domingo, 31 de mayo de 2015

TOMORROWLAND. Disney nos obliga a pensar.

Para ver:
Esta cinta de aventuras y ciencia ficción no tiene más secretos. Tomorrowland es un lugar maravilloso, en otra dimensión, donde los científicos y soñadores más optimistas crean inventos y desarrollan sus ideas para mejorar el mundo. Al menos era así en 1964, cuando Frank Walker, un niño de 11 años, llega a la Feria de las Naciones con un prototipo de mochila voladora. El problema es que no funciona. Pero el optimismo y entusiasmo de Frank conmueven a Athena, una niña- robot, con la misión de reclutar a los soñadores.
En 2015, Casey es una niña tan optimista como lo fue Frank. Desgraciadamente, el mundo que le ha tocado vivir intenta empañar cada día su optimismo. La profesora de Sociales habla de terrorismo y terror nuclear, el de Ciencias de desastres medioambientales, y el de literatura, de distopías.
Tras una noche en prisión por tratar de sabotear el desmantelamiento de una lanzadera espacial, recibirá un pin que le hablará de un mundo de soñadores. Sladrá a buscarlo con la ayuda de Athena, la robotita, y de Frank, ya adulto, que ha perdido la esperanza y la capacidad de soñar y de creer en sí mismo.
El gobernador de Tomorrowland está saboteando el lugar y condenando la Tierra a una debacle si Frank no recupera la fe y vuelve a dar vida al lugar.
Es curioso que esta película tenga un mensaje que nos habla de fe - entendida por mí como confianza en que el futuro será mejor si cada cual hace su parte-, de esperanza, de trabajar pese a todo. Hay persecuciones por parte de robots asesinos, explosiones en una tienda de artículos de ciencia- ficción y efectos especiales a mansalva, como si Disney temiera que el mensaje no fuera suficiente por sí solo. La idea de la torre Eiffel como lanzadera espacial clandestina chirria desde el principio, pero la idea de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia como la fantástica y prometedora Tomorrowland es un logro.

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