lunes, 30 de julio de 2012

Los Juegos Olímpicos de la Antigüedad al desnudo.

El músico toca la flauta. Los corredores empelotados salen disparados y corren por una pista recta los cinco kilómetros reglamentarios. Es la carrera más larga por la que los griegos premian a sus atletas. Se ha hablado mucho de Filípides, el escolta del general Milciades. Este mensajero recorrió los 40300 metros que le separaban del ágora de Atenas para comunicar a los dirigentes de la polis que ya no era necesaria la eventual política de tierra quemada ante una posible victoria persa en Maratón. Filípides entregó el mensaje y murió.
El pentatlón consistía en lanzamiento de disco, de jabalina, un combate de lucha libre, una carrera corta y saltamiento de longitud con unas pesas que servían para impulsarse en las manos. Los corredores del pentatlón no destacaban en ninguna modalidad individual pero los griegos los respetaban por su versatilidad polifacética.
Las habilidades olímpicas formaban parte de las distracciones con las que los hoplitas se entretenían en sus campamentos militares. No existían deportes de équipo a causa del carácter individualista de los griegos. Nombres como Nicómaco, Nicanor, Nicandro proceden de la palabra griega Nike, "el mejor".
Las mujeres no podían participar, aunque se permitía su presencia en las gradas a condición de que fueran solteras, vírgenes, y estuvieran acompañadas por su padre. Los cabezas de familia llevaban a sus hijas a las competiciones para que estas eligieran marido entre los campeones de su propia polis.
Los premios variaban pero casi siempre consistían en recompensas en metálico o privilegios como la reserva de los primeros asientos en las obras teatrales. En Esparta el premio extraoficial consistía en un puesto de combate junto al diarca militar.
Las espartanas tenían sus propios juegos en honor a la diosa Hera. Corrían con una túnica transparente y con un pecho, el derecho, al aire, en imitación a la iconografía artística de las amazonas. Un senador romano oyó hablár de estas chicas y visitó Esparta para verlas competir en lucha. Se excitó tanto con los cuerpos esbeltos y sudorosos de las espartanas que saltó a la palestra y participó, no se sabe si para divertirse, o para tener la excusa de toquetear esas carnes tersas.
Los deportes de lucha eran violentísimos. Los luchadores practicaban algo parecido a la lucha grecorromana. Los boxeadores utilizaban unas cintas de cuero con cuchillas metálicas en los nudillo llamados "mirmex", "Hormigas". Se cuentan historias muy desagradables sobre los boxeadores en la antigua Grecia. Un ganador quedó tan desfigorado por los mirmex que su padre lo echó de casa porque no podía garantizar que ése fuera realmente su hijo. Otyro se tragó los dientes para no dar a su oponente la satisfacción de ver como los escupía entre cuajarones de una mezcla de sangre y saliva.
El pankretion o pancracio era todavía peor. Todo valía, salvo meter el dedo en el ojo. Las historias sobre luchadores con los miembros rotos eran el pan de cada día. Un soldado espartano mordía a sus oponentes.. "Hijo de una perra laconia, muerdes como una mujer", le dijo el oponente, un tebano. "Te equivocas; muerdo como un león", contestó el espartano.

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