martes, 4 de agosto de 2015

EN TIERRA DE NADIE. La guerra de Bosnia es un Carnaval.

1993.Un grupo de soldados serbios avanzan entre la niebla. Cuando despeja, descubren que el guía la ha armado, y lo que se ve en frente son las líneas bosnio musulmanas. Las balas rasgan el amanecer. Aparentemente todos los serbios han muerto. Pero no. Uno de los bosnios coloca la cabeza de un soldado serbio aparentemente finado bajo una mina trampa. "Los serbios son todo corazón. Intentarán llevarse a sus muertos y ..!PUM!", dice el artificiero bosnio a un compañero, Ciki. Es lo último que dice antes de que el otro serbio superviviente, Nino, lo mate.
Y entonces la trinchera se vuelve un show. Entre discusiones acerca de quién empezó la guerra que les ha llevado a una situación tan absurda, los dos enemigos irreconciliables aparcan sus diferencias, y tratan de rescatar a Çera.
Por la trinchera van pasando todo tipo de personajes, desde cascos azules, como el artificiero francés Marchand, incapaz de desactivar la bomba, a unos corresponsales de guerra, ávidos de que todo explote, para tener algo que justifique su salario.

El director Danis Tanovic nos muestra que la guerra del último tercio del siglo XX es un espectáculo, que los medios de comunicación han hecho ininteligibles los códigos en que se mueve, y que, para la gente que se ve involucrada, da igual, a los ojos del espectador que tiene la suerte de vivir en naciones pacíficas y equilibradas, porque el tipo no se convencerá de que la explosión que destroza sus casas o los mata es más real que las de los videojuegos.
Lo bueno que tiene Internet y la guerra del primer tercio del siglo XXI es que ahora sabemos que el mundo no es seguro, algo que ignorábamos en 1993.

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