jueves, 23 de julio de 2015

El Santo Grial podría estar en España.

En realidad tenemos dos cálices con pedigrí para haber sido la Copa en que Jesús instauró el sacramento de la Eucaristía.

El primero es el de León. Fue guardado por un discípulo, según la leyenda,que actuó como copero en la última Cena: San Marcial.
En 1054, el Cáliz se encuentra en Egipto. El país sufre una carestia de grano y una hambruna. El sultán fatimí Al Muntansir solicita a los demás gobernantes musulmanes que conoce ayuda, a la que responde con el envío de un barco cargado de víveres el sultán de Denia. Este le pide a cambio la copa de San Marcial, para entregarla al rey de León, Fernando I.
Las tropas leonesas están presionando a los reyezuelos de las minúsculas taifas del Levante español, así que el sultán de Denia espera que el regalo al rey cristiano que él llama Ferdinand El Kebir (Fernando el Grande) sirvan de excusa para disuadir de un cerco.
Al llamado Cáliz de doña Urraca le falta una esquirla que Saladino solicitó como talismán sagrado para sanar una de sus hijas.

El Cáliz de Valencia tiene una historia todavía más dramática y entroncada con la Historia del reino de Aragón. Cuenta la leyenda que el emperador romano Valeriano decidió tomar medidas drásticas con esa
molestía que resultaron ser los cristianos, así que obligó a los diáconos a entregar sus tesoros y hacer sacrificios a los dioses. Como ni una cosa ni otra se verificaron, condenó a muerte al Papa Sixto II y seis de sus diáconos: Felicísimo, Agapito, Januario, Vicencio, Magno y Estéfano. Le sigue en el cargo un tal Lorenzo, que pone el Grial, llevado a Roma en el equipaje del mismísimo San Pedro, a salvo. Se lo entrega a un legionario cristiano llamado Precelio, que lo lleva a la Jacetania, a casa, no se sabe bien si de sus padres o de sus tíos.
El Santo Grial será defendido de las intenciones de las autoridades romanas como de los visigodos arrianos por los católicos oscenses hasta 711, año de la invasión musulmana. Para huir de las razzias de los musulmanes, los siglos siguientes pasará por varios cenobios en la zona de los Pirineos, hasta que en 1094 el Cáliz llega al cenobio de San Juan de la Peña, donde permanece hasta el siglo XV. 
Martín I el Humano, rey de Aragón, acaparaba por entonces reliquias y solicita a los monjes el sagrado Cáliz a cambio de otro de oro en 1399. El Cáliz se halla en la Catedral de Valencia porque fue llevado allí por Alfonso V el Magnánimo a cambio de unas donaciones de la Iglesia para gastos de accciones militares en el Mediterraneo.

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