viernes, 3 de diciembre de 2010

¿La sangre de Luis XVI?


El 23 de enero de 1793. Luis XVI es llevado de madrugada, para evitar tumultos de horas poseriores, al cadalso. Los miembros de la Asamblea Nacional habían debatido seriamente qué hacer con tan molesto personaje.


Por un lado, si se ejecutaba al rey Luis XVI, ya no habría vuelta de hoja para la Revolución Francesa. El rey estaba emparentado con poderosas dinastías como Austria - Hungría, que no tendrían el menor reparo en declarar la guerra total a la incipiente República. Inglaterra, la potencia rival de Francia, acudiría al reparto de despojos sin dudarlo, ayudada por la Flota del Canal.


Pero el rey había perdido la oportunidad de encabezar y conservar cierto control tras su huída frustrada en Varennes del año anterior. No había que culparle mucho. Era un hombre débil, que se había criado en un ambiente donde siempre era el centro de atención, y donde los aduladores siempre querían medrar trabajándose su voluntad. No comprendía que el pueblo de París, agobiado por el desempleo y el creciente precio de los alimentos, viera en él un enemigo que erradicar. Ceder no era el tipo de regla del juego que se le había inculcado.


Pidió perdón a los escasos franceses espectadores de su ejecución, y la hoja de la gillotina hizo su labor.


Diciembre de 2010. Un equipo de científicos están examinando la reliquia por excelencia de esa dramática madrugada. Se trata de una vasija decorada con los retratos de los miembros del Triunvitato Jacobino: Marat, Dantón y Robespierre. Contiene un pañuelo manchado con la sangre del último monarca absolutista de Francia. Lo recogió un burgués presente en la plaza de la Concorde ese 23 de enero de 1793, un tal Maximilien Bourdaloue. Mandó decorar la vasija para poder venderla durante el Consulado de Bonaparte a un hombre apodado El Águila- ¿Quizá el propio Napoleón Bonaparte?- por 500 francos.


El estudio de los patrones es esperanzador. El ejecutado posee un marcador genético llamado N1b, muy raro. Además los genes muestran que lo más probable es que ese infeliz, segado por la guillotina, tuviera los ojos de un azul muy claro, algo que coincide con los retratos que se hicieron de Luis XVI antes de 1789.


Pero para comprobar si es realmente la sangre del desdichado e ineficaz monarca, o Bordeloue quiso estafar a su comprador, se van a comparar los principales marcadores genéticos con los del corazón momificado en el Temple de su hijo, Luis XVII, muerto en oscuras circunstancias durante el periodo del Terror. Actualmente esta segunda reliquia se encientra en la Abadía de Saint Denise.

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