jueves, 19 de diciembre de 2013

Las esposas de los dictadores.

La escritora Rosa Montero indaga en las mujeres de los grandes dictadores y concluye que Hitler, Mussolini y Stalin se comportaron como unos "psicópatas" con sus parejas en su libro "Dictadoras", de Lumen.

STALIN.

Discutía y humillaba continuamente a su primera esposa, Kato, a quien empezó a echar de menos cuando falleció. Como todos los maltratadores psicológicos se echó hecho un mar de lágrimas sobre su lápida durante el entierro. También era un pedófilo que tuvo dos hijos con una adolescente de 13 años.
Estaba enamorado de una activista bolchevique llamada Ludmilla Stalh, de la que tomó su apoda. "Stal" en ruso significa acero,  por lo que Stalin significaría el Hombre de Acero.
A su segunda mujer, una voluntariosa comunista, la reprimió hasta que esta, en un alarde de valor, le gritó: "!Eres un torturador! Torturas a tu mujer, a tu hijo y a todo el pueblo ruso". Durante una cena con jerifaltes del Partido, Ludmila no pudo soportar el desplante final, los coqueteos de Stalin con una actriz, por lo que abandonó la reunión y se pegó un tiro en el pecho.
Aún así Stalin como maltratador resultaba soso comparado con un violador en serie con ganas de llamar la atención como su jefe de la Policía Secreta, Veria.

HITLER.

Este no es que quisiera maltratar a las mujeres psicológicamente. Es que ignoraba como tratarlas correctamente. Necesitaba a Eva Braun, porque necesitaba una figura femenina a su lado, pero no la compensó por ello.
Ocultó sus dos intentos de suicidio y la protegió de todo, pero no del desamor y la soledad. Como buena mujer de la nueva raza aria, paridora de soldados, no se le permitía beber y fumar.
Pero de todas maneras, en unos ambientes donde engañar a la esposa era un deporte - miren si no le relación del doctor Goebbels con su esposa Magda- Hitler desentonaba con su ascetismo. Su medio sobrina Geli Raubal se pegó un tiro en el corazón porque no la dejaba llevar una vida independiente fuera de las exigencias de su papel como futura dama del Partido Nazi. Es evidente que con Eva cambió de táctica. También la sobreprotegió pero no la agobió. Este Adolf... condenado a ser el problema y la solución de la Braun.

MUSSOLINI.

El Duce era la miseria moral y los pensamientos sucios hechos carne. Escribía unas cartas de amor a Clara Petacci de una vulgaridad soez impresionante. "Quiero que pienses en mí incluso mientras haces pis". También esta perla es suya: "Los pueblos y las mujeres están hechos para violarlos".
De pasado socialista, le atraían las frutas prohíbidas por su propia ideología: las mujeres izquierdistas. Margheritta Sarfatti, su marchante de arte judía, tuvo que exiliarse cuando empezó a implantar en Italia leyes antisemitas.

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