miércoles, 18 de noviembre de 2015

Caballos que curan.

Ciudad del Cabo es un lugar horrible para ser niño. Cada día son asesinadas cinco personas y diez mujeres son violadas ( e infectadas con el VIH). Stacey Doorly- Jones, dueña de un picadero de caballos, no se hace ilusiones sobre su capacidad de cambiar el mundo. No obstante usa caballos que han sido maltratados por sus anteriores dueños para terapias con chicos y chicas conflictivos, procedentes de un centro de día en su segunda semana de terapia. "Los caballos sintonizan con las emociones que los rodean. Si nos mostramos tranquilos pero por dentro estamos viviendo un conflicto, los caballos lo saben. Si estamos felices, pero en realidad tenemos miedo, lo notan".
La terapia, supervisada por un especialista equino y un psiquiatra, consiste en que los pacientes hacen una serie de ejercicios llevando de la brida los caballos, sin montarlos jamás. Hacen un recorrido con obstáculos y después la actividad sirve para que hables de sus vidas cotidianas.
Los pacientes presentan distinto grado de conflictividad. Juneal, de 12 años, fue maltratado por un padre alcohólico y padece transtorno por deficit de atención con hiperactividad y accesos violentos. Ahora abraza la cabeza de su caballo, Moonlight, siempre que puede. Mannetje tiene problemas de aprendizaje. Tiene 16 años pero aparenta 12. Es un fronterizo. Tras haber hecho los recorridos con el caballo, el terapeuta les pregunta qué dificultades hay en sus vidas a los pacientes. Mannetje dice que está harto de tener que hacerse sus juguetes y que en casa no haya nadie con quien jugar. Lo demás chicos se rien, pero es desolador.
Rolencia tiene 14 años, un padre encarcelado y ya ha probado las drogas. Al cabo de varias sesiones escoge una brida rosa muy coqueta y guía a Moonligh por el circuito. Otra chica, rescatada de las manos de unos proxenetas, volvía locos a los caballos con sus gritos y su manera de agitar los brazos. Hacia el final de la terapia, un caballo la seguía como si fuera un perrito faldero. Había aprendido a quererse.
"La terapia es tan buena para los chicos como para los caballos. Por eso escojo caballos que hayan sufrido maltrato por parte de los anteriores propietarios. Blue es ese macho castrado gris. Lo acogí cuando tenía cuatro años. Tiene las pezuñas tan dañadas que es peligrosísimo de montar. Mi jefe de cuadras me habló de sacrificarlo. Pero yo dije que no. Un caballo así es más sensible, más empático con los muchachos. Lo uso para las terapias", explica Doorly Jones, mientras caricia el cuello de Blue.
"¿Qué si hemos tenido anécedotas con los caballos? Había un paciente drogodependiente ante el que los caballos siempre se orinaban. Los terapeutas estaban mosqueados porque eso no es, ni mucho menos, normal. Dio positivo en benzosedantes. Ahora estamos pendientes de estas cosas"
"En otra ocasión una joven adicta estaba en el picadero cuando un caballo se acercó y le hizo una caricia con el morro en el vientre. Otros caballos hicieron lo mismo en cinco ocasiones. La chica negó al terapeuta que hubiese una razón especial. Después se vino abajo y confesó haber sufrido un aborto. Los caballos la rodearon en un círculo, separándola de los humanos presentes, hasta que se sintió mejor", explica Doorly-Jones.

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