jueves, 22 de abril de 2010

350 años de la Royal Society.


Los tímpanos de John Haldane (1892-1964) reventaron unas cuantas veces durante sus experimentos. Este excéntrico científico inglés usó sus propios pulmones para estudiar el efecto de los gases en el cuerpo humano. Con la ayuda de una cámara isobárica calculó a sus expensas las modernas tablas de descomprensión, muy utiles para los buceadores.

durante la Primera Guerra Mundial, Haldane probó, a costa de su hígado, los gases letales de los alemanes, declaró que se trataba de cloruro de amonio.

Haldane fue uno de los 8200 miembros que ha tenido la Royal Society a lo largo de sus 350 años de historia. En 1660, una escasa docena de científicos se reunió en Londres para escuchar una conferencia. Todos ellos eran defensores del sistema de Roger Bacon, según el cual el conocimiento sólo se alcanza mediante ensayos y errores. Acordaron reunirse cada dos semanas para discutir de ideas y hablar de sus experimentos.

Han sido miembros de la Royel Society. Isaac Newton, Darwin, Faraday, Rutherford, Fleming, Halley, Volta, Watt... Bajo su ala protectora se ha descubierto la penicilina, el réloj de bolsillo, la selección natural, la demostración de la relatividad, el electromagnetismo, la teoría de cuerdas o las leyes de la temodinámica.

En el lado negativo, la Royal Society ha admitido escasas mujeres entre sus nutridas filas. La primera candidata fue Caroline Herchell (1750-1848), una astrónoma. Cobraba 50 libras anuales. Herchell descubrió 8 cometas y 14 nebulosas, pero eso no le bastó para ser admitida. La segunda nominada fue la física Hertha Ayrton (1854-1923), pero tampoco fue admitida. La excusa era que se trataba de una mujer casada.

La Royal Society protagonizó una de los episodios más esperpénticos relacionados con el método científico. El científico Daines Barrington visitó el hogar de un joven Mozart para someterlo a una batería de exámenes médicos. Las conclusiones son las siguientes: "No es un enano, como sospechaban algunos, sino un genio precoz que toca como los ángeles, a pesar de que sus deditos apenas llegan a una quinta parte del teclado y que juguetón, deja la interpretación a medias y se baja del taburete para perseguir a su gato".

Benjamín Franklin, miembro de la Royal Society radicado en Boston, se empeñó en demostrar que los rayos eran cosa de la voluntad divina. Salió al campo en plena tormenta eléctrica con una cometa a la que había atado una llave. Sobrevivió. Miles de científicos de las colonias americanas trataron de experimentar con los rayos con nefastas consecuencias.

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