viernes, 1 de marzo de 2013

Una mente maravillosa.

Seguimos con el tema de las cintas sobre los enfermos mentales. Esta vez traigo una versión muy libre sobre la vida del matemático, economista y esquizofrénico John F. Nash.
Nash llega a finales de los años 40 a la elitista universidad de Princeton. El ambiente es muy competitivo entre los aspirantes a dirigir un departamento. Algunos de los compañeros de Nash (Russell Crow) se han formado un nombre descifrando las claves secretas japonesas y alemanas. Pero el mundo ya no está en guerra y Nash solo es un recién llegado a ese mundo tan competitivo.
Su negativa a hacer vida social, la tensión psicológica a que se somete para ofrecer al mundo una tesis totalmente original, y su total falta de habilidades sociales, especialmente con las chicas, hacen que la esquizofrenia formada por un personaje simpático pero inexistente, el amigo imaginario que todos quisiéramos tener, se deslice abruptamente en su vida.
Un día por casualidad, como quien no tiene nada que ver son el asunto, encuentra ese tema de tesis tan original. Observa a sus compañeros competir por la atención de una chica guapa. Seguramente los ha observado competir por la atención de sus mentores académicos, y redacta la Teoría de los Juegos No Cooperativos.
Años más tarde lo vemos casado con Alicia, una de sus estudiantes. Ahora es un asesor científico de la CIA en la incipiente Guerra Fría. Lo llaman de vez en cuando para descifrar códigos, pero no le explican el sentido último de lo que hace, en nombre de la seguridad nacional. Ahí desarrolla una paranoia combinada con su extraordinaria capacidad de encontrar patrones.
Nash, al menos el Nash del filme, se enfrenta al problema universal de los esquizofrénicos. Tiene que hacer frente a estímulos reales y ficticios, y no sabe distinguirlos. Sigue creyendo que su amigo imaginario es real. Un agente de la CIA alucinatorio lleva el caos a su vida.
Con el tiempo es ingresado en un sanatorio donde se le da el tratamiento de los años 50 para la esquizofrenia. Esta es una época donde la mayoría de las medicaciones actuales no existen y el Valium, por ejemplo, es toda una novedad. Los psiquiatras someten a Nash a electroshocks sin anestesia.
Los electroshoks todavía se emplean, según mi antiguo psiquiatra Conde, aunque con anestesia, en casos extremos. No están exentos de riesgos, pero dicen que son eficaces.
Luego, por hacer un resumen, Nash descubre que su vida sexual se va a hacer gárgaras a causa de la medicación, y que por esta misma razón no puede dedicar al exigente trabajo abstracto de las matemáticas de élite la misma concentración.
Sufre una recaida, su matrimonio está a punto de irse a pique, y al final, en su camino hacia el Nobel, hacia el dominio de esa ciencia tan extraña que es separar lo verdadero de lo falso, se encontrará a sí mismo.

https://www.youtube.com/watch?v=wS84q1SQwSU

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