compromisos fiscales, algo meritorio, teniendo en cuenta que el clan de los Fugger recibián unos intereses del 40 por ciento sobre la cifra prestada. Pero luego el Imperio Español se fue enredando en luchas en el Mediterráneo contra el poderío turco; en Europa, contra los príncipes protestantes; y en América, contra los nativos.
La fortuna de los Fugger acabó por ascender al monto de los 5 millones de florines.

En 1557 ya no quedaban fondos para devolver lo prestado ni para pagar los intereses. Felipe II llevaba 2 años en el trono cuando sus economistas le confesaron que la Corona se había gastado en dos años su presupuesto de los siguientes cinco. Felipe II ordenó a sus secretarios de finanzas que declararán la suspensión de pagos. Los Fugger tenían que aceptar que la vaca había muerto o ablandar las condiciones de sus préstamos. Los acreedores del Imperio Español firmaron los juros reales, donde ofrecían cobrar las deudas a lo largo de 20 años.

España declaró la suspensión de pagos en dos ocasiones más, en 1575 y 1597. Los Fugger perdieron 4 millones de florines, la mayor parte de su fortuna.

La ruina del Imperio Españo fue una consecuencia colateral del nacimiento del Estado Moderno. Los españoles fueron los primeros en crear una máquina económica centralizada. Felipe II también creó la burocracia moderna. En lugar de poner en los puestos relevantes de la Administración a aristócratas y estimularlos con privilegios, encargó esta tarea a hombres de la clase media: los Secretarios Reales.

Los españoles se cansaron de pagar alcabalas, cruzadas, tercias reales, subsidios y excusados, abonados por las parroquias, para sufragar acontecimientos que pasaban fuera de su ámbito.

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