miércoles, 30 de abril de 2014

Los secretos del Duomo de Florencia.

En 1418, las autoridades de Florencia se reunieron para convocar un concurso de arquitectos para erigir una catedral que superase la de sus rivales milaneses. En 1296 se habían levantado los cimientos, y ahora el quid estaba en levantar una cúpula de 50 metros de ancho, a 55 metros de altura. El premio era de 200 florines para el proyecto ganador.
Los perdedores salieron especialmente malparados. Uno de los arquitectos aspirantes sugirió que el peso de la monstruosa cúpula se descargarse en una columna central. Otro sugirió que se construyese la cúpula con piedra esponja llamada spugna para aligerar el peso.
El ganador fue Brunelleschi, un arquitecto con mal carácter, controvertido, pero con un osado proyecto: una doble cúpula, construida con piedra en sus primeros metros y con spugna y ladrillo en los finales.
Las autoridades comenzarn a ventilar sus diferencias a gritos con el arquitecto desde el principio, pero al final se llegó a una solución de compromiso. Brunelleschi tendría libertad creativa pero se le impondría la presencia de un rival de proyectos anteriores: Ghiberti
Brunelleschi se llevaba bien con sus trabajadores: hacía maquetas con arcilla o tallaba detalles arquitectónicos en nabos para que los capataces sintieran el proyecto como propio. Puso parapetos en los andamios para controlar la rampante siniestralidad laboral de los albañiles de la época.
Les dió a los canteros vino aguado para evitar que se cayeran de los andamios pero las presiones de los gremios hicieron desistir a Brunelleschi.
Cuando las autoridades de Florencia subieron el sueldo a Brunelleschi a 100 florines mensuales, Ghiberti protestó diciendo que él solo cobraba 36 florines. Ante una protesta laboral y una reivindicación de subida salarial por parte de los albañiles y canteros, Brunelleschi trajo esquiroles de las ciudades vecinas y no los despidió hasta que los operarios aceptaron el salario original.
El día de la Anunciación de 1436, la catedral de Nuestra Señora de las Flores quedó terminada. Fue consagrada por el Papa Eugenio IV y una asamblea de cardenales y obispos.
Bruneleschi moriría en 1446 y fue enterrado en la cripta de la catedral donde sólo yacía un santo local.

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