miércoles, 18 de noviembre de 2015

El doctor Weiss y los adictos al sexo.

Los tres hombres se reunen en la sala de espera. Los llamaremos Charley, Larry y Johnnie. Los tres son adictos al sexo. Charley supo que la relación con su mujer había tocado fondo cuando le mandó por teléfono móvil una fotografía de una pistola sobre la cama de matrimonio. Junto con una amenaza de suicidio.
Larry está obsesionado con el porno duro. Anteriores terapeutas lo han calificado de mjeriego compulsivo. Su mujer y él han vivido varias crisis de nervios. Tiene idealizaciones de suicidio.
A Johnnie su mujer lo ha echado de casa. "Se encontró con mi diario personal, lo leyó y supo que me relacionaba con prostitutas". También está enganchado al porno por Internet. "Esto es un infierno. Por todas partes hay cosas que me estimulan eroticamente", se queja.
Las sesiones con el doctor Weiss no son baratas. Cuestan 10.000 dólares. En algunos gabinetes para Sexohólicos les piden 60.000 dólares por una terapia de dos semanas.
Su terapeuta, Robert Weiss es discípulo de Patrick Carnes, el terapeuta que acuñó la definición de adicto al sexo hacia 1980.
"Mis pacientes a veces están centrados en el sexo que se gastan en prostitutas el dinero del alquiler. Son incapaces de ir a trabajar, muestran ansiedad, y síntomas depresivos"
"Son muy ritualistas: conducen el coche durante horas hasta dar con la meretriz deseada. Algunos cosifican su cuerpo: hablan de ir a un piso a que les den un masaje en el mismo tono con el que comentan a sus mujeres que han llevado a hacer un chequeo el coche al taller mecánico".
"Les excita, tanto como la parte sexual del asunto, llevar una doble vida. Si no hay mentiras a la esposa o en el trabajo y, consecuentemente, una culpabilidad, con la que no saben lidiar, no estamos hablando de auténtica adicción al sexo".
"Saben que esta mal, que los riesgos son auténticos, que se están autodestruyendo, pero como todas las adicciones son incapaces de dejarlo, pese a que la culpabilidad se los come por dentro".
Philip Hodson, de la Asociación Británica para la Psicoterapia, no está conforme con el concepto de adictos al sexo. "Si ponemos a un fornicador compulsivo y a un heroinómano en una zona de guerra, tras dos días de combates, solo el heroinómano seguirá preocupado por conseguir la siguiente dosis,", explica.

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