martes, 19 de junio de 2012

El Jueves Negro. (1929)

Una niña está jugando en una zona rural de los Estados Unidos durante la Gran Depresión. El juego consiste en tirarse unos a los otros un zapato alternativamente. De repente, el zapatito de nuestra protagonista cae en un pozo. La niña palidece. Sabe que sus padres no pueden comprarle otro par. Y sabe que bajar al pozo es peligroso a sus 7 años. Pero lo hace, ante la mirada grave, casi adulta, de sus compañeros de juegos.
La Gran Depresión en toda su crudeza...
Pero, ¿cómo se llegó a eso?
En 1919, las Potencias Centrales han perdido la Primera Guerra Mundial, ese conflicto en el que los vencedores no se vuelven más sabios salvo para discurrir que temen por encima de todas las cosas una revolución comunista. Todos se ceban con Alemania, a la que cargan sadicamente con gravosas compensaciones de guerra.
Es en este panorama cuando surge Estados Unidos como potencia industrial. Se producen demasiados productos manufacturados. Sus precios suben más que los de los alimentos, por lo que muchos granjeros tienen que hipotecar sus tierras ya que no pueden pagar la maquinaria capaz de hacerlas rendir.
Ante la abundancia de stocks, los banqueros y empresarios descubren una nueva actividad: asociarse para regular los precios. Revalorizan sus trust con acciones preferentes y las usan para comprar nuevas empresas. Ahora me queda decir que Europa está agotada, a pesar de que son los felices años 20, y que no puede comprar mucho de lo que produce Estados Unidos.
La gente compra acciones sin ton ni son. Las acumula. Los ascensoristas de los hoteles de Nueva York dan chivatazos financieros a los clientes, que salen en pijama a hablar con sus agentes de bolsa. Joseph Kennedy, el siniestro patriarca del clan católico de políticos de origen irlandés, dice a un amigo suyo por carta: "Supe que habíamos tocado fondo cuando mi limpiabotas se atrevió a sugerirme alegremente qué hacer con mi dinero".
Nadie vende nada. Cuando corre el rumor de que los europeos no van a rentabilizar las acciones todos los inversores tienen la misma idae: vender. Y estalla el pánico bursatil. Acciones que el martes valían 2000 dólares, ahora en plemo sábado no se cotizan a mas de 20 dólares.
La llegada de los nazis y fascistas a los gobiernos europeos es providencial, ya que imponen medidas económicas autárquicas. Las naciones serán autosuficientes tanto industrial como agrariamente. Los excedentes serán empleados en la industria militar. Todos sabemos que las balas no se disparan por segunda vez.
Estados Unidos no volverá a tener el mismo desarrollos económico de los años 20 hasta 1954. Los sucesivos presidentes no hicieron frente al desempleo masivo pero aplicaron medidas económicas proteccionistas como el New Deal. Hasta la Segunda Guerra Mundial prevaleció la idea de que todo aquello no era más que un incidente, normal en su anormalidad, y que pronto todo volvería a ser color rosa.

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